Canalizar las emociones a través de la comida

Para que no sean nuestras emociones las que decidan qué comer y así evitar el abuso de alimentos calóricos es conveniente tener siempre a la vista productos sanos, como frutas

Cuando estamos aburridos, deprimidos o ansiosos, comemos. A través de la alimentación proyectamos muchos sentimientos, y esto no siempre es saludable.

En el siguiente artículo te contamos por qué solemos canalizar las emociones a través de la comida.

La alimentación está ligada a las emociones

La alimentación está ligada a las emociones

Esto no es algo nuevo. Más allá de la necesidad física de alimentarnos, en muchos casos la comida se convierte en un aliciente para nuestras frustraciones, tristezas o amarguras.

Por otra parte, en cada civilización los alimentos también se asocian a las fiestas, celebraciones o reuniones con seres queridos. Tal es así que una buena comida junto a una charla pueden ser terapéuticos.

Es muy difícil no relacionar la alimentación con las emociones, porque se trata de un hábito heredado de varias generaciones.

El problema aparece cuando los sentimientos asociados a la comida no son gratificantes o beneficiosos.

Los conocidos trastornos alimentarios tienen su base en esa “relación insana” con lo que comemos.

Los alimentos pueden convertirse en una necesidad, en una negación o en una proyección de los problemas emocionales que padecemos y que aún no hemos podido resolver.

Comer por ansiedad, depresión o aburrimiento quizás tiene un efecto calmante, pero es de manera temporal.

Además, es preciso saber que, en ese momento, la elección de los alimentos no es objetiva sino que se suele optar por cosas poco saludables, azucaradas, fritas, saladas o grasosas.

Si a eso le sumamos el hecho de que cada vez son más los productos que contienen aditivos, es muy difícil elegir comer una fruta (por ejemplo) en lugar de unas galletas de chocolate cuando estamos tristes.

Para el próximo episodio que necesitamos encontrar consuelo, por supuesto, iremos en busca de estos alimentos que nos convierten en dependientes.

Ver también: Descubre 3 fuentes de azúcares que son imprescindibles para tu cerebro

¿Cuándo y por qué preferimos los alimentos para canalizar las emociones?

Los motivos por los cuales elegimos ciertas comidas pueden ser diversos, auqnue existen varios frecuentes y que afectan a la mayoría de la población:

Estrés

Aburrimiento

Conlleva a la pérdida del control sobre el tipo y cantidad de alimentos ingeridos. Quizás algunas personas estresadas comen más y otras menos.

Lo cierto es que esta emoción no nos permite tomarnos el tiempo para preparar comidas más elaboradas y sanas, lo que conduce a una elección de productos perjudiciales para la salud.

Insatisfacción corporal

Es el caso más común en los adolescentes. En este caso se llevan a cabo dietas demasiado restrictivas o estrictas, o bien se consumen azúcares y grasas por la depresión que provoca, justamente, la obesidad o el sobrepeso.

Aburrimiento

Estamos tumbados en el sofá o en la cama sin saber qué hacer y optamos por ir hasta la cocina, abrir la nevera y comer, como si fuera una actividad que nos entretuviera.

También ocurre cuando realizamos alguna tarea rutinaria en el trabajo o, simplemente, estamos mirando televisión.

Malestar o enojo

Malestar o enojo

Tras una discusión de pareja, un problema familiar o un acontecimiento poco fortuito es probable que optemos por comer más. Y todo con el fin de canalizar la ira o la bronca a través de los alimentos.

Depresión, tristeza o luto

Muchas personas, cuando están tristes, comen de más, sobre todo alimentos azucarados. La imagen típica de la depresión es alguien acostado en la cama con un gran pote de helado.

Una pregunta que surge en relación a esto es: ¿por qué elegimos comer cosas poco saludables para canalizar las emociones? ¿Qué nos hace consumir cosas calóricas, grasosas, saladas o azucaradas en lugar de alimentos saludables?

Para comprenderlo, tenemos que hablar de la recompensa cerebral. Hay experiencias que activan en la mente una especie de “botón” que nos motiva a repetir ciertas conductas.

Cada vez que hacemos algo que nos lleva mucho trabajo o esfuerzo, nos “damos el gusto” de comprarnos ropa, ir a un restaurante o cualquier otro presente.

Las tres experiencias que activan el botón de recompensa en el cerebro son:

  • El sexo
  • Las relaciones sociales
  • La comida

A partir de ellas se conectan el sistema límbico emocional con los centros de placer gracias a la dopamina.

La liberación de este neurotransmisor produce hormonas como, por ejemplo, las endorfinas que son las encargadas de provocarnos placer, gratificación y felicidad.

Al igual que puede suceder con alguna sustancia adictiva (alcohol, cigarrillo, drogas), la comida actúa de forma tal que, al ingerirla, nos sentimos alegres y por unos momentos nos olvidamos de los problemas.

Ahora bien, ¿por qué elegimos alimentos poco saludables para canalizar las emociones que nos gobiernan? Básicamente por una cuestión de supervivencia.

  • En la antigüedad nuestros antepasados pasaban quizás semanas sin consumir alimentos.
  • Cuando por fin conseguían comida, el cerebro “premiaba” la elección de productos más calóricos porque podían llenar las reservas de energía.

Es decir que comer grasas o azúcares activaba (y sigue activando) la recompensa cerebral.

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Cómo evitar canalizar las emociones a través de la comida

Cómo evitar canalizar las emociones

Se trata de un proceso que quizás lleve meses, pero que merece la pena intentarlo. De a poco deberíamos ir reduciendo el consumo de alimentos calóricos y optando por alternativas más saludables.

Un truco más que eficaz es colocar una cesta de frutas a la vista apenas entramos a la cocina. Otra técnica consiste en ir al mercado después de almorzar para no comprar sin pensar.

Quizás convenga esconder los productos poco saludables y, por supuesto, tomarnos el tiempo para cocinar platillos más variados.