Cáncer infantil: un maravilloso ejemplo de supervivencia y alegría

Ángela Aragón · 10 octubre, 2016
El cáncer infantil es el más cruel, pero la fortaleza de los pequeños que lo padecen es un verdadero ejemplo. Por ello, Ana comparte su historia de supervivencia desde los 6 años

La cultura occidental no está preparada para enfermedades como el cáncer, ni mucho menos para la muerte. Vivimos como si estas fueran ajenas a nuestras vidas.

Por ello, cuando nos damos de bruces con una situación extrema en este sentido, lo habitual es derrumbarse.

Este no es el caso de Ana, una adolescente de 17 años que comenzó a luchar contra el cáncer cuando solo tenía 6. Según reconoce, a partir de ese momento comenzó su verdadera vida.

Cancer

No recuerda nada de lo que le ocurrió antes de aquel momento.

Su historia es tan poderosa como la vida, porque es la lucha por esta. Con una amplia sonrisa, ha decidido contar su experiencia con la enfermedad. Ella conoce como pocos los beneficios de la esperanza y quiere llevarla a todo el mundo.

La primera vez que lo hizo fue con su madre, Mercedes, quien, tras su primera hospitalización, había renunciado a arreglarse como solía hacer.

Como la propia Mercedes reconoce, escuchar a su hija llamarle la atención porque ya no se maquillaba supuso una lección de vida.

Años más tarde, cansada de que sus profesores le dieran un trato especial, quiso cambiarse de instituto.

Quería saber qué era el estrés de las clases y decidí empezar de nuevo en otro instituto“.

Superó todas las asignaturas, sin que nadie supiera que estaba enferma.  El siguiente paso será estudiar Derecho y Ciencias políticas, para ofrecerse a los demás.

Ese es su mayor deseo: que todo lo que ha pasado sea de utilidad para otros.

cáncer infantil

Ana vence al cáncer 

Sin saber por qué, Ana empezó a torcer el cuello desde muy pronto. Se le inclinaba la cabeza hacia un lado, pero nadie sabía la razón.

De repente, a los seis años, sus padres percibieron que ya no era tan habilidosa con los deportes. Ya no guardaba el equilibrio en la bicicleta y no acertaba a patear la pelota cuando jugaba al fútbol.

En vista de que la dificultad no remitía, decidieron llevarla al médico y le detectaron un tumor cerebral. Mercedes quedó desolada. Incluso se sentía culpable por no haberse dado cuenta antes de lo que estaba pasando.

Sin embargo, la inocente Ana se concentró en algo más que en sobrevivir, quiso vivir. A pesar de las operaciones y las terapias, ha disfrutado de los once años de lucha contra el cáncer.

Al principio, todo el mundo centraba su atención en ella. La cuidaban en función de la fragilidad que se le presupone a alguien tan joven.

No obstante, como ocurrió con el instituto, hizo todo lo posible para que los demás la vieran como ella se veía a sí misma.

Era una niña normal, que buscaba lo mismo que las demás. Emprendió un camino de superación en todas las áreas de su vida. El éxito en sus actividades iba a depender de su propio esfuerzo.

mano con vía

Cuando ya pensaban que todo estaba solucionado, con 11 años descubrieron que el cáncer había aparecido de nuevo.

Comenzó de nuevo el camino hacia la curación y, por fin, el doctor el le informó de que su cerebro estaba limpio, no había rastro de tumores.

Desde entonces, utiliza su voz para compartir con otros enfermos su experiencia de aprendizaje, “siempre hay cosas buenas el día“, afirma la adolescente, y hay que agarrarse a ellas para afrontar un proceso como este.

Participa en grupos de enfermos para demostrar con su experiencia que “el cáncer no es el fin”No obstante, su objetivo es ir más allá.

No en vano, todos tenemos un 30% de posibilidad de sufrir cáncer. Es necesario que se hable de ello desde una perspectiva más realista. Y esto implica incluir el optimismo a la hora de pensar en dicha dolencia.

A pesar de ser mortal, cada vez hay más soluciones para curarlo. Además, se están diseñando nuevos sistemas de diagnóstico y seguimiento que lo convierten en una enfermedad crónica.

Así, una actitud vitalista como la de Ana es fundamental para que el cáncer no se apodere de tu vida, pero también se ajusta al incremento de curación del mismo.