Celotipia: cuando los celos te superan - Mejor con Salud

Celotipia: cuando los celos te superan

Decimos que padecemos celotipia cuando nuestros celos son irracionales y rozan el absurdo. Cualquier acción de nuestra pareja nos hace desconfiar, por lo que debemos buscar ayuda para solucionarlo
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¿Cuándo son normales los celos? Casi cualquier persona ha vivido en sus carnes los celos en la pareja, pero cuando estos son muy extremos estamos hablando de celotipia.

Los celos no dejan de ser miedo. Miedo a que nuestra pareja nos deje, a que empiece a sentir deseos por otra persona, a que mire a los demás…

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Siempre que sean controlados, los celos no tienen por qué suponer ningún problema, a menos que se vuelvan obsesivos y empieces a controlar de manera exagerada a tu pareja.

Son muchas las relaciones que se han visto rotas por culpa de los celos. Pero la celotipia va más allá.

Cuando los celos dejan de ser normales

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Sentir celos es sentir temor a perder el control de la situación, inseguridad con respecto a tu relación de pareja, miedos que para nada son racionales…

Cuando los celos dejan de ser normales pasamos a la celotipia, en la que nos creemos que nuestra pareja nos está siendo infiel.

Las señales que lo indican pueden estar solo en nuestra mente. Nos inventamos la realidad o, más bien, la vemos como queremos.

La obsesión llega tan lejos que se huele a la pareja cuando llega a casa, se investiga su móvil, se interpretan las manchas que puede haber en la cama…

Esto, como bien se ve, ya no son celos, es una enfermedad.

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La persona que sufre celotipia vive en su propia realidad, donde está presente una infidelidad imaginada. Puede llegar al punto de desvincularse completamente de la realidad para vivir en su mundo de fantasía.

Cuando se intenta devolverla a la realidad, la persona con celotipia se muestra confusa y desorientada.

Deducciones erróneas

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La persona celosa necesita mantener su visión de la realidad con pruebas y, para ello, deduce erróneamente todo lo que sucede.

Puede que su pareja haya llegado 5 minutos tarde a casa después del trabajo, y con esto ya deduce que se ha visto con su amante o que ha estado hablando con él por teléfono.

También, el hecho de que no conteste a un mensaje rápidamente o que no e conteste al teléfono ya le permite deducir que está con otra persona.

Ahora con las redes sociales, la celotipia puede verse acuciada debido al control que se puede ejercer en estas. La hora a la que se ha desconectado y conectado, el tiempo que tarda en contestarnos…

Todo esto permite que hagamos deducciones erróneas.

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La persona con celotipia no se da cuenta de que sus suposiciones son tan solo eso y, posiblemente, esté en un error.

Suponer, creer, intuir son acciones que a veces llevamos a cabo sin ser conscientes de ello, preocupándonos en exceso por tonterías que tan solo nosotros creemos.

Todo está en la imaginación, en lo que creemos cierto.

La celotipia puede llevarte a agredir a la pareja

El grado máximo en el que se podría considerar los celos un problema es cuando estos generan agresiones físicas.

A veces, estas agresiones no solo se dirigen hacia la pareja, sino que muchas veces la persona con la que se cree nos está siendo infiel también sale herida. Incluso algún amigo que nos trate de loco o nos diga lo equivocados que estamos.

En este caso, la violencia no deja de ser un síntoma de la pérdida de control.

Ya no podemos controlar más a nuestra pareja y continuamos pensando que nos está siendo infiel. Todo esto sucede mientras adoptamos costumbres extrañas y obsesivas.

No estamos tomando una posición madura en todo esto porque los celos nos han sobrepasado, han ido más allá.

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Es importante no permitir este tipo de celos en la pareja. En cierto grado son normales pero cuando son continuos, exagerados y generan obsesión y malestar en la relación se debe replantear la misma.

Más importante es, aún si cabe, el hecho de buscar ayuda si así fuese necesario. Nuestra imaginación es poderosa y nos lleva a equívocos. Nuestra forma de ver la realidad nos puede trastornar en ocasiones.

A veces el miedo, nuestras experiencias pasadas y nuestra desconfianza nos obligan a adoptar una actitud hostil. Si no podemos con ello, si nos sobrepasa, si daña nuestras relaciones, hay que pedir ayuda.