Descubre cómo hacer los cinco masajes más placenteros

Las zonas que vamos a tratar con estos masajes no suelen ser de las más cuidadas, y por eso nuestro cuerpo lo va a agradecer aún más

Los buenos masajes no tienen precio. Aunque un buen profesional nos puede deleitar durante un rato, nunca podrán superar el bienestar que nos proporcionan los masajes que nos podemos hacer en pareja, en casa.

En este artículo te damos las claves para dar los cinco masajes más placenteros. Son sencillos y quizás no sabías que podían dar tanto placer. ¡Pruébalos!

Cómo empezar los masajes

Cómo empezar los masajes

Antes de empezar deberemos tener en cuenta algunos factores que influyen en que los masajes terminen siendo perfectos:

  • Una luz cálida y acogedora, como la de las lámparas de sal del Himalaya o las velas.
  • Un lugar silencioso o bien con una música suave. Recomendamos probar con sonidos de la naturaleza como, por ejemplo, de lluvia o de un riachuelo.
  • La temperatura ideal, ni frío ni calor.
  • Un buen aceite de masaje o, si lo deseamos, incluso con aceites esenciales relajantes (lavanda, manzanilla, naranja) o estimulantes (canela, jengibre, menta).

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Los pies

Los pies soportan nuestro peso a lo largo de toda la jornada, por lo cual son una de las partes del cuerpo que más agradecemos que nos toquen.

Aunque no seamos expertos en reflexología podal, hay algunas técnicas que despertarán todo tipo de sensaciones en la otra persona.

Se recomienda empezar primero con suavidad, acariciando todo el pie, para después pasar a masajear con más intensidad de manera más localizada:

  • Apretar con firmeza los pies, como si quisiéramos hacerlos más estrechos.
  • Realizar presiones en los talones y en los laterales, en especial en la parte interna, que se corresponde con la espalda.
  • Arrastrar el puño de abajo hacia arriba, desde el talón hasta las almohadillas.
  • Presionar y arrastrar en la parte superior del pie, entre los tendones.

Las pantorrillas

Las pantorrillas

Las pantorrillas son las grandes olvidadas. No obstante, los músculos de los gemelos suelen estar tensos por estar demasiadas horas de pie, por haber hecho deporte o bien por caminar de manera incorrecta.

  • Empezaremos, de nuevo, acariciando con la mano abierta y los dedos bien separados, como si fueran un gran peine, desde los tobillos hasta la parte trasera de la rodilla.
  • Lo repetiremos haciendo más presión. Podemos hacerlo con la mano o con el puño. Evitaremos hacer presión en la zona de detrás de la rodilla.
  • También con el puño haremos unos toques en toda la parte central de los gemelos.
  • Daremos unos pellizcos con toda la mano, apretando los laterales de la pantorrilla, también en dirección ascendente.

Los glúteos

Llegamos a los glúteos, otra parte del cuerpo con mucha tensión y que, además, es importante relajar para una buena salud de toda la zona lumbar.

Si los glúteos están fuertes pero no tensos, la lumbar no se contractura. Es, además, una zona muy placentera.

  • Abriremos bien las manos, una sobre cada glúteo, y dejaremos caer nuestro peso sobre un lado y luego sobre el otro, como si quisiéramos hacer más grandes las caderas.
  • Dibujaremos círculos con bastante presión, rodeando los huesos isquiones, que son la base de la pelvis.
  • Terminaremos golpeando las nalgas con los puños cerrados.

La cabeza

La cabeza

La cabeza no sostiene el peso físico del cuerpo, pero sí que aguanta nuestra carga mental, la cual es incluso más pesada y agotadora.

Las tensiones que vivimos se acumulan en nuestra cabeza y le causan una presión que, a veces, no cesa ni siquiera durante la noche. 

  • Abriremos bien las manos y peinaremos la cabeza, con los dedos separados, desde la nuca hasta la frente.
  • Haremos el mismo recorrido pero realizando círculos con los dedos, con una presión media, moviendo un poco el cuero cabelludo.

Este masaje es también un buen remedio para estimular el crecimiento del pelo y para combatir el insomnio

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Los brazos

Aunque nos hemos saltado la espalda, que es la zona más habitual para masajear, lo hemos hecho a propósito para centrarnos en una zona que no solemos tocar y que, no obstante, da resultados muy gratificantes:

  • Acariciaremos los brazos desde los hombros hasta las manos, casi sin tocarlos. Después lo haremos con más intensidad.
  • Repetiremos el recorrido dando suaves pellizcos con la mano abierta.
  • Cogeremos los brazos en el aire y los agitaremos. La otra persona debe soltarlos por completo.
  • Masajearemos las manos, desde la muñeca hasta las uñas y, con el puño cerrado, presionaremos bien la palma de la mano.
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