5 claves para aprender a amar sin apegos y no sufrir en el intento

5 claves para aprender a amar sin apegos y no sufrir en el intento

Amar sin apegos no es sinónimo de amar menos, sino de hacerlo de manera madura. Antes de buscar a la persona ideal para nosotros debemos convertirnos en lo que queremos encontrar

Amar sin apegos no es amar menos ni construir un vínculo débil con el ser amado.

Cuando hablamos de apegos es común confundir algún que otro término.

No es lo mismo la necesaria relación madre-hijo que se construye a través de ese apego íntimo e incondicional con el que favorecer el crecimiento y la adecuada maduración del bebé.

Cuando hablamos de relaciones de pareja, la palabra “apego” implica dependencia, y la dependencia deriva en la pérdida de la dignidad y la destrucción de la autoestima.

Esa despersonalización que a veces establecemos al diluirnos en cuerpo y alma con la persona amada no es saludable, ni justificable, ni responde a lógica alguna.

Tarde o temprano aparece la frustración, el chantaje, el vacío y el consecuente dolor.

A continuación, te proponemos reflexionar acerca de 5 claves básicas que te pueden ayudar a construir una relación de pareja más satisfactoria, duradera y feliz.

1. Evita ser un “adicto afectivo”: di no a los apegos que traen dolor

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La base del apego en una relación de pareja se erige sobre una serie de procesos psicológicos y afectivos muy concretos, a la vez que complejos.

  • Hay personas que, por encima de cualquier cosa, necesitan ser amadas. Es tal la necesidad que llegan a confundir control con cariño, o celos con pasión.
  • Algo que debemos tener muy claro es que quien ama de verdad invierte tiempo, dedicación y esfuerzos en dar felicidad.

El amor no duele. El amor debe ser alegría, complicidad, armonía y crecimiento.

  • Los adictos afectivos experimentan el amor del mismo modo que un adicto necesita su “droga”. No importan los efectos secundarios, no importa el dolor o esa lenta autodestrucción personal.
  • No debemos llegar nunca a estos extremos. Entiende que cualquier tipo de dependencia, ya sea hacia algo o alguien, nos despersonaliza, dejamos de ser nosotros mismos para convertirnos en una marioneta.

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2. Desapego no es desamor: es amar de forma madura

Elena tiene 28 años y hace 3 que sale con Rafael. Su vida ha cambiado mucho en este tiempo, tanto, que incluso ha dejado de salir con sus amigas, y sus proyectos profesionales han quedado aparcados.

  • No le importa, se dice a sí misma que su única preocupación y su única necesidad es hacer feliz a Rafael. Aunque, a veces, echa en falta esas salidas con sus amigas, hablar con ellas o incluso su trabajo como periodista.
  • A medida que pasa el tiempo, Elena se pregunta si está haciendo las cosas bien. Tiene claro que quiere a su pareja, pero siente que está en el interior de un círculo que cada vez la oprime más, que la deja sin aire.
  • Lo que nuestra protagonista debería hacer en este caso no es dejar a Rafael, es “desapegarse” de esa dependencia afectiva y aprender a amar de manera madura.
  • Amar a alguien no implica dejar a un lado lo que somos, o lo que nos identifica. “Dejarlo todo” por alguien hará que, tarde o temprano, nos sintamos frustrados.

Debemos aprender a priorizarnos, a decir “me quiero” y “te quiero”.

3. El amor tiene un límite y se llama dignidad

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El amor tiene límites, fronteras y barreras infranqueables. Tenerlas claras desde un inicio nos puede evitar sufrir de forma inútil.

  • La propia autoestima es un límite esencial.
  • Si nos empequeñecen, nos ridiculizan o nos hacen sentir débiles, no es amor.
  • Si ofenden nuestros valores y no los respetan no estamos ante una relación saludable.

La dignidad personal no admite rebajas; es una raíz de nuestro crecimiento personal que nadie puede ni debe arrancar ni dañar.

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4. Cuidado con los amores infantiles y egocéntricos

Hay personas así, de las que entienden una relación como una fuente de “autoalimentación” con la que llenar vacíos, con la que aplacar soledades y con la que ser servido y nutrido como el niño necesitado de afecto que, a su vez, es incapaz de devolverlo.

La relación de pareja saludable y feliz es como un baile armónico donde dar y ofrecer, donde hablar y escuchar, reír y hacer reír, de cuidar detalles, de anteponer necesidades y cuidar y ser cuidado.

Las personas inmaduras son aquellas que anteponen sus propias necesidades frente a los de la pareja, las que solo ven su propio y hambriento universo.

5. Conviértete primero en la persona que quieres encontrar

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Cuando una persona construye una relación basada en el apego es común que su esquema mental se rija por la idea de “no soy capaz de hacerme cargo de mí mismo: sin él o ella no soy nadie”.

Llegar a estos extremos personales supone, sin duda, bordear un abismo donde, tarde o temprano, caemos en picado a la depresión.

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Es necesario evitar este tipo de adicciones afectivas e iniciar un camino “opuesto”.

En lugar de encontrar a la pareja ideal, preocupémonos primero por convertirnos nosotros mismos en esa persona que deseamos hallar:

  • Alguien que se ama a sí mismo.
  • Alguien que no teme a la soledad.

Conviértete en una persona sin vacíos, fuerte emocionalmente y llena de felicidad, alegría, motivaciones y sueños…

Alimentos vitales todos ellos que “nutrirán” también a la otra persona para conseguir que ambos sean capaces de construir un futuro de armonía.