5 claves para favorecer la libertad emocional. ¡Es momento de vivir sin miedo!

22 diciembre, 2016
Dentro de tu libertad emocional debes permitirte expresar lo que sientes y, siempre que sea necesario, priorizarte sin sentirte culpable por ello. Eres mucho más fuerte de lo que crees

Es momento de vivir sin miedo, y es el instante perfecto para empezar a trabajar en algo que no se paga con dinero: hablamos de la libertad emocional.

Ahora bien, pero ¿a qué nos referimos en concreto cuando hablamos de libertad emocional? ¿Significa quizá que podemos decir, expresar y comportarnos en todo momento de acuerdo a nuestras propias necesidades?

No. Este concepto forma parte indiscutible del crecimiento personal e implica, por encima de todo, desarrollar una adecuada competencia en materia de Inteligencia Emocional.

Ser libre emocionalmente significa saber gestionar nuestros sentimientos y, a la vez, saber defendernos, respetando siempre a quien tenemos enfrente.

Para vivir sin miedo hay que ser capaz de tomar decisiones, de romper con ciertos mandatos que otros han construido sobre nosotros y ante los cuales, nos sentimos cautivos, asfixiados en una infelicidad donde ni siquiera nosotros cuidamos de nuestras necesidades.

El momento para ser feliz siempre es ahora y para lograrlo te invitamos a poner en práctica estas 5 estrategias.

1. Deja de reprimir tus emociones

A la mayoría nos han educado en la cultura del silencio, del “no llores”, “no demuestres”, “disimula, calla y haz uso de la mentira piadosa en lugar de la verdad”.

No es lo adecuado, y aún más, debemos tener muy en cuenta que la represión continua de las emociones tiene graves consecuencias para nuestra salud.

No se trata en absoluto de dar rienda suelta a cada uno de nuestros pensamientos y sentimientos sin aplicar filtro alguno; se trata más bien de practicar una adecuada madurez donde no tengamos que callar lo que necesitamos y merecemos.

Reflexiona unos instantes en estas ideas:

  • No mereces que te vulneren. A veces, las personas terminamos ampliando nuestros umbrales de tolerancia hasta límites insospechados.
  • No necesitas que otros te digan cómo ser feliz.
  • No debes practicar la cultura del silencio, del “me hacen daño y disimulo”, “me ofendes y te perdono”.

Las emociones no se reprimen: se entienden, se escuchan y se gestionan.

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2. Aprende a hablar en primera persona para favorecer tu libertad emocional

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La libertad emocional necesita personas que sepan hablar en primera persona y que se atrevan a decidir por sí mismas.

En nuestros entornos cotidianos no resulta tan sencillo ejercer este derecho personal.

  • Cuando hablamos en primera persona y nos atrevemos a decir frases como “Yo necesito que tú me respetes, porque hasta el momento, no he tenido ni un instante para mí; nunca se me tiene en cuenta”, lo más probable es que nos etiqueten de egoístas.
  • Priorizarse cuando es necesario NO es un acto de egoísmo.
  • Decir la verdad sobre lo que sentimos, pensamos y valoramos NO es una forma de imponer nuestra propia voz. Es evidenciar quiénes somos, para que así se nos tenga en cuenta y se nos respete.

Alzar la voz y hablar en primera persona no es un uso de poder, es un acto democrático que todos deberíamos llevar a cabo a nivel de familia, en el trabajo y en cualquier contexto.

3. Entiende y gestiona tus emociones negativas

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La cautividad emocional no se debe solo a las presiones ajenas, a los efectos de las malas palabras o las decepciones que otros nos dedican.

  • A menudo, somos nosotros mismos quienes acumulamos emociones negativas porque no sabemos poner filtros, porque no las afrontamos como debe hacerse.
  • La rabia no se esconde ni se disimula. Tampoco se desahoga mediante el grito o la agresión.
  • Debemos entender el origen de la rabia y solucionarlo.

Además, debemos saber que esta emoción negativa encuentra mucho alivio con el ejercicio físico o mediante la expresión artística.

  • La tristeza tampoco se esconde: se desahoga y se canaliza con nuevos propósitos, con nuevos objetivos.

La decepción se sana con el perdón, pero no con ese perdón que claudica, sino con ese que entiende que, a veces, es mejor cortar vínculos y cerrar puertas para abrir otras nuevas.

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4. Recuerda de qué están hechos tus sueños

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A medida que avanzamos en nuestros ciclos vitales dejamos de dar importancia a nuestros sueños de juventud. Queda claro que hay cosas para las cuales nuestros trenes ya han pasado.

  • Sin embargo, recuerda que la felicidad no conoce edad, que los sueños se reciclan y que deben ser siempre nuestro motor cotidiano.
  • La libertad emocional necesita que seamos siempre personas llenas de esperanza.
  • Los sueños y los objetivos a corto y largo plazo son los que dan alas a esa necesidad de actuar, de luchar por lo que nos gusta, nos define y nos hace sentirnos importantes y competentes.

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5. Recuerda que eres más fuerte de lo que crees

Existe un libro muy recomendable cuya lectura te puede interesar: “Ikigai” de Francesc Miralles.

En él, se nos explica el concepto de ikigai, que no es más que esa búsqueda constante del ser humano por aquello que le hace feliz.

  • En este libro se nos enseña, además, que la mayoría de nosotros nos vemos como personas frágiles, como seres a los que la adversidad les ha dejado varias secuelas.
  • Sin embargo, el autor del libro nos explica que dentro del concepto de ikigai existe una idea que va más allá de la resiliencia.
  • Es la “antifragilidad”. Se trataría de un estado al que llegan las personas frágiles al descubrir todas las fortalezas que pueden desarrollar y que, de algún modo, les ha permitido adaptarse y ver la vida con esperanza para ser más fuertes emocionalmente.

Aprendamos pues a desarrollar nuestra “antifragilidad”, a avanzar cada día percibiéndonos más fuertes, valientes y dignos de nuestra felicidad.

 

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