Claves que te permitirán saber si eres emocionalmente inteligente

Gracias a la inteligencia emocional podemos llegar a cambiar muchos aspectos de nuestra vida y ser más felices respetando a aquellos que nos rodean sin descuidar nuestros sentimientos

Para ser emocionalmente inteligente no se necesita un máster ni haber pasado una temporada en el Tíbet.

A pesar de que todo el mundo puede entrenar su inteligencia emocional, hablamos ante todo de un tipo de sabiduría basada en el respeto, el conocimiento de uno mismo y en la adecuada gestión emocional.

Si bien es cierto que a día de hoy “está de moda” este concepto tanto a nivel empresarial como en el campo del desarrollo personal, sería interesante ante todo que fuéramos capaces de trasmitir todas estas estrategias a nuestros hijos.

Un mundo basado en la empatía, en el reconocimiento del otro como parte de uno mismo y en esa asertividad que nos permite definir y proteger espacios propios son, sin duda, pilares maravillosos sobre los que crear un futuro mejor.

Por ello, desde nuestro espacio, te invitamos primero a que reconozcas si dispones ya de estas habilidades básicas o que, al menos, te conciencies en la necesidad de desarrollarlas para proyectarlas también en todo aquel que te rodea.

¿Tomamos nota?

¿Eres emocionalmente inteligente? Claves para descubrirlo

Un aspecto que deberíamos tener en cuenta es que el ser humano actúa, casi sin darse cuenta, basándose sus emociones. Nuestro cerebro es el sofisticado y maravilloso resultado de una evolución que ha pasado por las siguientes fases:

  • Un cerebro reptiliano, que incluye el tronco de nuestro encéfalo y el cerebelo, donde se regula las funciones autonómicas y más instintivas.
  • Más tarde pasó a desarrollar esas estructuras increíbles donde se alojan nuestras emociones más instintivas conformando el sistema límbico.
  • Por último, como mamíferos más evolucionados, disponemos de la corteza cerebral, que regula tanto el lenguaje como el área más emocional capaz de conectarnos los unos con los otros.

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Esta última fase de nuestra evolución marca, sin duda, cómo la comunicación enhebra además ese campo emocional que nos hace crecer como humanidad, para relacionarnos, crear vínculos, educar y crecer personal y laboralmente.

Es aquí donde la inteligencia emocional tiene su vital importancia para desactivar egoísmos, o esas actuaciones menos emocionales que nos separan unos de otros y que nos impiden gozar de ese equilibrio donde la conciencia y el respeto nos permitirían, sin duda, ser más felices.

Veamos ahora esas claves que nos indican si somos emocionalmente inteligentes.

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Has aprendido a conocer y utilizar tus emociones

Hay mucha gente que confunde control emocional con “frenar o esconder emociones”. Controlar no es negar. Si, por ejemplo, sentimos en un momento dado enfado o rabia no nos va a servir de nada negar lo que sentimos o disimularlo.

Las consecuencias podrían ser muy negativas.

  • Las persona emocionalmente inteligente comprende lo que siente y lejos de esconderlo, lo atiende y busca canales para mejorar y afrontar este estado.
  • Si siento rabia busco las razones que han originado este estado e intento poner una solución que me permita canalizar dicha emoción negativa. Conocer la causa es el primer paso para lo solución.

La persona emocionalmente inteligente no busca culpables ni proyecta sobre otros sus emociones. Es responsable y sabe defenderse para liberar tensiones y poner límites.

Utiliza la comunicación de forma asertiva

  • Ser asertivo es ser capaz de comunicar emociones con seguridad, ser capaz de decir NO sin agredir y con ello, ofrecer además reconocimiento y valor a la otra persona.

Yo te puedo informar de que no me agrada como me tratas. Te lo comunico con respeto pero con total sinceridad, indicándote además que, si actuaras de otro modo, nuestra relación sería más sana y enriquecedora.

Ser capaz de dar una información de forma respetuosa, sin rabia y con inteligencia es clave para poder convivir con respeto.

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Además de ello, con la asertividad conseguiremos cuidar de nuestra autoestima al dejar siempre muy claro qué queremos y qué no estamos dispuestos a aceptar.

La empatía no es simpatía

Este es otro aspecto que debemos tener en cuenta: las personas con empatía no están mostrando simpatía. Se trata de un proceso más profundo que nos conecta como especie al ser capaz de reconocer en el otro aspectos que yo también intuyo en mi persona.

  • Entiendo qué es la decepción porque yo la he sufrido. Sé leerla en los rostros ajenos, y por ello actúo con respeto para no hacer daño, para respetar.
  • La empatía nos conecta entre nosotros para entender que nuestras palabras pueden hacer tanto daño como un golpe, que todo lo que hacemos y decimos tiene consecuencias.

Por ello, y gracias a esas neuronas espejo de las que todos disponemos podemos “conectar” mejor unos con otros para construir escenarios sociales y personales más respetuosos. 

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Unión entre pensamientos y emociones

Es interesante recordar que todos nosotros somos básicamente lo que pensamos. Si tenemos una opinión negativa sobre nuestras capacidades nuestra emoción decae y, en consecuencia, la acción que llevamos a cabo será limitada y de mala calidad.

  • Eres lo que piensas, un pensamiento positivo es capaz de originar una emoción tan poderosa capaz de generar una acción que te permita cambiar tu realidad.

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La inteligencia emocional es la llave para abrir muchas de esas puertas que nos hemos cerrado a lo largo de nuestra vida. El hecho de tener en cuenta cómo se relaciona la mente con la emoción nos permitirá, sin duda, ser más hábiles en el día a día.

Te invitamos a tenerlo en cuenta.

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