Cloranfenicol: qué es y cómo actúa

El uso excesivo de los antibióticos ha propiciado la aparición de bacterias multirresistentes inmunes a los antibióticos más convencionales.

El cloranfenicol es un medicamento perteneciente al grupo de antibióticos o antimicrobianos. Su mecanismo de acción consiste en inhibir o desactivar ciertas funciones que realizan algunas bacterias (fundamentalmente participa en los mecanismos que intervienen en la síntesis proteica). De esta forma, las bacterias no consiguen producir las proteínas necesarias para mantener su ciclo biológico y mueren como consecuencia de un desarrollo anormal.

Aplicaciones del cloranfenicol

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Entre las bacterias a las que afecta el cloranfenicol, podemos incluir las pertenecientes al género Salmonella (causantes de la salmonelosis y de la fiebre tifoidea). Asimismo, afecta a las bacterias del género Rickettsia que provocan, entre otras patologías, el tifus epidémico y la anaplasmosis. Actúa también contra los serotipos de Haemophilus influenzae relacionados con las meningitis.

En otras ocasiones, este compuesto es utilizado en el tratamiento de enfermedades en el ámbito de la oftalmología. Sus propiedades le confieren la capacidad de atravesar fácilmente las paredes de los vasos sanguíneos y los tejidos de los ojos. Gracias a ello ha demostrado ser un medicamento de alta eficacia en la mayoría de casos clínicos de conjuntivitis (inflamación de la conjuntiva), blefaritis (inflamación del párpado), etc.

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Vía de administración y efectos secundarios

antibióticos

En general, el cloranfenicol se administra por vía oral. En casos especiales, por ejemplo cuando el paciente no pueda deglutir el medicamento en forma de comprimido o sea necesario aplicar dosis altas, puede considerarse otras vías de administración. Su período de absorción varía en función de la dosis, por este motivo los efectos se presentan en el paciente hasta 4 horas después de su ingesta. La duración del efecto se determina en función de la enfermedad a combatir y del intervalo terapéutico.

Como la mayoría de medicamentos, presenta efectos adversos o secundarios. Los efectos secundarios no son iguales en todos los pacientes pues existe un margen de variabilidad individual. Los más frecuentes son los siguientes:

  • Náuseas y vómitos.
  • Llagas y úlceras en la boca y en la lengua.
  • Confusión y desorientación.
  • Urticaria y sarpullidos.
  • Sensación de entumecimiento, dolor o debilidad en las extremidades.
  • Cambios súbitos en la visión y dolor al mover los ojos.
  • Disminución en el número de células sanguíneas.
  • Anemia debido a interacciones en la captación de hierro.
  • Síndrome del bebé gris: esta enfermedad aparece en neonatos tras la inyección de cloranfenicol . El recién nacido no posee un hígado completamente desarrollado, por lo que no es capaz de metabolizar correctamente el medicamento y sufre un síndrome metabólico de intoxicación. Se trata de una situación de gravedad en la que el bebé suele presentar una coloración grisácea característica e hipotermia. Es importante actuar cuanto antes puesto que en los peores casos puede llegar a ser mortal.

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Factores a tener en cuenta

prescripción de un médico

Habitualmente, el médico pedirá al paciente que se someta a las pruebas de análisis y de embarazo. Estos exámenes se realizarán con el objetivo de evitar los posibles efectos secundarios que pueda producir el cloranfenicol. La presencia de enfermedades hepáticas y renales también son importantes factores de riesgo, ya que intervienen en el metabolismo del medicamento. A la hora de realizar una historia clínica, se debe tener en cuenta los antecedentes familiares y personales de alergias, intolerancias o cualquier otra reacción anómala a la administración de medicamentos.

Como todos los antibióticos, su ingesta no está exenta de riesgo y debe limitarse al período que sea estrictamente necesario. Hoy en día la resistencia de gérmenes frente a los antimicrobianos es un problema de actualidad en medicina. Cada vez aparecen más limitaciones a la hora de recetar antibióticos debido al incumplimiento del paciente o a la agresividad mayor de los microorganismos y el fracaso del tratamiento empírico que se venía actualizando en las últimas décadas.

Por este motivo, se realizan cultivos microbiológicos con el objetivo de analizar la sensibilidad de cada germen y aplicar un espectro terapéutico adaptado para cada situación, es decir, que cubra el microorganismo a tratar pero no destruya la flora bacteriana propia de cada paciente. Así se asegura la efectividad del fármaco frente a la infección y se reserva el arsenal terapéutico de potencia máxima para los casos más críticos, cuando todos los demás medicamentos han fracasado.

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