Codependencia: cuerdas que hacen daño

La dependencia emocional puede convertirse en un verdadero problema. Cuando la vida gira exclusivamente alrededor de otra persona, cuando ya no hay un espacio propio, es el momento de plantearse romper las cadenas.

Entendemos la codependencia como un amor que realmente hace daño. Qué ironía, ¿verdad? Algo tan hermoso como puede ser amar a alguien puede convertirse, de repente, en todo un calvario.

Esto sucede cuando nos atamos a una persona de la manera en que no deberíamos. Aún no nos hemos concienciado de que nadie nos pertenece, pero ya desde pequeños nos enseñan que existe una especie de “propiedad”. Ahora yo soy tuya y tú eres mío, y viceversa. Esto es algo que debemos empezar a cambiar.

Codependencia: cuando el amor duele

En todas las parejas, en todas las relaciones entre dos personas, siempre van a surgir conflictos. Esto es algo totalmente natural, hasta que la cosa va a más. Cuando nuestra pareja empieza a ser el centro de nuestro todo, cuando desarrollamos codependencia, ya que sin ella no logramos hacer nuestra vida de forma normal. Entonces nos encontramos ante un verdadero problema.

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Que dos personas decidan compartir su vida, amarse, respetarse, vivir juntos, no implica que deban depender el uno del otro. Desde luego, deben seguir respetando sus espacios y si la relación en determinado momento no funciona ¡no pasa nada!

Nuestra vida no puede depender de nadie, es solo nuestra, y ponerla en manos de otra persona es casi como un suicidio. Por eso, es importante que tengas en cuenta qué caracteriza a las personas codependientes:

  • Su autoestima depende siempre de lo que le pueda decir o no su pareja.
  • Asume responsabilidades que van mucho más allá de las suyas propias , para intentar satisfacer las necesidades de su pareja.
  • Existe una ausencia de los límites entre el propio yo y el otro, la pareja.
  • No le lleva la contraria a tu pareja por miedo a sufrir rechazo.
  • Cuando acaba una relación sentimental, inmediatamente se ve sumergida en otra.

Lee: 5 riesgos de la dependencia emocional en la pareja

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Si te has sentido identificado con algunas de estas características, probablemente hayas sufrido o hayas estado cerca de sufrir de dependencia emocional.

Soltar las cuerdas que nos aprisionan

¿Sabes cuando estás agarrando una cuerda para que no se te escape de las manos? Si en cuanto la sueltas la cuerda se escapa de tus manos, el esfuerzo que estás haciendo ahora mismo probablemente ¡las dañe!

Eso mismo está ocurriendo en tu cabeza en una situación de codependencia. Te estás atando a alguien, a una relación que no te está haciendo ningún bien. No vamos a decir que no cueste soltar la cuerda, pero en ocasiones somos algo masoquistas y preferimos soportar ese dolor atroz por el que estamos pasando.
Si dudas en soltar la cuerda o no, o si tienes claro que lo mejor sería soltarla pero no te ves capaz o cuesta, es un buen momento para lograr hacerlo de una vez por todas.

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Pero… ¿esto te hace feliz? Debería de ser una situación maravillosa, en cambio no eres feliz, te duele. No puedes seguir permitiendo que esto te marchite, debes liberarte de esas cuerdas. Solo tú estás sujetando ese sufrimiento, nadie te está obligando excepto tú mismo.

Toma el timón de tu vida

Una vez tomes la decisión, la liberación que sentirás no podrás ni describirla. Te llenarás de paz interior. Está claro que ahora mismo tienes miedo, inseguridades, tu autoestima brilla por su ausencia y tu confianza reside toda en esa persona que tiene el mayor de tus respetos.

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Claro que cuesta dar el paso, por eso, si no te ves capacitado, busca ayuda. Sin ella quizás no puedas tener el valor de enfrentar todo esto tú solo.
Llegado a este punto conviene hacer revisión y preguntarte ¿Qué me ha llevado a esto? ¿Hay algún problema en mi pasado que haya podido originar este miedo a perder a alguien? ¿El amor me supera?

En ocasiones, el amor es como una droga. Es normal pensar en esa persona, sentir deseos de estar con ella en todo momento… Pero la dependencia emocional provoca que te rebajes, que te humilles si es necesario para lograr que continúe a tu lado.

¿Y si te deja? Inmediatamente buscas un sustituto o sustituta. Esto es un grave problema, ¡no sabes estar solo! Necesitas esa droga que te hace sentir bien, aunque tú tengas que arrastrarte si es necesario.

Busca ayuda, háblalo, abre los ojos ante la realidad. Costará, lo conseguirás, sufrirás (pero ¿acaso no estabas sufriendo ya?), pasarás el síndrome de la abstinencia y volverás a ser solo tú.
Aprende a estar solo, reconcíliate con la soledad. Ella no tiene por qué hacerte sentir inseguro y solo en este mundo. Tú eres tu mejor compañía.