Comer pescado azul es bueno para tu cerebro

Los ácidos del pescado graso actúan frente al estrés oxidativo de las células nerviosas. Además, sus propiedades aumentan si lo combinamos con verdura o fruta

¿Cuántas veces hemos oído decir a nuestra madre o a nuestra abuela aquello de…”cómete el pescado que es bueno para la memoria”? Más allá de ser una buena ‘treta’ para que no dejáramos la comida en el plato, la ciencia ha acabado demostrando que determinados alimentos contienen nutrientes beneficiosos para el cerebro.

Además, sus efectos se notan en las capacidades mentales. Y es que las madres y las abuelas ya sabían mucho, aunque no pudieran explicarnos por qué productos como el pescado son tan estupendos para alimentar el cerebro.

De entre todos los alimentos que encontramos en la llamada ‘pirámide alimenticia’, el pescado ocupa un lugar importante en la salud en general y en la del cerebro en particular. El pescado contiene muchas proteínas y lípidos, además de ser una importante fuente de vitamina B, y en algunos casos también de vitaminas A, D y E. Además, contiene también minerales como calcio, fósforo, cinc, hierro y cobre.

Tipos de pescado

Podemos distinguir dos tipos de pescado. Por un lado los magros, como el bacalao, la merluza, el rape, el lenguado, el gallo o la lubina.  Y por otro, el pescado azul, que es el más graso y que posee un alto contenido de lo que se denomina ácidos grasos omega 3. Dentro de este grupo de peces se encuentran el salmón, el atún, la anchoa, el arenque, el esturión o la sardina.

Diversos estudios han relacionado el consumo de este tipo de pescado con una mayor protección ante el deterioro cognitivo asociado a la edad y de las isquemias cerebrales. Una investigación realizada por la Universita Cattolica Sacro Cuore en Roma y publicada en 2012 en la revista científica Current Nutrition & Food Science concluye que el consumo de pescado graso, rico en ácidos eicosapentanoico y docosopentanoico, podría protegernos incluso de la temida enfermedad de Alzhéimer, ya que estos ácidos afectan a la formación de sinapsis entre neuronas (es decir, la conexión entre ellas) y actúan frente al estrés oxidativo de las células nerviosas.

Parece pues que lo recomendable es una dieta que combine el consumo de pescados grasos dos o tres veces semanales combinada con una buena dosis de frutas y vegetales. En el mismo estudio se observó que las propiedades del pescado son mayores cuando se consume junto a fruta o verdura. Este tipo de dieta, que coincide en muchos aspectos con lo que conocemos como ‘dieta mediterránea’ puede ayudar a cuidar nuestro cerebro y protegerlo de cara al futuro.

Quedarán por demostrar los beneficios concretos que puedan tener distintos tipos de pescado sobre funciones mentales específicas como la memoria o la atención, así como su aplicación sobre diferentes enfermedades neurodegenerativas.

Por fin ahora podremos explicar a nuestros hijos y nietos por qué comer pescado es una buena opción.

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