Comer sano ayuda a la salud del corazón

13 Junio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el nutricionista Saúl Sánchez Arias
Los ácidos grasos omega 3 consiguen mejorar el perfil lipídico y reducir el riesgo cardiovascular. Asimismo, hay otros alimentos que contribuyen a una buena salud cardíaca. En este espacio los detallamos.
 

Para nadie es un secreto que comer sano contribuye a la salud del corazón. De hecho, si de prevenir y tratar enfermedades cardíacas se trata, es necesario hacer algunos ajustes en la dieta, sobre todo cuando hay un alto consumo de alimentos poco saludables.

En la actualidad se duda de la importancia del colesterol total a la hora de predecir el riesgo cardiovascular. Sin embargo, se sabe con certeza que un abundante consumo de alimentos frescos puede disminuir las probabilidades de un fallo. ¿Qué conviene comer? A continuación, lo detallamos.

¿Por qué comer sano ayuda a la salud del corazón?

No son pocas las investigaciones que asocian el consumo de alimentos saludables con la salud del corazón. Por ejemplo, un estudio publicado en Current Cardiology Reports enfatiza en que una buena alimentación disminuye el riesgo de enfermedades cardíacas. En concreto, resulta conveniente asegurar una ingesta óptima de nutrientes como:

  • Fibra.
  • Carbohidratos complejos.
  • Vitaminas.
  • Minerales.
  • Ácidos grasos poliinsaturados.
  • Fitoquímicos.

Estas sustancias, obtenidas de alimentos como los vegetales, las carnes magras, los granos enteros, las frutas y otras fuentes saludables, sirven como coadyuvantes para evitar un aumento de colesterol y triglicéridos. Incluso, han mostrado efectos positivos en la prevención de hipertensión, accidente cerebrovascular, paro cardíaco y demás enfermedades cardíacas.

¿Por qué comer sano ayuda a la salud del corazón? 
Una dieta abundante en alimentos frescos ha mostrado ser beneficiosa para cuidar la salud cardíaca.
 

Comer sano para cuidar la salud del corazón

Hay muchos factores de riesgo relacionados con las enfermedades del corazón. Si bien algunos no son modificables, como la edad o la genética, otros sí se pueden ajustar, como la dieta. En el siguiente espacio compartimos algunas estrategias.

Aumentar el consumo de omega 3 para proteger al corazón

El consumo de ácidos grasos es esencial a la hora de reducir el riesgo cardiovascular. Consiguen mejorar el perfil lipídico. Sin embargo, sus efectos más llamativos son los relacionados con la modulación de la inflamación.

Este tipo de lípidos contrarrestan la actividad inflamatoria de los ácidos grasos omega 6, tal y como lo explica un artículo publicado en la revista Biochemical Society Transactions.

Para incrementar el aporte de esta clase de nutrientes es necesario garantizar el consumo de pescados azules, aceites vegetales en crudo y frutos secos. No obstante, hay que tener cuidado con estos últimos, ya que son bastante calóricos y, por tanto, pueden incidir de manera negativa en el equilibrio energético.

Lee también: ¿Es perjudicial el colesterol VLDL?

Reducir el consumo de alcohol

Hasta hace algunos años, se pensaba que beber una copa de vino con las comidas ayudaba a la salud cardiovascular. En la actualidad esto ha sido desmentido y se ha comprobado que el alcohol, en cualquiera de sus variantes, afecta la salud cardíaca y el bienestar general.

De acuerdo con una investigación publicada en la revista Alcohol Research, esta sustancia incide en un aumento de los niveles de inflamación. Además, altera el estado de la microbiota intestinal y eleva el riesgo de enfermedades metabólicas. 

 

Por otra parte, el consumo de estas bebidas resulta perjudicial para el hígado, lo que aumenta la grasa asociada a este órgano. El tejido graso visceral se asocia a una variación del perfil lipídico y a un aumento de la tasa de oxidación de la lipoproteína LDL.

Hacer ayunos intermitentes

Uno de los protocolos dietéticos de moda son los ayunos intermitentes. Estos ofrecen ventajas a la hora de mejorar la composición corporal. Incluso, son capaces de reducir la inflamación y de estimular la autofagia. Dichos procesos se traducen en una mejora del estado de salud a mediano y largo plazo.

Por si fuera poco, los ayunos intermitentes consiguen mejorar el perfil lipídico y se asocian con un menor riesgo cardiovascular. Esto se establece a partir de la reducción en la oxidación de la lipoproteína LDL. Además, junto con la restricción calórica, origina efectos positivos en lo que a modulación de la oxidación se refiere.

Ayuno intermitente
Investigaciones recientes han determinado que la práctica del ayuno intermitente puede ayudar a mejorar la salud cardiovascular.

Para saber más: Beneficios y mitos del ayuno intermitente

Incrementar el consumo de frutas y verduras

Los antioxidantes son nutrientes imprescindibles a la hora de garantizar la salud del corazón. Se encuentran en cantidades abundantes las frutas y las verduras. Son los responsables de los colores llamativos y de los sabores amargos. Es fundamental ingerirlos con asiduidad para prevenir el desarrollo de enfermedades.

 

En lo que a salud cardiovascular se refiere, son importantes el resveratrol de la uva y el licopeno del tomate. Este es uno de los motivos por los que resulta preferible priorizar el consumo de alimentos frescos frente al de ultraprocesados, carentes en este tipo de nutrientes.

Comer sano para el corazón

A la hora de mejorar la salud cardiovascular resulta fundamental garantizar una dieta sana. Esta ha de basarse en productos frescos y nutritivos. Para ello, es necesario plantear una dieta variada, que incluya alimentos de origen vegetal y carnes magras.

La ingesta de grasas, a su vez, consigue mejorar los parámetros que en el pasado se relacionaban con el riesgo cardiovascular. No obstante, se deben de elegir grasas de calidad como las de tipo omega 3. A su vez, es mejor limitar las grasas trans. 

Por último, es necesario destacar que los protocolos novedosos de alimentación, como los ayunos intermitentes, son capaces de mejorar la salud del corazón. A parte de otros beneficios, este tipo de patrones dietéticos consiguen reducir los niveles de inflamación sistémicos, así como la oxidación.

 
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