Cómo actuar cuando los niños muerden

No es agradable que la maestra te diga que tu hijo ha mordido a otro niño del salón o que fue mordido. Los niños muerden porque no saben cómo regular emociones negativas que le afectan.

Los niños muerden a partir de los 2 a los 3 años aproximadamente. Cuando comienzan a conocer emociones que por ende antes no tenían (como ira, frustración, rabia o celos), y no saben cómo canalizar lo que sienten hacia una conducta positiva, lo que puede ocurrir es que intenten morder.

Aunque puede ser un hecho que no supone ningún problema grave, es muy frecuente. Los niños aún no saben expresar bien lo que sienten y lo manifiestan mordiendo.

¿Por qué los niños muerden?

Comprender qué hay detrás de la mordida es el primer paso para conseguir que los niños dejen de tener esta conducta agresiva. Generalmente, las mordidas ocurren cuando los niños están bajo la vigilancia o el cuidado de personas desconocidas y no cuando están con los padres.

Pero, por supuesto, también ocurre que los niños muerdan a los padres o a los hermanos. La mordida expresa algo y es lo que corresponde averiguar. Los niños muerden porque hay situaciones en el hogar que los alteran, estas pueden ser:

  • El fallecimiento de un familiar cercano o de un progenitor.
  • La llegada de un nuevo bebé que les genera celos.
  • El divorcio o la separación de los padres.
  • Una mudanza, ya no está en el hogar conocido sino que cambió su entorno y perdió sus referentes.
  • Es testigo de hechos de violencia intrafamiliar.
  • Los niños muerden porque sienten frustración, soledad, impotencia.
  • Hay una necesidad de afecto o de autonomía.
  • Están muy alborotados o excesivamente estimulados.
  • Por imitación, o sea que muerden porque fueron mordidos.
  • Los niños muerden, inclusive, para expresar amor.
  • Muerden cuando sienten enojo o miedo.

¿Qué hacer cuando los niños muerden?

Niños que muerden.

Así como es común que los niños muerdan a temprana edad, también es frecuente que dejen de hacerlo a medida que van creciendo. No obstante, saber que es común, no tranquiliza a los padres de los niños que tienen esta conducta, menos aún a los padres de los niños que son mordidos.

Pero cuando te veas en la situación de ver a tu hijo morder o que la maestra te informe que tu hijo ha mordido, te recomendamos seguir las estrategias que te explicamos a continuación. Es una buena manera de ayudar a tu hijo a superar esta etapa en la mayor brevedad posible.

Atiende al niño mordido sin ignorar al que mordió

Con calma y suavidad revisa al niño mordido, pero no ignores al niño que mordió. Atiende primero al niño agredido, asegúrate de que no necesita atención médica, para que el niño que generó la conducta se dé cuenta de que la acción de morder no acapara tu atención.

Debes involucrar al niño que muerde en el cuidado y la atención hacia el niño agredido, para que pueda percibir que su acción causó daño y dolor. Pero no trates con frialdad al agresor, un trato distante solo logrará que el niño se cierre y no quiera atenderte cuando le pidas explicaciones del porqué de su comportamineto.

Mantén la calma y no castigues

Aunque es fácil dejarse llevar por el disgusto de ver al hijo teniendo un comportamiento tan agresivo como morder, hay que mantener la calma. Una respuesta violenta, una reprimenda excesiva o un castigo solo alimentarán los sentimientos de ira y frustración que desencadenan malas conductas.

Con mucha calma y suavidad, da una explicación sencilla al niño, para que entienda que morder duele, que es una conducta que no debe volver a repetir, por muy enojado que esté.

Habla con tu hijo sobre cómo actuar cuando esté enojado

Enseña a tu hijo a que debe buscar ayuda con el adulto más cercano cuando se enoje. Como las mordidas son más frecuentes en guarderías y preescolares, enseña a tu hijo que debe aprender a expresar lo que no le gusta y avisar a la maestra que está enojado. Hablar antes agredir al niño que lo hizo enojar.

Si otro niño le quitó el juguete con el que estaba jugando, por ejemplo, debe aprender a decirle al otro niño que no le gusta lo que hizo. Luego avisar de inmediato a la maestra lo ocurrido para que sea ella la que resuelva la situación.

Por supuesto, es muy importante que también hables con la maestra o cuidadora. Es necesario saber cómo está canalizando las situaciones agresivas que presentan los niños.

Usa refuerzos positivos

Algo mucho más efectivo que centrarse en el comportamiento agresivo, es reforzar las conductas positivas. A partir de los 3 años, los niños disfrutan de la compañía de otros niños. Cada vez que esté jugando tranquilamente con sus pares, elogia su buen comportamiento. “¡Qué bien jugaste hoy con tu amigo! Te felicito, lo hiciste muy bien.”

Al mismo tiempo, habla sobre el hecho de morder. Cuando estén comiendo, conversa sobre porqué se muerde un pan o una fruta (para apreciar su sabor, para alimentarnos), y explica el porqué no se debe morder a los amigos.

Nunca muerdas a tu hijo

Algunos creen que si devuelven el mordisco al niño entenderá que morder es doloroso. Nada más lejos de la realidad. El niño que recibe una mordida de sus padres aprende que es una conducta admisible para liberar la ira y el enojo.

El ejemplo que le demos a los hijos es más contundente que los argumentos que podamos enseñarle. No muerdas a tu hijo, ni siquiera como parte de un juego o broma.

Vigila y detenlo

Mientras los niños aprenden a autocontrolarse, hay que estar atentos a cuáles son los factores que detonan las mordidas. De esta manera, es posible visualizar que factores están desencadenando el momento en que los niños toman esta represalia y evitar que ocurra.

En el momento que veas que tu hijo está a punto de morder, debes ser contundente. Sin perder la calma, apartarlo de la situación y explicarle por qué está mal lo que hace. “Está mal morder, no voy a permitir que muerdas a tu amigo”.

Para finalizar

Por último, pero en realidad es lo más importante, recuérdale a tu hijo que lo amas. El amor que brindes a tu hijo lo ayudará a expresar las razones que lo llevan a morder y a no controlarse. Debe quedarle claro que desapruebas esta conducta, pero que no por ello has dejado de amarle.