¿Cómo controlar la ira?

Debora · 4 diciembre, 2012
Es fundamental que reconozcamos cuáles pueden ser los disparadores de nuestra ira para poder prevenirlos o reconocerlos y dar una respuesta adecuada. También es importante dialogar sobre ello

Según la RAE, la ira es una pasión del alma que causa indignación y enojo. Es una emoción como muchas otras, felicidad, tristeza, decepción…, que forma parte de nosotros.

En algún momento de nuestras vidas todos hemos experimentado la ira, en especial en situaciones coléricas. Hay personas que sufren episodios más frecuentes, por eso es necesario no solo entenderla, sino aprender a manejarla.

La necesidad de controlar la ira

Muchas personas admiten que no saben cómo controlar este sentimiento, pero no buscan ayuda ni información para aprender a hacerlo. Por ello, en ocasiones influye en sus relaciones personales, familiares, trabajo… Haciendo que todo esto sea menos llevadero.

Cuando la ira florece, pueden suceder dos cosas: 

  • Una, que la persona reaccione de inmediato.
  • Por otra parte, puede que la persona reprima lo que siente.

Esto último puede tener dos consecuencias: la primera, buena, que consiga aplacar sus sentimientos y mantener así su ira bajo control; y la segunda, que durante varias ocasiones reprima la ira, pero se vaya acumulando, y en un momento más difícil o inesperado, explote.

Como tratar un ataque de ira

La ira tiene unos síntomas fisiológicos

Cuando una persona se enfada, su ritmo cardíaco se acelera, empieza a sudar más y la temperatura se incrementa. Si se dan sucesos iracundos de forma habitual, puede afectar a la salud en diferentes sentidos:

  • Debilitamiento del sistema inmunitario.
  • Problemas digestivos.
  • Mayor proclividad a sufrir enfermedades de corazón.
  • Deterioro de la salud mental (problemas como depresión o compulsividad).
La ira nos puede poner tristes

Algunos consejos para controlar la ira

Tranquilidad y calma

Cuando se dé una situación que pueda provocar enfado, es conveniente pararse a recapacitar unos segundos antes de reaccionar. Para que así la respuesta sea la más adecuada.

  • “Respirar hondo y contar hasta diez”. Y poco a poco iremos consiguiendo nuevos estados de tranquilidad y calma que nos aportarán un gran bienestar.

Retirarse a tiempo

Cuando en la situación sea notable que la reacción va a ser mala, o que se va a reaccionar de forma iracunda frente a otros, es mejor retirarse y no quedarse. Es bueno intentar saber qué es lo que hace que nuestra ira surja, para saber retirarse en el momento indicado.

  • Si nos retiramos a tiempo, tendremos la posibilidad de observar con más atención la causa de nuestra reacción. Autoobservarnos nos ayudará a controlarnos.

Resolver problemas

Conocer y saber qué cosas o temas hacen que nuestra ira venga y sea más fuerte, es algo útil para poder resolver problemas que nos preocupen. De este modo no serán fuente de resurgimiento de la ira en futuras ocasiones.

  • No podemos resolver lo que no conocemos. Por tanto, necesitaremos un poco de aprendizaje sobre nosotros mismos, en lugar de centrarnos solo en lo externo.

No ser destructivo, sino constructivo

Cuando estemos enfadados por algo, es conveniente que les expliquemos a los demás por qué estamos así. De esta forma será más fácil que nos entiendan, nos escuchen y nos ayuden.

  • Debemos empezar poco a poco a convertir lo destructivo en constructivo. El mérito no es de quien no tiene ira, sino de quien la tiene y aprende a controlarla.

Ahora ya sabemos algunas técnicas para controlar este rasgo de nuestra personalidad. La buena noticia es que podemos lograrlo, ya que uno no siempre “es como es”, sino que también puede cambiar y evolucionar.

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