¿Cómo diagnosticar la dislexia?

02 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el médico Leonardo Biolatto
Diagnosticar dislexia en una persona no es tarea sencilla. Más allá de los síntomas, no existen métodos de imagen puntuales que orienten y certifiquen la patología. Entonces, ¿cómo se detecta?
 

Llegar a diagnosticar a una persona con dislexia es un proceso que no tiene por qué ser corto ni rápido. Al contrario, los equipos de salud se toman su tiempo para determinar la existencia del trastorno, ya que el mismo abre un abanico de posibles tratamientos y abordajes a futuro.

La calidad de vida de la persona con dislexia puede ser buena, pero eso dependerá de la detección temprana y del apoyo posterior. Las terapéuticas multidisciplinarias son la clave para incorporar al paciente a la vida normal y social.

¿Qué es la dislexia?

Para diagnosticar la dislexia hay que empezar por definirla. En lo básico, es un trastorno del aprendizaje, en específico de la lectura y la escritura, con aparición en la infancia, asociado a la falta de alcance de ciertos parámetros que se esperan a cada edad del niño.

Lo llamativo es que las personas que padecen el trastorno no suelen tener un problema asociado que lo explique desde lo externo. Es decir, no se les detectan alteraciones físicas ni psíquicas que determinen la existencia de la falla en lo que aprenden.

 

Un niño disléxico no aprende el alfabeto y le cuesta identificar letra por letra. Los sonidos de las palabras también se le vuelven extraños, con serios obstáculos para saber qué está leyendo, al punto que cambian sílabas al leer, las sustituyen o las distorsionan. Cuando detectan ellos mismos que tienen dificultades de interpretación, la lectura se hace más lenta y dubitativa.

Algunos autores concentran la definición del problema en la capacidad de decodificar el mensaje. Es decir, el niño con dislexia no ha desarrollado facultad de asumir el código con el que los otros hablan, por lo que algo detiene la transformación de la palabra en significado.

¿Qué es la dislexia?
Los niños con dislexia tienen problema de aprendizaje. En particular, se les dificulta la lectura y la escritura.

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Síntomas para diagnosticar la dislexia

 

Arribar al diagnóstico de dislexia se complica cuando depende, casi en absoluto, de la interpretación que hacen los profesionales de la salud. Al no existir pruebas confirmatorias en su totalidad, se reúnen criterios para establecer la presencia del trastorno.

Dificultad lectora

Es, quizá, el signo inicial y más prominente. En la dislexia, el niño lee mal porque se vale de múltiples herramientas malogradas para llegar a un supuesto significado de las palabras.

Cambia una letra por otra, modifica sílabas, rota palabras y sonidos, repite y lee muy lento. Es posible que una vez que ha terminado una lectura, no sepa qué decía el texto, puesto que el sonido del alfabeto no se le corresponde con un significado cognitivo ya elaborado en su mente.

Problemas de escritura

La dificultad lectora repercute, sin dudas, en la escritura. En la dislexia hay repetición de los errores del punto anterior a la hora de poner por escrito pensamientos. Se omiten letras, se cambian sílabas, no existen los signos de puntuación o se colocan en lugares que hacen ilegible el texto.

 

La sintaxis del disléxico es pobre porque carece de herramientas para expresarse. No siempre, pero a veces, el garabato de las letras también cambia para mal, como signo de la dificultad.

Trastorno focalizado en la lectoescritura

No es infrecuente que los niños disléxicos despierten la curiosidad de los maestros por tener tan buena capacidad intelectual en casi todo, menos en lengua y castellano. No hay retraso mental ni mucho menos, y la maduración de gran parte de las áreas de desarrollo se encuentra dentro de parámetros esperables.

Obstáculos para lograr tareas léxicas

En la escuela, que resulta ser el sitio de principal detección de la dislexia, los alumnos con el problema no cumplen las tareas de lenguaje de manera correcta. Si se les pide señalar letras mayúsculas o hallar vocablos en una sopa de letra, se pierden en la realización de la tarea.

El problema de orden y secuenciación, a veces, se extiende a otras áreas más matemáticas y geométricas, aunque no es la regla. Cuando sí sucede esta expansión de la dificultad, los niños no aprenden a multiplicar ni tampoco a ordenar los días de la semana, por ejemplo.

 

Comportamiento alterado

Se puede llegar a la sospecha y a diagnosticar dislexia cuando un estrés muy notorio afecta la vida de los niños que tienen problemas en las escuelas. El solo hecho de retrasarse frente a la evolución de sus compañeros, es suficiente para iniciar síntomas viscerales y emocionales.

Los trastornos de conducta tienden a relativizarse en los establecimientos educativos. Se asume que un pequeño problemático es consecuencia de su desinterés por aprender, y viceversa. Poco a poco, el disléxico ingresa en una categoría de alumno de segunda, con quien no hay que perder el tiempo porque, de todos modos, no aprenderá.

Hay pacientes que son diagnosticados con depresión antes que se les detecte la dislexia, y el tiempo perdido en el nombre erróneo que se pone a su padecimiento, retrasa la ayuda profesional. Hasta se les prescriben medicamentos que en nada colaboran.

Comportamiento alterado
La conducta de los niños con dislexia resulta alterada. A menudo, se pueden notar más estresados o con depresión.
 

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¿Quién diagnostica la dislexia?

Ya que no hay métodos diagnósticos complementarios, como resonancias magnéticas o tomografías cerebrales, que lleven al diagnóstico, es válido preguntarse: ¿quién hace el diagnóstico y cómo?

Dentro de los trastornos del aprendizaje y su abordaje, diríamos que psicopedagogos, logopedas y neuropsicólogos son los especialistas capacitados para esta tarea. A través de testeos y evaluaciones conjuntas, los equipos multidisciplinarios pueden reunir criterios que eleven la sospecha.

Al final, un informe firmado por el equipo de salud será el certificado de diagnóstico y, a la par, la respuesta positiva que se obtenga de los estímulos adecuados para la dislexia apoyará la opinión experta. El paso siguiente es el compromiso familiar y educativo para adecuar el proceso de adquisición de conocimientos al trayecto de cada niño.

No hay que temer de acordar una consulta con los gabinetes de psicopedagogía que hay en las escuelas y en los centros de salud. Como padres o cuidadores, obtener un diagnóstico de dislexia a tiempo puede cambiar por completo la evolución futura de un pequeño.

 
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