¿Cómo diferenciar estrés, depresión y ansiedad?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez el 18 septiembre, 2018
El estrés, la depresión y la ansiedad son los tres trastornos psicológicos más habituales. Es imprescindible conocer sus síntomas para buscar una solución adecuada.

Estrés, ansiedad y depresión son los tres trastornos psicológicos más habituales a nivel mundial. Según datos de la OMS suponen un 12 % del total de las enfermedades. En relación a esto, el psicólogo Guillermo Ballenato afirma que “la depresión, la ansiedad y el estrés conforman una parte significativa del paisaje social del siglo XXI”.

Asimismo, hay un problema que no podemos dejar de lado: hay un gran número de casos que no son diagnosticados y por lo tanto, tampoco tratados. Esto mismo es lo que nos revelan estudios como el realizado en la  Universidad de Massachusetts. De ahí que sea tan importante aprender a identificar sus principales síntomas para poder reaccionar antes de que estos estados empeoren aún más.

Ahora bien, es importante saber que el estrés, la depresión y la ansiedad pueden manifestarse por separado o en conjunto. Incluso, en algunas ocasiones un trastorno puede derivar en otro. Veamos a continuación cómo pueden afectarnos y en qué consisten cada uno de ellos.

Estrés: qué hay que saber

La respuesta de estrés se origina cuando una persona percibe una situación como amenazante y además, considera que no dispone de recursos para hacerle frente. Es decir, el acontecimiento exige un sobreesfuerzo y de algún modo, se considera que está en peligro el bienestar personal. Así, el estrés no es más que una forma de afrontar y adaptarse a las diferentes situaciones que se presentan.

Mujer con estrés y depresión

Una de las claves para comprender el estrés consiste en ser conscientes de que se trata más bien de una percepción por parte de la persona más que de la situación. Con esto queremos decir que depende de la valoración cognitiva que se haga de lo que sucede. De esta forma, si la persona considera que no puede responder adecuadamente o considera que no tiene recursos para afrontarla experimentará estrés.

Síntomas asociados al estrés

  • Síntomas psicofisiológicos. Aumento de la respiración, tasa cardíaca o presión sanguínea, dolor de cabeza, problemas digestivos, agotamiento, insomnio
  • Síntomas neuroendocrinos. Aumento de la liberación de epinefrina y cortisol, ambas conocidas como las hormonas del estrés. Así, a mayores niveles de estas hormonas, el hígado liberará más glucosa a la sangre.
  • Síntomas psicológicos. Indecisión, pérdida del sentido del humor, frustración, ira, problemas de concetración

Por otro lado, el psicólogo Bruce McEwen de la Universidad de Yale afirma que “cada vez hay más pruebas que demuestran que el estrés afecta directamente al sistema nervioso: aumentan las enfermedades infecciosas como la gripe, el resfriado, el herpes…”.

Ahora bien, el estrés no siempre tiene consecuencias negativas, ya que gracias a este hemos sobrevivido como especie durante muchos años. Su presencia es una oportunidad para poner en marcha los recursos personales y generar, si es posible, la adaptación o el cambio que la situación demanda.

Es lo que se conoce también como estrés positivo o “eustres”, ese impulso que nos anima a enfrentarnos a los problemas de modo más creativo, con mayor responsabilidad e iniciativa.

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Depresión: qué hay que saber

La depresión es un trastorno del estado de ánimo que se caracteriza por presentar síntomas muy variados según cada persona. No obstante, todos ellos se encuentran bajo una realidad gris invadida por el pesimismo, la incapacidad de hacer frente a la vida y un malestar general.

A pesar de que cada persona puede vivir la depresión de un modo diferente, suele considerarse la tristeza crónica como uno de los síntomas más característicos. Y aunque esta idea no es del todo errónea, es importante tener en cuenta que una persona puede tener depresión y no estar triste aparentemente o manifestar un aplanamiento emocional.

Las principales causas de la depresión están asociadas a factores genéticos, fisiológicos, personales y ambientales. Esto quiere decir que es un trastorno multifactorial, de ahí que no suela ser fácil identificar su origen. Además dependiendo de la gravedad, la frecuencia y la duración de los síntomas se distinguen distintos tipos de depresión.

La OMS ha concluido que en 2020 la depresión será la segunda causa de incapacidad del mundo.

Chica con depresión sentada en el suelo

Por otro lado, existen diferentes teorías que intentan explicar el fenómeno de la depresión. Por ejemplo, según la perspectiva cognitiva, la depresión es fruto de una distorsión cognitiva, a partir de la cual la persona observa el mundo, el futuro y a sí misma desde un filtro negativo. La perspectiva conductual considera que aparece por la falta de refuerzos hacia la persona, provocando así que esta no actúe. Mientras que desde una mirada biológica esta se explica por un desequilibrio de ciertos neurotransmisores.

Una situación preocupante es que según la OMS, la depresión es la causa principal de discapacidad en el mundo. Actualmente, unos 300 millones de personas sufren este trastorno del estado de ánimo y al menos un 50% de ellas no reciben tratamiento o si lo tienen no es el más adecuado.

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Síntomas de la depresión

  • Irritación, mal humor.
  • Apatía, pérdida de energía.
  • Insomnio o sueño excesivo.
  • Sentimientos de inutilidad.
  • Desesperanza.
  • Lentitud motora.
  • Problemas de concentración.
  • Pérdida del interés y la motivación.
  • Ideas recurrentes asociadas al suicidio o a “desaparecer”.

Ansiedad: qué hay que saber

La ansiedad es parte de la existencia humana. Todas las personas en determinados momentos de nuestras vidas sentimos un grado moderado de ansiedad como respuesta adaptativa a las nuevas situaciones y acontecimientos. Este tipo de respuesta funciona como un mecanismo de vigilancia y protección para advertirnos de posibles peligros.

Así, la ansiedad es una respuesta emocional a estímulos o situaciones que se perciben como amenazantes en un futuro. Siendo esta la característica que diferencia la ansiedad del estrés, ya que este último se centra en algo que se está sufriendo en un determinado momento. El problema surge cuando no se sabe gestionar y se vuelve patológica, interfiriendo de forma negativa en nuestras vidas.

Síntomas de la ansiedad

Los síntomas más característicos de la ansiedad son el aumento de la tensión muscular, la sudoración, la respiración, la presencia de una presión en el pecho, la sensación de irrealidad, el bloqueo de la digestión y en algunos casos más graves, el miedo a perder el control o incluso a volverse loco.

“La gran mayoría de las personas diagnosticadas con un trastorno de ansiedad son capaces de reducir o eliminar los síntomas de ansiedad y volver a su funcionamiento normal tras varios meses de tratamiento”.

-Asociación Americana de Psicología (APA)-

Mujer con ansiedad y depresión

Al igual que ocurre con la depresión existen diferentes teorías para explicar cómo se desarrollan los trastornos de ansiedad. A nivel general, la ansiedad se explica como una percepción sesgada del mundo. La persona presta atención únicamente a aquella información o estímulo relacionado con la sensación de amenaza y la interpreta de manera errónea. Por ejemplo, si una persona se siente ansiosa cuando se relaciona con los demás, focalizará su atención hacia señales de rechazo por mínimas que sean.

Como vemos, el estrés, la ansiedad y la depresión pueden afectarnos de forma muy negativa, sobre todo si dejamos al tiempo pasar. Preocuparnos por nuestro estado de salud tanto físico como emocional es esencial (al igual que de aquellos que nos rodean).

No dudemos por tanto en pedir ayuda a un profesional cuando percibamos que perdemos el control, que estamos perdiendo nuestra calidad de vida.

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  • Lovibond, S. H., & Lovibond, P. F. (1995). Manual for the Depression Anxiety Stress Scales. Psychology Foundation of Australia. https://doi.org/DOI: 10.1016/0005-7967(94)00075-U