Cómo evitar los celos y la rivalidad entre hermanos

Raquel Lemos 22 octubre, 2016
Muchas veces la rivalidad entre hermanos se ve desencadenada por la forma de actuar de los padres que, sin darse cuenta, pueden prestar más atención a un hijo que al otro

La rivalidad entre hermanos parece de poca importancia. Sin embargo, no lo es tanto cuando su duración puede provocar depresión y baja autoestima en un futuro cercano.

Porque… ¿Quién quiere llevarse mal con su hermano?

Los enfados, las riñas y las discusiones son completamente normales, sobre todo cuando se llevan poca diferencia de edad entre ellos. A pesar de esto, es nuestro deber estar atentos.

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Cuando hablamos de celos, nos estamos refiriendo a un sentimiento que puede acabar degenerando en envidia. Asimismo, la rivalidad entre hermanos desembocará en una terrible competitividad.

Para evitarlo, es necesario que pongamos en práctica una serie de recursos que tenemos a mano. Como padres, es imprescindible que acabemos cuanto antes con una situación así.

Nada de comparaciones

comparación

Aunque no quieras reconocerlo, porque quizás no lo veas, en ocasiones realizamos comparaciones entre nuestros hijos. Solamente con ensalzar las cualidades de uno e ignorar las del otro ya puede ser un preliminar para que se inicie la rivalidad.

Recuerda que esto nace de un miedo a perder la atención de los padres, a pasar a ser el hijo “menospreciado”, “el que menos vale”.

Además, los celos surgen, sobre todo, por parte del hermano más mayor. Él ha tenido que compartir la atención que sus padres antes solo le dirigían a él. Es más, ha tenido que observar cuántos mimos, cuidado y esmero recibía su hermano cuando era un bebé.

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Aunque creamos que los niños no se enteran de nada, un sencillo “al hermano pequeño se le dan mejor los estudios” o “es más sociable” puede desatar una pelea.

Cuidado con tu comunicación no verbal

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Es probable que pienses que tus palabras son medidas, que nunca has pronunciado verbalmente nada que pudiese dar pie a una rivalidad entre hermanos. Sin embargo, no debes olvidar que tu comunicación no verbal dice más de lo que crees.

Hasta un 70% de lo que comunicamos es no verbal. Nuestros gestos, nuestro tono de voz, cómo nos movemos… Así que fíjate en si lo que expresas con palabras se corresponde con lo que piensas.

A nuestros gestos no los podemos engañar. Puede que esas diferencias que haces con un hermano se manifiesten en una ligera mirada, un toquecito en el hombro, un tierno abrazo…

Con esto, un niño sabrá si es “el favorito” o no. Algo que jamás debería ocurrir. Los padres nunca tendrían por qué sentir más predilección por un hijo que por el otro.

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A veces ocurre, sin darnos cuenta y sin quererlo. Así que es necesario que hagamos un poco de autocrítica y reconozcamos si, en verdad, es este el problema.

Las reglas son muy importantes

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Establecer reglas en el hogar es importante y todos los miembros tienen que respetarlas y cumplirlas. Por eso, será muy positivo que, por ejemplo, existan algunas de las siguientes:

  • Juguetes personales y compartidos: A veces los conflictos surgen porque se han tomado prestadas las pertenencias del otro hermano sin pedir permiso. Con las reglas les enseñarás el gran valor de compartir y pedir permiso.
  • Respetar el espacio personal del otro: Esto permitirá que cada uno tengo su propia zona privada y les ayudará a saber, también, respetar el espacio de las demás personas, no solo de su hermano.

Además de todo esto, es importante que jamás recriminemos una riña o un ataque de celos por parte de alguno de nuestros hijos.

Hacerlo solo incrementará su ansiedad, por lo que resultaría muy positivo que hablásemos con él y lo tranquilizásemos, mientras hacemos una reflexión sobre cómo nuestra actuación no ha sido la más adecuada.

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Pero, sobre todo, debemos tener cuidado con dejar en segundo plano a alguno de los hijos.

No nos damos cuenta de que con frases como “no puedo, estoy ayudando a tu hermano” o “¿no ves que estoy ocupado?” podemos desatar una fuerte rivalidad entre hermanos.

Para reemplazar esto, podemos utilizar “ahora no puedo, dame unos minutos” o “espera que ahora estoy contigo”. Parece igual, pero cambia totalmente. La forma de decirlo tiene mucho que ver.

Eso sí, no te olvides de lo que comunica tu cuerpo. Si estás pensando otra cosa te delatará y tu hijo se dará cuenta.

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