Cómo gestionar los pensamientos obsesivos

4 septiembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Alicia Escaño Hidalgo
Existen técnicas para aprender a gestionar los pensamientos obsesivos. La clave está en cómo nos relacionamos con ellos. ¿Te interesa saber más? Aquí te contamos todo al respecto.

Tener pensamientos obsesivos es algo común en la población general. Somos seres pensantes y es preciso que normalicemos el hecho de albergar multitud de pensamientos aleatorios. El problema aparece cuando esos pensamientos se vuelven obsesivos y nos limitan nuestro funcionamiento diario.

Esto suele ocurrir porque la persona otorga demasiado valor o importancia al hecho de pensar sobre algo. De este modo, el pensamiento pasa de ser un simple evento mental a convertirse en un problema de índole psicológica. La acción de otorgar valor a los pensamientos es algo sobre lo que sí tenemos capacidad de control.

Existen grandes diferencias sobre cómo nos relacionamos con nuestros eventos cognitivos. Hay personas que son capaces de no fusionarse con sus pensamientos, verlos como lo que son y no darles valor de realidad ni demasiada importancia.

Por otro lado, existen otras personas, normalmente con unas características de perfeccionismo y responsabilidad importantes, que se relacionan con sus propios pensamientos como si fueran situaciones reales.

Una de las principales vías de tratamiento para aprender a gestionar los pensamientos obsesivos es lógicamente que el paciente aprenda nuevas formas de relacionarse con esos pensamientos. El objetivo último es que el pensamiento no controle la vida de la persona.

¿Pensar o no pensar? Ahí está la cuestión

Pensamiento obsesivo
Los pensamientos obsesivos pueden convertirse en un problema con el paso del tiempo. Por eso, es importante saber gestionarlos.

Los pensamientos obsesivos pueden llegar a ser tremendamente molestos. Acuérdate de todas esas veces en que la canción del verano se te ha quedado totalmente adherida a la mente y te era imposible de sacar. De hecho, cuanto más intentabas no escucharla y canturrearla, con más fuerza interrumpía tu vida. 

Con los pensamientos obsesivos ocurre justamente esto. La idea de «no pensar» paradójicamente tiene un efecto rebote y entonces el pensamiento coge mayor fuerza. Por lo tanto, la clave está en aprender a quedarse al lado de los pensamientos, mirándolos como si fuésemos espectadores de nuestros propios procesos mentales.

Pero este ejercicio no es nada fácil. Ya hemos explicado que las obsesiones son muy incómodas y lo natural es que pretendamos eliminarlas de nuestra cabeza para librarnos de la ansiedad. Ahí entran en juego las compulsiones: actos motores que neutralizan el malestar y hacen que la obsesión descienda.

A corto plazo puede parecer que surten efecto, pero a la larga la «solución» se convierte en el verdadero problema. Nos hacemos dependientes de esas compulsiones y las usamos para eliminar las obsesiones, con lo cual, estas quedan reforzadas.

No dejes de leer: ¿Cómo evitar las obsesiones mentales?

Estrategias para gestionar los pensamientos obsesivos

La idea es no caer en la compulsión como medio de neutralización de pensamientos y tampoco en la evitación del pensamiento. Por lo tanto, las estrategias que mejor han funcionado hasta la fecha para gestionar los pensamientos obsesivos son las siguientes:

Defusión cognitiva

Defusionarse de forma cognitiva de nuestros eventos mentales quiere decir saber separar los pensamientos de la realidad y de mí mismo. Es decir, es preciso pensar que yo no soy mis pensamientos, soy mucho más. Por otro lado, también es necesario darse cuenta que el hecho de tener pensamientos no quiere decir que estos sean realidades.

Los pensamientos no son más que eso: contenidos psicológicos, imágenes, percepciones… pero no son realidades objetivas y comprobables. Por lo tanto, no tiene sentido actuar conforme a ideas que no se corresponde con la realidad.

Es mucho más funcional tratar a los pensamientos como entes que no me gustan, verlos pasar, saludarlos incluso y quedarte con ellos, hasta que solos vayan descendiendo en intensidad.

Reducir el valor concedido

Pensamiento obsesivo
Para controlar los pensamientos obsesivos es primordial reducir el valor que se les concede.

No tenemos por qué darle importancia a un pensamiento por el solo hecho de tenerlo. Ya hemos dicho que pensar es eminentemente humano, igual que soñar. Todos tenemos pensamientos que nos daría vergüenza reconocer o contar, pero eso no quiere decir que sean importantes ni que nos definan en ningún sentido. Por lo tanto, una buena forma es disminuir el valor que le concedemos al hecho de pensar.

Abrazar al pensamiento

No solo no tenemos que huir de nuestros propios pensamientos, si no que tenemos que intentar realizar el ejercicio mental de abrazarlos. Abrazar a nuestros demonios supone estar abiertos a la experiencia de tenerlos presentes, aunque no nos gusten.

Descubre: 5 consecuencias de obsesionarse con algo

Inhibir las compulsiones

Esta parte es fundamental. Por cada compulsión que hacemos, le estamos dando la razón al pensamiento. Es decir, estamos llevando a cabo un acto real en base a una idea mental.

Y realidad y mente son dos mundos distintos, que no tienen por qué ir unidos. Por lo tanto, es necesario hacer el esfuerzo de inhibir la compulsión para no alimentar aun más los pensamientos obsesivos.

¿Tienes pensamientos compulsivos? Como lo acabas de notar, hay varias estrategias para gestionarlos y evitar que tomen control de nuestra vida. Sin embargo, es conveniente que también acudas al psicólogo.

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