Cómo imitar la cocina de las abuelas

30 mayo, 2014
Para conseguir el sabor de aquellos platos procura que todos los ingredientes sean frescos y naturales. Recuerda añadir especias para darle a tu receta ese toque especial

No hay dudas, las abuelas cocinan mejor que nadie. Seguramente recuerdes más de un platillo que ella preparaba para ti cuando eras pequeño. Pero a su vez, tres generaciones antes que la actual, la cocina se vivía de otra manera. Para poder volver a esos tiempos, comer más sano, más casero y dedicarle más tiempo al almuerzo y la cena, lee el siguiente artículo donde aprenderás cómo imitar la cocina de las abuelas.

La cocina de la abuela es la mejor: verdad universal

No conoces a ninguna persona que pueda negarlo, no hay nada como la comida de la abuela, “la nona” o como se quiera llamarla. Lamentablemente, en los tiempos que corren no tenemos el tiempo suficiente (o no lo buscamos) para cocinar como lo hacía o hace ella, dedicando más horas del día a preparar la comida, una forma de demostrar cariño como no hay otra.

Los platos abundantes, bien caseros, con ingredientes o cantidades secretas, un gran libro con recetas… todo eso ha quedado en el olvido. Sin embargo, cada vez son más las mujeres que se “animan” a copiar lo que hacían sus abuelas, cocinando como la mejor, o al menos, siendo distinta a las demás que sólo consumen ensalada, fast food y delivery por no cocinar (que de ellas hay muchas).
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Estos ítems te ayudarán a cocinar igual que tu abuela, aunque con varios años menos:

  • Tener los utensilios adecuados: los instrumentos correctos y completos no pueden faltar en tu cocina. Tal vez no tengas tanto lugar como eran las casas antes, donde este ambiente era de los más grandes del hogar, pero al menos, trata de contar con la mayoría de los elementos necesarios para cada receta. Puedes pedir prestado para una ocasión especial o utilizar un utensilio para más de una función. Una olla para guiso no es lo mismo que una cacerola para hervir arroz, un sartén para hacer tortilla no es igual al de freír un huevo, etc. Si bien ahora está todo hecho en plástico o silicona, trata de “regresar” al acero inoxidable, a las cacerolas de barro, a las cucharas de madera. La comida tendrá otro sabor. Deja de lado el teflón y el microondas.

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  • Contar con el equipamiento necesario: un poco complementando la idea anterior, pero también tiene que ver con tu apariencia. No dudes en usar un delantal con bolsillos, por ejemplo, tener a mano el libro de recetas, puedes ponerte un vestido para entrecasa, etc. Que no te falte nada en ese afán por cocinar igual que ella. Haz espacio en la cocina o en la mesa según la preparación, apaga el televisor o la radio, deja en vibrador el móvil y manos a la obra.
  • Multiplica las cantidades: más de una vez te ha ocurrido que al regresar de la casa de tu abuela, pesabas como cinco kilos más. Esto es porque ellas adoran cocinar como para “un batallón”, porque siempre quieren que comas más, porque se piensan que de lo contrario no te ha gustado lo que prepararon, o porque “te ves tan flaquita”. Si son cinco a la mesa, cocina como si fueran quince. Entonces, te hará falta una olla “XL” y un refrigerador y una alacena llena de víveres.
  • Ten en cuenta el menú: recuerda un domingo típico en casa de tu abuela. Empezaban por el entrante, que podía ser una sopa de vegetales, seguían por las pastas con salsa, continuaban con la carne y ensalada o patatas y terminaban con un buen postre casero y café. Cuando creías que ibas a explotar, era la hora de las masas con el té. Bueno, algo similar tiene que ocurrir en tu cocina y en la cantidad de platos que cocines. Lo que nunca pueden faltar son: tomate, patatas, legumbres y pan.

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  • Ten un “punto fuerte”: tal vez sea difícil elegir un sólo platillo de los que te preparaba tu abuela, porque todos son deliciosos. Sin embargo, en una reunión familiar siempre se dirá, ¿te acuerdas de tal plato que hacía la abuela Mari? O ¿a que el estofado de la abuela Carmen era el mejor de todos? De esto también debes acordarte. Un plato que te encante cocinar, lo hagas hace mucho tiempo y siempre te quede bien, no necesites mirar la cantidad de harina, aceite o sal y que todos digan que en tu mesa es un clásico.
  • Elige un “ingrediente secreto”: puede ser cebolla de verdeo o hasta un caldo saborizante (puedes aprovechar algunos “inventos modernos”). Lo que si, no le puedes contar a nadie de qué se trata. El objetivo es lograr que más de uno te diga “este plato está delicioso, ¿qué le has puesto? Tiene un sabor especial”. Allí es cuando esquivarás con un “tiene lo que encontré en la alacena”.
  • No te olvides del “postre de cabecera”: como hemos dicho antes, las abuelas siempre incluyen el postre en sus comidas, y no se trata de una “simple fruta”. Tiene que ser una receta que realmente valga la pena probar, que te guste mucho, que sepas que a todos les gustará, etc.
  • Utiliza alimentos frescos, de temporada y locales: antes no habían grandes mercados donde ir de compras, se las arreglaban con un viejo sitio a unas cuadras de la casa. Pero lo bueno de ese lugar es que tenía las verduras más frescas o los lácteos recién ordeñados. Hoy en día consumimos todo procesado, semi cocinado, congelado, etc. Nada de eso está presente en la cocina de la abuela. Las recetas eran más sencillas y nutritivas, para dejarte repleto y sin ganas de ningún snack o tentempié por horas. Menos carne, menos azúcar y menos tóxicos en tus platos y no olvides de añadir especias.

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Imágenes cortesía de Tauno Tohk, Oakley Originals, Kyrre Gjerstad, Joseph Schroeder, mararie.

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