Cómo reducir la sensación de hambre mientras haces una dieta

4 junio, 2013
Este artículo fue redactado y avalado por la pedagoga en educación física y nutricionista Elisa Morales Lupayante
Para adelgazar no es necesario pasar hambre. Consulta con un especialista qué dieta seguir y mantén una vida activa para conseguir mantenerte sano y en forma.

La sensación de hambre persistente, produce una molesta sensación en la boca del estómago, además de irritabilidad y mal humor. Esta sensación suele producirse generalmente a la hora de comenzar una dieta, y en especial cuando no se está siguiendo una dieta controlada y completa. Al final, la sensación suele incitar a comer más de lo debido.

Por eso es importante saber alimentarse bien, controlar de forma adecuada las dietas y consultar siempre con un especialista qué alimentos y qué cantidades pueden ayudar a conseguir nuestros objetivos.

También tenemos que tener en cuenta que cuando vamos a realizar una dieta estricta, no podemos poner en riesgo nuestra salud ni prescindir de ningún nutriente. Es posible adelgazar sin pasar hambre, la clave no está en dejar de comer sino en comer adecuadamente.

Además, existen varias maneras de calmar la sensación de hambre, a la par que se continua la dieta; a continuación desarrollaremos cuáles son y cómo funcionan.

Consejos para reducir la sensación de hambre

Como mencionábamos anteriormente, es muy importante tener en cuenta que para adelgazar no es necesario pasar hambre. Las dietas completas basadas en alimentos sanos y reales son las más efectivas a la hora de lograr resultados. Por ello, en todo caso, es importante consultar con un especialista el caso concreto y juntos trazar un método y una dieta que seguir.

Por otro lado, en Internet se pueden encontrar miles de consejos milagrosos que prometen resultados irreales. Por ejemplo, se ha hecho común la creencia popular de que beber agua en grandes cantidades produce una mayor sensación de saciedad en el estómago. Esto, tal como explican los profesionales, es una aberración. La necesidad de hidratarnos es fisiológica. Es decir, bebemos agua para mantenernos vivos, es imprescindible para nuestros organismo. Pero beber agua no engorda ni adelgaza, ya que el agua supone 0 calorías.

En conclusión, jugar con la salud puede acarrear graves problemas de salud y nuestro objetivo es mantenernos sanos y fuertes. Para evitarlo, aprende y déjate aconsejar por fuentes fiables y antes de involucrarte en cualquier dieta consúltalo con un especialista.

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No consumas azúcar

Para empezar, una ingesta excesiva de azúcar puede ir asociado a problemas de obesidad y enfermedades cardiovasculares, según la OMS. Por lo que es mejor evitar el azúcar y todos sus derivados siempre que sea posible.

Cuando desees picar algo o tomar un buen postre, puedes optar por comer algo de fruta fresca, o prepararte un zumo natural. Los alimentos procesados, como los dulces, pasteles o productos de bollería, favorecen que los niveles de azúcar se eleven bruscamente.

Por supuesto, las bebidas azucaradas y los refrescos, así como las bebidas energéticas, tampoco resultan buenas para la salud. Su consumo no aporta verdaderos beneficios al organismo y tampoco sacia ni ayuda a conseguir una buena dieta.

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Aumenta la cantidad de alimentos con fibra

En recientes estudios se ha investigado sobre cuáles son los verdaderos motivos por lo que se asocia la fibra con las dietas de adelgazamiento y una mayor saciedad. La razón más popular es la que explica que la fibra ayuda a combatir el estreñimiento, porque absorbe agua y por lo tanto hace las heces más fluidas, facilitando así su expulsión.

Por otro lado, otra explicación que se ha asociado al efecto de saciedad con el consumo de fibra es que la misma se hincha en el tubo digestivo (al haber absorbido el agua). Esto produce que nos sintamos saciados antes y que esta sensación se prolongue en el tiempo, retrasando el hambre.

En este sentido, se realizó un trabajo de revisión de la evidencia científica acerca del papel de la fibra dietética en la sensación de saciedad y la ingesta calórica, llevado a cabo por dos investigadoras de la Universidad de Minnesota, EE.UU.

Las investigadoras observaron cómo determinadas fuentes de fibra sí que tienen un efecto potenciador de la saciedad. Estas fuentes son la avena, la cebada y el centeno. Del mismo modo, también es posible introducir en la alimentación legumbres, frutas y verduras, que combinados con otros tipos de cereales menos ricos en fibra también desarrollan el mismo efecto.

Es importante mencionar que en el estudio, las autoras también explicaron que las dietas cuya fibra procedía fundamentalmente del trigo y el maíz  no sólo no tenían efectos saciantes sino que aumentaban la sensación de hambre.

En resumen, no todas las fuentes de fibra trabajan igual en el organismo, por ello es importante conocer qué propiedades posee cada alimento e incluirlos de un modo adecuado en la dieta. De todos modos, siempre será recomendable consultar el caso concreto con un especialista.

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