Cómo sobrevivir a los manipuladores cotidianos - Mejor con Salud

Cómo sobrevivir a los manipuladores cotidianos

¿Te merece la pena mantener una relación de manipulación? Si ves que te perjudica, no dudes en romper el lazo que te une a esa persona. Lo más importante es tu bienestar emocional

Vivimos en un mundo en el que cooperamos los unos con los otros, casi nunca de manera desinteresada, lo cual es tanto necesario como beneficioso. Sin embargo, entraña un gran riesgo, y es que hay personas que llevan sus intereses personales a otro nivel, no importándoles si pisotean y hunden en el fango a quien tienen a su lado.

Seguramente, con esta breve descripción, todos estamos pensando en alguien concreto o, al menos, nos estamos haciendo una idea de lo que esto significa.

En realidad, es difícil que nosotros mismos nunca nos hayamos comportado como manipuladores cotidianos.

¿Quién no ha pensado que llevaría mejor la empresa que su jefe? ¿O que somos víctimas del sufrimiento y la injusticia que acontece en el mundo que nos rodea? ¿Quién no le ha gritado a alguien y se ha justificado en sus acciones para hacerlo?

El objetivo que perseguimos con este artículo es que, cuando acabes de leerlo, sepas identificar y sobrevivir a la manipulación cotidiana, algo que, desde luego, resulta descorazonador tanto para el que manipula como para el que es manipulado.

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Los lobos con piel de cordero

Érase una vez un lobo que tenía mucha hambre. Por eso, quería comerse una oveja de un rebaño que vivía cerca de su casa. Sin embargo, el pastor del rebaño siempre estaba muy atento y, por muchos intentos que hacía, nunca lo conseguía.

Un día el lobo pensó en cambiar su apariencia para que así le fuera más fácil conseguir su comida. Paseando por el bosque vio una piel de oveja, por lo que se le ocurrió ponérsela por encima para parecer una oveja. Así lo hizo y se fue a pastar con el rebaño, despistando totalmente al pastor.

Al atardecer, para su protección, el rebaño fue llevado a la parte de la granja donde pasaba la noche, quedando la puerta asegurada. El lobo se dijo “Ahora, cuando el pastor se duerma, cogeré a la oveja que esté más gorda y me daré un auténtico festín”.

Pero esa noche, buscando el pastor la comida de su familia para el día siguiente, fue donde estaba el rebaño y cogió al lobo creyendo que era un cordero. Lo sacrificó al instante.

Cuando la mujer del pastor intentó cocinarlo, se dio cuenta de que realmente no era un cordero, sino un lobo. Cuando llamó a su marido, este reconoció al lobo que ya había intentado en varias ocasiones atacar a sus ovejas.

Como todos sabemos, las apariencias engañan. Las personas no se comportan de manera pasiva, agresiva o pasivo-agresiva por inspiración divina, sino que lo hacen con alguna intención.

Así, los chantajistas, los vampiros y los depredadores emocionales se comportan de manera mucho más destructiva que los manipuladores cotidianos. Estos no siempre emplean la amenaza y, por supuesto, no siempre destruyen.

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De hecho, solemos excusarles precisamente porque les queremos o les apreciamos, ya que su abuso no siempre es explícito ni constante.

Tal y como afirma en su libro Juan Carlos Vicente: “Ser una persona amable, correcta y respetuosa de cara a la galería convive en más ocasiones de las que nos gustaría con otra cara despreciable, agresiva y a la que le gusta vilipendiar a las otras personas. La amabilidad es la piel de cordero bajo la cual se esconde el lobo feroz. Salir de fiesta con ellos es agradable, convivir puede llegar a convertirse en un verdadero infierno”.

Ver también: 5 tipos de vampiros emocionales

Las estrategias de manipulación

Los manipuladores cotidianos nos hacen sentirnos culpables e insensibles, nos manejan para conseguir satisfacer sus necesidades de tal forma que acabamos haciendo lo que quieren por voluntad propia o a la fuerza.

Su forma de actuación no se basa en el miedo, sino en la culpabilidad. La manipulación más auténtica es la que se hace sin que se note, sin destacar.

Quizás, uno de los mayores problemas de las tácticas de manipulación cotidiana es su propia existencia. Es decir, ir de víctimas, amenazar o animar a alguien a que haga algo por nosotros a cambio de una sonrisa puede resultar muy eficaz; sin embargo, no es para nada necesario.

O sea, por utilizarlas de vez en cuando no ocurre nada, el problema es que abusamos de ello porque sabemos que conseguiremos lo que deseamos de manera más rápida y cómoda que si somos asertivos.

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El caso es que solemos padecer con frecuencia el hecho de que alguien emplee la coacción como método fundamental. Ante esta situación, hay quien se pone a la defensiva y hay quien pasa olímpicamente de lo que el manipulador hace o dice.

No obstante, ignores o no sus peticiones, estar sometido a la amenaza y a la lucha de poder siempre produce un desgaste.

Convivir con un manipulador es complicado y agotador. Esto no solo se debe a los intentos continuos de sometimiento, sino a su falta de recursos emocionales y sociales, a su inestabilidad y al vacío emocional que menoscaba su vida interior.

Los manipuladores cotidianos no pretender triunfar o trepar, sino que no conocen otra manera de solucionar sus problemas o alcanzar sus intereses, además de ser incapaces de admitir un “no” por respuesta.

Te recomendamos leer: Reconocer y evitar la manipulación emocional en la pareja

Hagamos de nuestro entorno un mundo mejor

Como hemos comentado, normalmente todos desplegamos estrategias de manipulación cotidiana. Así es que, cuando nos encontramos sometidos, nos damos cuenta de que estamos ante una persona que nos ha manipulado.

Sin embargo, resulta impactante que lo más probable es que el otro piense exactamente lo mismo de nosotros. Esto es porque la manipulación también se contagia.

Cuando una relación se basa en ella se convierte en un círculo vicioso, o sea, en la pescadilla que se muerde la cola.

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Entonces viene la pregunta mágica: ¿Quién empezó a manipular antes? Probablemente uno aprendió del otro. Da igual, pero siempre hay alguien que manipula más. Siempre hay quien da más de lo que recibe o quien ofrece más sin pedir nada a cambio.

Obviamente, como todo en la vida, lo extremos no existen. O sea, nadie es un santo o un diablo en su totalidad. Teniendo esto en cuenta, ¿qué podemos hacer y cómo podemos replantear la relación?

Para conseguir esclarecer y solucionar este tipo de conflictos, tenemos que intentar ser lo más objetivos posible. Para ello, viene bien preguntarse cosas como:

¿Quién está arriba? ¿Se hace más veces lo que él quiere o lo que yo quiero? ¿Cuál es la opinión que prevalece? ¿Quién perdería más si la relación se rompiese?

Esto nos ayudará a ver si la convivencia y el intercambio nos benefician más a nosotros o al otro, si estamos sometidos y si sus necesidades están por encima de las nuestras.

Si esto es así y no tiene solución, llegará el momento en el que ya no puedas más y tengas que romper el lazo que os une.

No te olvides de que, ante todo, tienes que preservar tu bienestar emocional.

Fuente: Manipuladores cotidianos: Manual de supervivencia. Juan Carlos Vicente.

Imagen destacada cortesía de Larissa Kulik