El complejo de Casandra y la marginación de lo femenino

En el complejo de Casandra existe una tendencia a demostrar la valía para dejar de sentirse infravalorada, ya que se piensa que así se ganará el respeto de los demás

El complejo de Casandra parte de uno de los mitos más famosos conocidos de la Ilíada de Homero.

En ella se nos cuenta que Apolo, el dios del vaticinio, fascinado por la belleza de Casandra, hija de los reyes de Troya, le ofreció algo a cambio de su amor.

Lo que le prometía era el don de la profecía. Sin embargo, Casandra no quería a Apolo, por lo que aceptó el don pero se negó en rotundo a estar con Apolo. Este se quedó desolado, pero, sobre todo, muy enfadado.

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Apolo se vengó maldiciendo a Casandra con predicciones que nadie creería ciertas, aunque así fueran.

De esta manera, el don se convirtió en una maldición en la que Casandra sufría viendo cómo lo que los demás rechazaban se hacía realidad.

El sentimiento de infravaloración que se interioriza

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El complejo de Casandra provoca que las mujeres se sientan infravaloradas en varios ámbitos de su vida. De hecho, construyen su identidad con base en unos prejuicios ya existentes sobre ellas.

Algunos de ellos afirman que son demasiado débiles, que lloran por todo, que siempre son las víctimas…

Pero, además, también se encuentran aquellos que yacen en frases como “se le va a pasar el arroz”, “no ha sabido mantener a un hombre a su lado”.

Todo esto, provoca que construyan una identidad que tiene como gran base la dependencia, la búsqueda de aprobación de los demás, la falta de autoestima y una tendencia a responsabilizarse de todo.

En gran medida, eso le pasaba a Casandra, la del mito.

  • Ella buscaba que los demás aprobasen sus predicciones, pero solo recibía rechazo.
  • Quería salvar a sus seres queridos de cualquier infortunio del que ella se diese cuenta antes, pero no confiaban en ella, por lo que se sentía mal y su autoestima caía.

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Así, en el complejo de Casandra siempre hay una tendencia a demostrar la valía, porque así se piensa que se ganará el respeto y el amor de los demás.

Sin embargo, al otro lado no hay nada de eso, solo rechazo.

El complejo de Casandra provoca cambios psicológicos

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Debido a todo ese sentimiento de infravaloración, las mujeres que sufren este complejo empiezan a experimentar cambios psicológicos muy importantes.

Uno de estos cambios tiene que ver con el perfeccionismo, así como una búsqueda de controlarlo todo. En su exceso se puede ver su más pronunciada carencia.

  • Se obsesionan con pequeñas cosas sobre las que mostrar su dominio.
  • Esto denota la falta de control que tienen cuando hacen todo bien para lograr esa aprobación sobre la que no tienen poder alguno.

No obstante, lo más relevante es que su intuición que va apagando dentro de ellas. Pues si los demás las infravaloran, ellas también lo hacen, pero consigo mismas, con sus sentimientos y emociones.

De esa manera, dejan de escucharse cuando su instinto les dice “esa relación no te conviene” o “estás sufriendo en vano”.

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Hacer esto provoca que se vayan desgastando, algo que no notarán en un principio, hasta que su cuerpo empiece a manifestar que hay algo que no se está haciendo bien: aparecerán los dolores, la fatiga, los problemas para dormir…

Si ya resulta doloroso el rechazo externo, el interno aún es más terrible.

La marginación de lo femenino, la preponderancia de lo masculino

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El complejo de Casandra supone una marginación de lo femenino, donde a las mujeres no se les toma en serio y en donde quedan supeditadas al hombre.

Cuando Apolo se siente rechazado, hace gala de su hombría para ejercer su poder sobre Casandra. Ella no tiene ninguna oportunidad. Ella sufre las consecuencias de la dominación masculina.

Algo que sigue sucediendo después de sufrir la ira de Apolo, pues buscará una aprobación y una confianza que siempre le será negada.

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Muchas mujeres sufren este complejo, pues ya nacen con él bien interiorizado. Ese sentimiento de infravaloración es algo que se les asigna nada más nacer.

Aún queda mucho por hacer contra la marginación de lo femenino, con ese “no tener en cuenta” porque aún se considera a la mujer alguien débil, emocional, demasiado sensible.

Quien padece el complejo de Casandra también lo alimenta. Y es que eliminar esas etiquetas asignadas requiere caminar un camino muy arduo y difícil, lleno de cuestas empinadas.

Ilustraciones cortesía de Norvz Austria, David Talley, Greta Larosa.