Mi conciencia tiene más peso para mí que la opinión de todo el mundo

Para alcanzar un bienestar pleno es fundamental que nuestra conciencia esté tranquila. Para ello, es importante que nos guiemos por nuestros valores y que evitemos las injusticias

A menudo suele decirse que no hay mejor almohada que una conciencia tranquila.

Es una idea tan sencilla como real, puesto que este constructo psicológico encierra una adecuada percepción sobre uno mismo y el mundo donde siempre debe reinar la armonía y el equilibrio.

Llegar hasta ese punto de sutil armonía donde cada cosa que hacemos o decimos está en sintonía con nuestros valores configura, sin duda, una conciencia tranquila que nos permite vivir mucho mejor.

Ahora bien, sabemos que para tener una conciencia en calma, en ocasiones, debemos librar alguna que otra batalla personal que nos aleja de ciertos entornos y grupos sociales.

Conformar este psiquismo tan íntimo y poderoso requiere que pasemos por diversas etapas donde, poco a poco, vamos entendiendo qué es prioritario y qué es secundario.

Te proponemos reflexionar sobre ello con nosotros.

El poder de una conciencia tranquila

Hay quien no la tiene. Hay quien no puede dormir en calma por la noche porque su conciencia no está en paz.

El no haber perdonado, el haber actuado de forma errónea, el haber cedido, claudicado o incluso huido cuando alguien o algo demandaba de nosotros ciertas cosas que no hicimos consigue, sin duda, que se llegue a sentir este malestar tan profundo a la vez que complejo.

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El complejo pero interesante concepto de la conciencia

Uno de los máximos expertos en el concepto de la conciencia fue William James. El célebre filósofo y psicólogo de finales del siglo XIX, hermano de Henry James, estableció que la conciencia podía dividirse en tres partes:

El ego empírico

Aquí entrarían todas esos aspectos que nosotros mismos nos atribuimos como propios. Ahí es donde se forma la autoestima, lo que somos, lo que nos gusta, aquello que evitamos porque nos hace daño.

El ego puro

Es ese aspecto que alcanza una dimensión más espiritualista e íntima. Es una parte más profunda de nuestro ser del que, en ocasiones, no somos plenamente conscientes.

Es ese instinto que nos dice que algo de lo que ocurre “no está bien” y ante lo cual deberíamos reaccionar.

Los cambios del ego

Aquí estarían esos cambios que acontecen en nuestro ciclo vital y que, en ocasiones, nos hacen descubrir aspectos nuevos que integramos en nuestra personalidad y nuestra conciencia.

No podemos olvidar que las personas crecemos cada día, que experimentar es aprender.

conciencia

La conciencia es una sutil combinación de estos aspectos.

Nosotros disponemos de un sistema de valores propio que puede variar con el tiempo pero, a su vez, también tenemos a su vez una especie de “brújula interna” que nos hace revelarnos hacia ciertas situaciones que consideramos injustas.

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Los riesgos de no atender a la propia conciencia

Gracias a William James sabemos que la conciencia es algo que está arraigado a nuestro ser, que nos guía y nos permite cambiar y aprender para ser saber siempre distinguir entre lo que está bien y lo que está mal.

Llegados a este punto es muy posible que te preguntes por qué algunas personas actúan sin escuchar la voz su conciencia.

Estas serían algunas razones:

  • Quien está más centrado en su mundo externo y se guía solo por el qué dirán o por la necesidad  de complacer a los demás no se escucha a sí mismo.

No atiende a su propia conciencia, se descuida, y de ahí el malestar, la incomodidad y los problemas de autoestima.

  • En el lado contrario, tendríamos también quien se focaliza en su propio beneficio de un modo puramente egoísta, sin tener en cuenta a los demás.
  • La conciencia, como ya sabemos, está formada por nuestros valores y por esa esencia casi “instintiva” capaz de indicarnos qué es lo que está bien y qué es lo que está mal.

No obstante, hay quien no lo percibe o no lo escucha porque solo busca su propio bienestar sin atender valores, sin entender qué es la nobleza o el respeto.

Manos rodeadas de flores

Aprende a escuchar la voz de tu conciencia

No hay nada más saludable y enriquecedor que escuchar la voz de nuestra conciencia en el día a día.

Es posible que lo des por sentado, que te digas a ti mismo que ya lo haces y que tu vida avanza en esa sutil armonía donde cada uno de tus actos está en consonancia con tus valores y esencias.

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Ahora bien, a veces, las opiniones ajenas nos frenan un poco, así como los convencionalismos o lo que nuestros contextos más cercanos esperan de nosotros.

Así pues, intenta recordar estos sencillos consejos:

  • Si tu conciencia te dice que te vayas, no te quedes.
  • Si te dice que hables y digas la verdad, no hagas uso de la mentira.
  • Si te dice que protejas, no abandones.
  • Si te dice que te quedes y ayudes, no te vayas.
  • Si te dice que te arriesgues, no te acobardes.
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