Consecuencias de discutir frente al niño

19 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el psicólogo Bernardo Peña
Discutir frente al niño es una de las peores decisiones que podemos tomar como padres, ya que esto puede determinar su futuro desarrollo emocional. Te lo contamos todo a continuación.
 

Las riñas de pareja no pueden evitarse, son necesarias cuando hay situaciones que resolver. No obstante, lo que debemos impedir es que se transformen en peleas y, por supuesto, procurar no discutir frente al niño.

En este contexto, debemos diferenciar entre las discusiones razonables, en las que se exponen asertivamente diferentes puntos de vista, con tolerancia y respeto, y las agresivas.

Los niños que presencian agresiones verbales y físicas experimentan una sensación de angustia que luego se transforma en sentimientos de rabia, tristeza o miedo. Y cuando son bebés, las consecuencias a nivel psicológico son mayores.

Profundicemos.

Consecuencias de discutir frente al niño

1. A nivel subconsciente cuando son bebés

Niña agarrada a la pierna de su madre

Los recién nacidos son capaces de registrar en su subconsciente los estados de ánimo de quienes les rodean, incluyendo el tono de voz y los gestos. Igual que perciben el amor a su alrededor, también sienten cuando la situación está tensa, cuando el tono de voz es de enfado o si la mirada expresa agresividad.

2. En su desarrollo emocional 

No importa la magnitud de las discusiones, crecer en un clima familiar tenso puede provocar trastornos emocionales profundos. Así, discutir frente al niño favorece la aparición de problemas como la ansiedad y la falta de autoestima.

 

Un entorno tranquilo, donde el niño no esté involucrado en los conflictos de los adultos, contribuirá a un desarrollo psicológico armónico.

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3. En un niño de edad preescolar

En esta etapa, el niño no ha desarrollado por completo el lenguaje y busca expresarse mediante la comunicación no verbal. Por lo tanto, después de una discusión pueden llorar o ponerse impertinentes, siendo difícil consolarles.

Los niños en edad preescolar aún desconocen las causas del conflicto. Sin embargo, sus pensamientos todavía egocéntricos les llevan a responsabilizarse del altercado, y tienden a sentirse culpables de la tensión entre sus padres.

Las reacciones pueden variar dependiendo de cada niño. Algunos actúan como si no pasara nada; otros pueden desarrollar un miedo terrible y, tal y como hemos comentado antes, algunos expresan sus emociones llorando de manera histérica.

También suelen manifestar su disgusto a través de cambios en el ritmo del sueño o en la alimentación. Pueden retroceder a estados anteriores del desarrollo, como orinarse en la cama, estar irritables o mostrar su agresividad cuando realizan actividades.

4. En un niño de edad escolar

Niño con unas tijeras
 

En esta edad comienzan a entender lo que sucede. Se pueden sentir asustados o ansiosos y tener sentimientos de culpa hacia el padre o hacia la madre.

Por ello, se creen obligados a tomar partido. Las niñas suelen ponerse del lado de la madre, mientras que los varones tienden a defender a su padre.

En general, los pequeños se acaban acostumbrando a las frecuentes discusiones. Y es que, precisamente, estas son las que crean un clima familiar inestable o disfuncional.

Esto puede generar en los niños la necesidad de tener la situación bajo control. También, puede llevarles a no expresar sus verdaderas necesidades para evitar algún disgusto.

Los niños y las discusiones con ofensas 

Nunca se debe utilizar al niño para ofender o ir en contra del otro padre, sobre todo cuando los progenitores están separados o divorciados.

En todas las familias se generan discusiones, pero es importante hacer un esfuerzo por ser comprensivos, debido a que cada ser humano es diferente. Lo ideal es que el niño vea que sus padres se entienden y se aprecian, aunque ya no sean pareja.

Es preferible discutir en un lugar alejado de los niños

Padres que han empezado a discutir frente al niño
 

Las discusiones siempre deberían tener lugar donde los hijos no estén presentes. Es probable que sepan que sus padres han discutido, pero no sentirán que forman parte de la pelea.

Los niños, sobre todo los más pequeños, no son capaces de interpretar más allá de la palabra, creen todo al pie de la letra. Si escuchan a sus padres decirse frases como: «¡Estoy harto(a) de ti!», «No quiero volver a verte!”, no solo se asustarán, sino que también se sentirán inseguros, porque pensarán que sus padres pueden abandonarles.

Acudir a terapia de pareja y familia puede ser provechoso

Asistir a terapia de pareja sirve para mejorar la comunicación y restablecer un equilibrio entre los cónyuges. Por su parte, la terapia familiar es idónea cuando el niño presenta comportamientos inadecuados o síntomas psicosomáticos que requieren de intervención profesional.

En este proceso, el terapeuta ayuda a todo el núcleo familiar con el fin de promover relaciones positivas.

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Conversar con los niños es importante

A veces, es inevitable discutir frente al niño. En estos casos, es importante explicarles que todas las personas se enfadan, incluso cuando se quieren. Aprovecha el momento de diálogo para convencerle de que una discusión paterna no tiene nada que ver con él.

Si el conflicto ya está solucionado, se puede aprovechar para realizar actividades en familia. Si no es el caso, no se debe fingir que está resuelto porque los niños son capaces de percibir la tensión.

 

Los padres como modelo

Padres con su hijo

Los padres son un modelo fundamental para los hijos. Ver a uno de sus progenitores siendo maltratado verbal o físicamente creará una herida profunda que puede tener consecuencias en la personalidad del niño y en el adulto en el que se convertirá.

Es básico enseñarles que las personas, cuando tienen diferentes opiniones, deben recurrir al diálogo y que se puede crear un ambiente de tolerancia y respeto sin necesidad de enfadarse, gritar o decir palabras desagradables.

 
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