Consejos para eliminar la sal de tu dieta y mejorar tu salud

Podemos optar por sustituir la sal por especias y hierbas aromáticas, que le aportarán un sabor diferente a nuestros platos y, además, son mucho más sanas

La sal es un producto perjudicial para la salud. Aunque nuestro organismo la necesita en pequeñas cantidades, lo cierto es que los alimentos ya contienen esa dosis diaria necesaria.

En este artículo te explicamos cómo puedes eliminar la sal refinada de tu dieta y sustituirla por alternativas más saludables, así como algunos tips para potenciar el sabor de tus platos con otros alimentos beneficiosos.

Efectos negativos de la sal

El consumo excesivo de sal común provoca los siguientes problemas de salud:

  • Aumenta el riesgo de sufrir hipertensión arterial.
  • Provoca retención de líquidos e hinchazón.
  • Aumenta el apetito, lo cual contribuye al sobrepeso. También genera la necesidad de tomar bebidas dulces para compensar los efectos en el organismo.
  • Provoca una pérdida de calcio y una pérdida de masa ósea progresiva.
  • A largo plazo provoca un debilitamiento del hígado y los riñones.
  • Afecta de manera negativa a la salud ocular.

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Sal

¿Qué cantidad debemos tomar?

Una cucharadita de sal contiene 2 300 mg de sodio, lo cual es más que suficiente en nuestra alimentación diaria. Además, hay que tener en cuenta que los alimentos ya contienen el sodio que necesitamos, por lo que esta cantidad sería la máxima recomendada.

También debemos incluir la sal que contienen los alimentos procesados, como embutidos, quesos, enlatados, comida precocinada, etc.

No todas las sales son iguales

La sal más dañina para nuestro organismo es la sal común o sal de mesa, que es el equivalente al azúcar blanco.

No obstante, podemos encontrar muchos otros tipos de sal que son más saludables, ya que no han sido refinadas y, por lo tanto, contienen una gran cantidad de minerales y oligoelementos que compensan el cloruro de sodio de la sal común.

La sal saludable más habitual es la marina, que no ha sido procesada y, por lo tanto, es un alimento mucho más nutritivo si lo consumimos con moderación.

También podemos encontrar otras sales, como la del Himalaya, de Guerande, celta, persa, etc. Cada una de ellas tiene diferentes propiedades y toques de sabor.

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Jugar con las especias

Las especias son una opción excelente para condimentar nuestros platos de manera diferente y original y, de paso, reducir el consumo de sal sin que la comida deje de ser sabrosa.

Las especias picantes como la cayena, la pimienta o el jengibre nos ayudan a potenciar el sabor de las recetas a la vez que promueven la segregación de jugos gástricos, lo cual facilita la digestión.

Por otro lado, las hierbas como el perejil, la albahaca, el tomillo o el romero también son medicinales y se pueden incluir en la mayoría de las recetas.

Prueba también el curry, la cúrcuma, el pimentón ahumado o el cardamomo y te sorprenderás con los diferentes sabores.

Jugar-con-las-especias

El vinagre y el limón

También podemos potenciar el sabor de las recetas con dos alimentos medicinales:

El vinagre, en especial el de manzana, es un alimento con muchas propiedades para la salud. Podemos tomarlo en cantidades moderadas siempre y cuando no suframos hiperacidez gástrica.

En cambio, el limón, a pesar de ser un cítrico, lo podemos consumir siempre, ya que neutraliza los ácidos en el estómago. Si conseguimos limones ecológicos podemos rallar su peladura y usarla como condimento, así como congelarla para tenerla siempre a mano.

Con limón, vinagre y plantas aromáticas podemos preparar deliciosas vinagretas para potenciar el sabor de cualquier plato.

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Sal de apio

Una manera de compensar el sodio de la sal y consumir menos cantidad consiste en preparar una sal de apio casera.

El apio es una excelente fuente de vitamina C, ácido fólico, potasio, vitaminas B1 y B6 y fibra, y contiene cantidades importantes de vitamina B2 y de calcio. Aunque también contiene sodio, el potasio lo compensa y equilibra, y nos ayuda a reducir la hipertensión arterial.

Ingredientes

  • 200 g de sal marina o del Himalaya.
  • 100 g de apio fresco.

Elaboración

  • Dejaremos secar el apio fresco. Podemos hacer ramilletes y colgarlos bocabajo en un lugar seco y aireado, o bien en el horno. Si lo hacemos al horno pondremos debajo un papel absorbente y lo secaremos a fuego muy bajo.
  • Cuando tengamos el apio seco lo moleremos con la sal y lo conservaremos en un bote de cristal herméticamente cerrado.
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