Consejos para evitar el vértigo de las alturas

Automotivarnos y practicar es fundamental para poder vencer el vértigo de las alturas, aunque necesitaremos tiempo para lograrlo. Para ello debemos mentalizarnos poco a poco

Evitar el vértigo de las alturas no es tan difícil de lograr como muchos piensan. Tampoco es sencillo. Sin embargo, con buena voluntad y algo de esfuerzo, siempre se puede conseguir.

Los miedos tienen un efecto muy nocivo en la calidad de vida de las personas. A veces llegan a limitar el día a día de una forma severa.

Uno de los miedos comunes es el temor a las alturas. Estas les generan mareos a muchas personas y a veces náuseas y hasta ataques de pánico.

Se puede evitar el vértigo de las alturas con una serie de pasos que se deben aplicar de forma constante.

Es importante recordar que el miedo está en la mente. Por eso, solo se trata de cambiar de enfoque. Para lograrlo, vale la pena seguir estos consejos.

Mentalizarse para evitar el vértigo de las alturas

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Lo primero es hacerse consciente de que para evitar el vértigo de las alturas se debe enfrentar el miedo. Este no va a desaparecer por sí solo. Es necesario mirarlo de frente y aprender a tolerarlo.

Muchas personas no logran hacer esto súbitamente, sino de forma gradual.

Lo primero, entonces, es trabajar la mente para fortalecerla. Hay un ejercicio que puede ayudar en este propósito.

  • La persona debe tenderse sobre la cama y cerrar los ojos.
  • Luego, comenzar a visualizar mentalmente los sitios de gran altura que recuerde.
  • La idea es tratar de recrear todos los detalles del lugar.

Mientras se realiza esta visualización, se deben observar también las reacciones corporales. Percibir cómo están los latidos del corazón y la tensión en los músculos.

Así mismo, intentaremos definir cuáles son los aspectos específicos que causan miedo. Cuáles son los peligros que se temen. Esto ayudará a cobrar conciencia para evitar el vértigo a las alturas.

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Trabajar la respiración

El buen manejo de la respiración es una herramienta muy valiosa para combatir los miedos. La respiración ayuda a manejar las emociones y a recuperar el control.

Es una forma de oxigenar el cerebro y de ayudarle a que funcione mejor.

  • Basta con inspirar profundamente, de manera rápida. Lo más hondo que sea posible.
  • Luego, exhalar lentamente, tan suavemente como se pueda.

Esto se puede practicar en cualquier momento. Para evitar el vértigo a las alturas, lo ideal es que se respire de esta manera cuando la persona se enfrenta a un sitio alto.

Asimilar las experiencias pasadas

Ataque de panico

El miedo a las alturas a veces tiene su origen en experiencias desagradables del pasado.

En otras ocasiones, la persona no sabe de dónde viene el temor. Lo que sí recuerda son las innumerables ocasiones en que ha quedado paralizada por el miedo.

Cualquiera que sea el caso, hay un ejercicio que ayuda a disipar esa tensión.

  • Se debe tomar una libreta y anotar todas las experiencias desagradables al respecto. También en este caso es importante anotar hasta los más mínimos detalles.
  • Luego, se toma el papel y se le prende fuego. Al mismo tiempo se enfoca la idea de que ahora será posible evitar el vértigo a las alturas.

Entrenar todo el tiempo

Los miedos se vencen enfrentándolos. No hay otro camino. Algunas personas prefieren darles la cara de una vez por todas. Si se siente ese impulso, no hay que reprimirlo.

Cuando haay una experiencia plena de confrontación con el miedo, se dará un paso decisivo. Jamás volverá a sentirse el mismo nivel de temor.

Si ese no es el caso, basta entonces con enfrentar el problema gradualmente.

  • Primero, subir a sitios no tan altos y mirar fijamente hacia abajo. Respirar y tolerar el temor que pueda sentirse.
  • Después ir aumentando el grado de dificultad. Se puede, por ejemplo, subir a un ascensor panorámico. O mirar por la ventana de un piso cada vez más alto.

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Aplicar la automotivación

Miedo al fracaso

No se debe quitar mérito a ningún logro, por pequeño que sea. En este caso, la automotivación desempeña un papel fundamental.

Cada vez que se logre avanzar, es importante darse un premio. Aunque simplemente se haya conseguido mirar por 10 segundos desde un tercer piso.

Esos pequeños premios al esfuerzo van rindiendo sus frutos. Fortalecen la mente, incrementan la confianza y contribuyen a mantener el esfuerzo.

Nunca se deben pasar por alto los avances. Solo quien ha sentido vértigo frente a las alturas sabe que superarlo exige un valor gigantesco.