Consejos naturales para mejorar la circulación

Katherine Flórez · 21 noviembre, 2019
La salud no depende de un único factor sino de la suma de varios. Por ello, para disfrutar de una buena salud es necesario poner en práctica una serie de hábitos de vida que no solo sean coherentes sino que se complementen entre sí.

En primer lugar, acude al especialista y sigue sus indicaciones para mejorar tu circulación. Complementariamente, puedes realizar ciertas acciones o hábitos que tienen como objetivo principal mantener una buena calidad de vida. De hecho, adoptar buenas costumbres en el día a día puede marcar la diferencia entre una buena o mala calidad de vida.

El buen descanso, nutrición, hidratación y ejercitación son hábitos ‘naturales’ o comunes que conforman un estilo de vida sano y que tienen un gran potencial para brindarnos beneficios y bienestar.

La importancia de la alimentación

Dentro de los hábitos de vida, se suele insistir en la importancia de la buena alimentación. Esto se debe a que, el consumo de cierto grupo de alimentos contribuye significativamente a evitar molestias como los gases, la acidez estomacal, la pesadez. Además, en ocasiones estos poblemas pueden ir acompañados o intensificar diversos trastornos circulatorios.

De hecho, está comprobado que una dieta rica en sal y grasas saturadas perjudicia el organismo. En especial, si es pobre en agua, fibra y en alimentos con nutrientes esenciales como el potasio, los antioxidantes y los ácidos grasos poliinsaturados.

Dieta sana.

Ahora bien, ¿cómo llevar una dieta para mejorar la circulación?

Para empezar, es necesario reducir la ingesta de sodio y aumentar la cantidad ingerida de agua, así como de alimentos con un alto contenido de ésta y de otros nutrientes y vitaminas esenciales.

El siguiente paso será idear un plan alimenticio, con ayuda del médico y con un nutricionista, en función del estado de salud actual y las necesidades del organismo. En este sentido, es importante recordar que cada persona tiene necesidades distintas y que no todas las recomendaciones aplican para todos los casos.

Por ejemplo, la mayoría de los planes alimenticios destinados a favorecer la salud cardiovascular suelen incluir una gran cantidad de fibra, pero puede que el paciente necesite darle una prioridad aún mayor a la ingesta de ácidos grasos poliinsaturados.

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¿Para mejorar la circulación, hay que controlar el estrés?

De acuerdo a diversas investigaciones, no solo hay una relación entre la circulación y los hábitos de vida (como la alimentación, el sueño y el ejercicio) sino también, con factores como el estrés crónico. Este, cuando se presenta de manera sostenida y prolongada, puede llegar a afectar el sistema circulatorio.

¿Y cómo se produce? Pues bien, en casos extremos, el estrés crónico puede llegar a provocar un aumento significativo de la presión arterial, la frecuencia cardiaca, los niveles de triglicéridos y colesterol en la sangre e, incluso, puede aumentar la producción de ciertas hormonas que, en exceso, resultan perjudiciales para la salud.

El estrés crónico implica un desgaste continuo del organismo por una sensación constante de amenaza. Y si bien es común asociar dicho desgaste solamente con dolores musculares, cervicales, migrañas, problemas digestivos, lo cierto es que también se asocia a problemas como la mala circulación.

Los pacientes que sufren de hipertensión y han sido diagnosticados con trastornos circulatorios severos, deben procurar llevar un estilo de vida sano que incluya un buen manejo del estrés, para evitar que este cause estragos mayores en su salud.

Es fundamental controlar el estrés

En definitiva, es necesario aprender a gestionar correctamente las emociones y controlar el estrés para poder gozar de buena salud. Existen muchas formas de lograrlo y, tan solo hay que buscar la opción que mejor se ajuste a las preferencias personales.

De hecho, no hay que olvidar que siempre es posible recurrir al apoyo psicológico. Los profesionales de esta área están capacitados para llevar a cabo un tratamiento adecuado, enfocado a conseguir que la persona tome, por sí misma, las medidas que le permitirán obtener bienestar.

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