¿Cómo controlar la rebeldía de tu hijo?

La rebeldía es una conducta normal entre niños de 2 y 6 años, así como en los adolescentes. Es importante comprender al niño, escucharlo, ofrecerle amor; pero también, corregirlo con la firmeza necesaria.

La rebeldía de tu hijo suele manifestarse de diferentes maneras, según la edad que tenga. Conforme va creciendo surgen numerosos cambios, muchos motivados por la definición de su identidad.

Existen dos etapas clásicas de rebeldía en los hijos, entre los 2 y 6 años y cuando llegan a la adolescencia. En estas etapas, el niño o el adolescente quiere ejercer e imponer su voluntad.

Existen otros períodos de rebeldía, por ejemplo, cuando los hijos sufren por cambios ocurridos en su entorno, dificultando ello la relación con los padres. Este sufrimiento puede traducirse en rebeldía.

Esta conducta, la rebeldía, es considerada normal, por la cual no debemos alarmarnos en demasía. Estas etapas de rebeldía son en alguna medida necesarias, ya que en estas el niño forja su personalidad, su identidad, su individualidad.

Ante ello, resulta esencial que aceptes y comprendas la rebeldía de tu hijo, pero también que sepas qué hacer, según el caso. Tu reto como padre es manejar su rebeldía de forma tal que forje su identidad, sin incurrir en malas conductas.

Estrategias para controlar la rebeldía de tu hijo

Quizá hayas escuchado que durante estas etapas debes enseñarles disciplina con amor. Aunque sean pequeños, son capaces de relacionar lo que hacen con lo que se les pidió que hicieran. Debes hacer acopio de toda tu paciencia, respondiendo a las rabietas con calma y control.

También, es fundamental que regules su conducta aplicando determinadas estrategias, tales como:

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1. Establece normas y sanciones claras

Hijos

Si desde pequeño conoce las normas familiares y las sanciones a las que se enfrentaría si las incumple, le será más fácil sentirse seguro. Esto no significa que nunca las desafiará, por lo que es importante que las sanciones se ejecuten, tal y como las has establecido.

2. No celebres las conductas inapropiadas

La rebeldía de tu hijo se ve repotenciada cuando, como padre, celebras entre risas su mal comportamiento. Aunque de momento te resulte muy gracioso, le estas dando un doble mensaje a tu hijo. Como consecuencia, te irá perdiendo el respeto de manera progresiva.

3. Refuerza las conductas positivas

qué sucede con el hijo

Uno de los errores más comunes que cometemos los padres es el de resaltar las conductas negativas por encima de las positivas. Como padre, puedes estar reforzando estas conductas negativas de manera indirecta cuando permanentemente haces comentarios sobre las mismas y poco reconoces lo que tu hijo sí hace bien.

Elogia lo bueno que hace tu hijo, ello es tan importante como reprender los malos comportamientos en su justa medida.

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4. Demuestra amor incondicional

Aunque tu hijo falle una y otra vez, debe estar seguro de que siempre contará con tu amor. Explícale que tu molestia es por su forma de actuar. Pónte en su lugar, compréndelo y escúchalo. Evita gritarle y esfuérzate por conservar la calma.

En el caso de que ya esté en la adolescencia, no cuestiones su estado de ánimo y deja que tenga su propio espacio.

5. Reconoce si estas fomentado la actitud rebelde de tu hijo

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Muchas veces la rebeldía de tu hijo puede ser generada por alguna situación familiar que, como padre, no sabes cómo manejar. La separación o distanciamiento emocional de papá y mamá es una de las causas más comunes.

Sí existe algún tipo de tensión entre los progenitores es probable que los hijos las perciban e intenten desviar la atención sobre ellos. También, las preferencias por alguno de los hijos provoca en los demás actitudes rebeldes.

6. Ofrece alternativas

Ofrecer alternativas a los hijos los ayuda a reafirmarse positivamente ante las circunstancias. También, contribuye en el desarrollo de habilidades para la toma de decisiones en su vida adulta.

Ofrecerle alternativas a tu hijo puede implicar, entre otras cosas, negociar con él. Por ejemplo, permitirle que vea televisión hasta cierta hora, si antes cumple con sus deberes escolares.

7. Emplea un lenguaje positivo

Madre con su hijo en el psicólogo

El lenguaje afirmativo resulta mucho más eficaz que uno negativo e impositivo. Un lenguaje positivo no promueve la actitud desafiante que producen las prohibiciones. No te enfoques desde el lenguaje en lo que tu hijo no debe hacer, haz lo contrario.

Cuando te dirijas a él, háblale de lo que sí puede hacer. Por ejemplo, dile: “Puedes jugar con la bicicleta en la terraza”, en lugar de: “No puedes jugar con la bicicleta dentro de la casa”. Otro ejemplo, dile: “Puedes tocar la guitarra en el sótano”, el vez de decirle: “No puedes tocar la guitarra en tu habitación”.

Reflexión

Ningún niño nace con un manual sobre cómo educarlo, por lo que muchos padres nos enfrentamos a esa tarea con muy pocas herramientas. No podemos limitarnos a ejercer nuestra autoridad, sin preocuparnos por saber qué están viviendo nuestros hijos.

Cada niño es único y especial, y su forma de reaccionar ante las situaciones dependerá en gran medida de lo vea en su hogar a lo largo de su crecimiento.