Las cosas me afectarán tanto como yo permita que me afecten

Debemos aprender la forma en que no nos afecte todo lo que nos rodea. No se trata de convertirse en un ser sin sentimientos, sino en poner muros y ver las cosas en perspectiva

Todos somos más o menos permeables. Habrá a quien le afecten más unas cosas que otras.

Sin embargo, algo que debemos tener claro es que siempre será adecuado disponer de unas adecuadas barreras emocionales.

En nuestras relaciones del día a día, cada uno de nosotros deberíamos ser capaces de aplicar esa famosa expresión de “ser y dejar ser”.

No obstante, lo que encontramos muchas veces es justo la versión opuesta: “yo soy y no te dejo ser”.

Las críticas, las mentiras encubiertas, los egoísmos sibilinos, las falsas amabilidades, las personas que aman discutir, las que ven problemas cuando solo existe armonía…

Son pequeños ejemplos de esas artes poco respetuosas que pueden llegar a enturbiar nuestro equilibrio interior.

Ahora bien, lejos de intensificar aún más esta sensación negativa apegándonos a ellas, debemos ser capaces de mantener una mente fría.

Si permites que te afecten hasta el punto de cambiar tu humor, tu forma de relacionarte e incluso de ver la vida, estarás perdiendo muchas cosas.

No te conviertas en prisionero de mentes cuadradas. No te dejes controlar por lo que no vale la pena. Asume quién eres, lo que eres y lo que vales y sé libre de quien te trae tempestades cuando tú solo ansías calma.

Las emociones se contagian: abre tu paraguas protector

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Hablábamos al inicio de la permeabilidad. Este fenómeno donde, de pronto, acabamos recibiendo de los demás una determinada carga emocional que cambia por completo nuestro estado de ánimo.

Es un hecho tan común como peligroso.

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El propio Daniel Goleman hablaba de ello en su libro Inteligencia Social. Casi nadie es inmune a esos contextos donde cada día hacemos vida.

  • El comportamiento de unos impacta de un modo determinado sobre otros, para bien o para mal. Sin embargo, ese “virus” emocional, lejos de detenerse, sigue llegando a más personas.

Para comprenderlo, te pondremos un ejemplo.

Tienes el clásico compañero que siempre busca crear rencillas. Sus críticas constantes, su negativismo y su falta de respeto impacta sobre ti generándote mal humor.

A su vez, ese mal humor también llega contigo a casa, contagiando a tu familia a través de tu apatía, de tu malestar.

No se trata en absoluto de que las cosas no nos afecten. Algo así es imposible. El ser humano es puramente emocional; no somos mentes rocosas exentas de emociones y sentimientos.

Así pues, se trata más bien de cambiar el polo de esa energía negativa. Hay que buscar el equilibrio, abrir el paraguas emocional y recordar que, si  algo te afecta demasiado, pierdes calidad de vida.

Relativiza, protégete.

Tu palacio de calma

mujer con un pez relajand su mente

Aunque no lo creas, ahí, en un rincón de tu cerebro, tienes un palacio de calma. Es más grande por dentro que por fuera, y se convierte en un refugio magnífico donde relativizar, donde hallar armonía.

  • Deja que el hablador hable.
  • Permite que el criticón se envenene con su propia ponzoña.
  • Deja que el desordenado se pierda en su propio caos.
  • Aléjate de quien te trae amarguras recordándote lo mal que va todo.
  • Busca la calma cuando ese alguien te usa como diana para sus críticas porque no tiene otra cosa que hacer.

Este palacio de calma no es un escondite. Es un lugar donde recordar, por encima de todo,  QUIÉN ERES TÚ. No importan las críticas ni las ofensas, solo son ruido ambiental.

Porque cuando uno tiene muy claro quién es y lo que vale, lo que digan los demás no importa. 

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Las cosas que me afecten las afrontaré con dignidad

mujer en barca evitando que las cosas le afecten

Abrir nuestros paraguas emocionales para evitar que determinadas cosas nos afecten no implica ser pasivos. No quiere decir que debamos llevar a cabo la “no resistencia” para dejarnos manipular o asediar.

  • Mantener el equilibrio interior es un modo de no intensificar determinadas situaciones ante las cuales no vale la pena perder el tiempo.
  • Un ejemplo de ello serían las discusiones. Muchas veces nos es imposible incluso dialogar con alguien porque no entiende qué es comunicar sin gritar. E incluso dialogar sin buscar tener siempre la razón.
  • Hay batallas en las que es mejor no perderse. Porque en ocasiones, para vencer a la ignorancia hay que ponerse a su altura y ahí, lo perdemos todo.

Lo mejor es saber mantener la mente fría. Sin embargo, la mente equilibrada también entiende de dignidad. Siempre que nos sintamos vulnerados, es necesario reaccionar y poner límites al instante.

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En caso de no hacerlo, los demás seguirán ganando más terreno y avanzando en su asedio. Hablar con asertividad y firmeza no es agredir, es defender nuestros derechos.

Algo que deberemos llevar a cabo con respeto, pero poniendo barreras.

Para concluir, sabemos que, a veces, convivir no es fácil. Sin embargo, quien elige ver la vida con los cristales del respeto, la armonía y dignidad, evita siempre dar importancia a ciertos aspectos.

Al fin y al cabo la gente dice y hace cosas, y tú eliges si te afectan o no.

 

 

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