El coste psicológico de darlo todo por una relación

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña el 3 abril, 2019
Raquel Lemos Rodríguez · 3 abril, 2019
Darlo todo cuando la otra parte no está al mismo nivel de compromiso puede ser algo destructivo para nuestro bienestar psicológico, por lo que debemos ir con cuidado

Aunque sabemos que darlo todo por una relación puede tener un coste psicológico descomunal para nosotros, lo hacemos. Y mucho más a menudo de lo que pensamos, ya sea porque la sociedad nos insta a ello o porque nos lo han enseñado así. De hecho, nos lo imponemos casi como una obligación.

Pensamos que, si no lo hacemos, otros nos echarán en cara que no amamos a esa persona especial con la que decidimos compartir y que si la relación se »va a pique», será por nuestra culpa, porque »no pusimos de nuestra parte» o no hicimos lo suficiente.

Profundicemos más acerca de este tema tan común en la sociedad y que no deja de mantenerse vigente a continuación.

La presión social a la hora de darlo todo por una relación

Una de las creencias que nos empujan a darlo todo por una relación es pensar que tenemos que dar el cien por cien de nosotros para demostrar que sí amamos con todo nuestro corazón. Y si bien se trata de una creencia muy extendida, lo cierto es que no es sana. En realidad, no deberíamos de cargar con esa imposición. 

Consecuencias de darlo todo en una relación.

En relación a esto, otro gran problema radica en el hecho de que, en la gran mayoría de los casos, nosotros damos el cien por cien pero, ¿y la otra persona? A veces no está dando ni un veinte por ciento. Amar a alguien no significa dar el cien por cien de nosotros, por lo que puedan creer los demás, mientras la otra persona no aporta nada.

Tarde o temprano, o le exigiremos a la otra persona que dé un porcentaje similar (que cambie) o nos desgastemos hasta que el vínculo se vaya debilitando y, finalmente, se rompa.

Sin un buen trabajo en equipo, los cimientos que intentemos construir por cuenta propia, se vendrán abajo. Y como todos tenemos un límite, no podemos tirar solos de una relación por siempre. 

Entonces, toda esa presión social que nos instaba a desgastarnos y darlo todo por una relación, provocó en nosotros una ceguera que nos impedía ver que la otra persona no estaba haciendo nada y que, quizás, lo mejor sería cortar el vínculo.

Esa ceguera hizo que nos colocásemos sobre la espalda un peso enorme, sin poder abrir los ojos para descubrir que la relación ideal es esa en la que cada quien da un cincuenta por ciento y que amar a alguien no implica sacrificio, ni desgastarnos hasta que no quedase nada de nosotros mismos.

Debemos entender que amar a alguien no tiene por qué ser una lucha por ‘vencer’ todo lo que los demás puedan pensar. No se trata de dejarse llevar por la presión social. El amor, el de verdad, en ningún caso genera malestar.

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Las expectativas que nos sumergen en un bucle de dolor

Además de todas las creencias que podemos tener con respecto a las relaciones amorosas, también existen las expectativas. Muchas de ellas están influenciadas por nuestro entorno, pero otras son derivadas de esa fase de enamoramiento en la que nos ponemos una venda en los ojos.

Por ejemplo, la expectativa de que una relación puede superar cualquier bache que se le presente y de que todo irá bien a pesar de todos los problemas, puede provocar que nos convirtamos en esclavos de nuestra propia relación de pareja.

No abrimos los ojos ante esos problemas, no los diferenciamos, nos da exactamente igual. Tratamos todas las adversidades por igual, sin discriminar. Soñamos con que seguiremos adelante, pase lo que pase, porque »el amor lo puede todo».

No obstante, el amor no es que lo pueda todo, el amor está o no está. No es una lucha, una batalla, ni una fuente de dolor constante.

En el momento en que una relación agota, cansa y nos supone una gran responsabilidad, es importante abrir los ojos para observar detenidamente si estamos yendo por el buen camino. Porque el amor debería ser algo bonito, ¿no?

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En el amor, las cosas deben estar claras

Está claro que debemos deshacernos de muchas creencias y expectativas que nos hacen concebir el amor como algo precioso pero, a la vez, destructivo para nosotros mismos. El amor verdadero no implica una desvalorización, ni debe llevarnos a tener una baja autoestima ni depresión.

Es importante que reflexionemos sobre lo bonito que suena ese «darlo todo por una relación» y que, aunque queda genial en las películas, en la vida real, no es exactamente lo mejor.

Aprendamos a ver al amor sin presión social, expectativas ni creencias que nos lleven por el camino del dolor. ¡Quitémonos la venda de los ojos de una vez!