¿Por qué crees que no te lo mereces? - Mejor con Salud

¿Por qué crees que no te lo mereces?

Te mereces mucho más de lo que piensas. El problema es que siempre nos han educado con el refuerzo negativo, por lo que nos restamos méritos que realmente nos pertenecen
Crees que no te lo mereces

Seguro que en muchas ocasiones crees que no te mereces algo. Ese ascenso en el trabajo, que te digan lo bien vestido que vas, lo bien que has sabido llevar a cabo ese proyecto…

Todo esto puede deberse a una gran falta de autoestima, aunque también puede ser fruto de una fuerte desconfianza en ti mismo.

Muchas personas no están acostumbradas a los halagos. De hecho, se sienten muy incómodas cuando alguien les señala lo bien que están haciendo algo.

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Esto es posible que tenga su origen en una infancia donde se utilizó el refuerzo negativo como forma de aprendizaje. Por eso, ahora, te cuesta tanto admitir que puedes hacer las cosas bien.

¿No te lo mereces porque crees que nunca haces nada bien?

Madre riñéndole a su hija

Si en tu infancia tus padres optaron por brindarte un refuerzo negativo “no ayudas nada a mamá”, “tienes todos tus juguetes tirados por el suelo”, “mira qué mal te portas”, lo más probable es que creas que no te mereces que te digan lo que haces bien.

Cuando los padres enseñan basándose en el refuerzo negativo es muy probable que los niños sufran posteriormente de una baja autoestima.

Debido a esto creerán que no son suficientemente buenos, que lo hacen todo mal pero, sobre todo, que no se merecen que los demás les prodiguen ningún halago.

Basándote en esto, si te has dado cuenta de que crees que no te mereces nada de lo que te dicen que haces bien, revisa tu pasado. Regresa a tu infancia y contesta a la pregunta ¿cómo te educaron tus padres?

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Lo más probable es que te des cuenta de que nunca te decían lo que hacías bien, pues te repetían que eso era lo que debías hacer.

Sin embargo, su insistencia en aquellos aspectos negativos te hicieron creer que lo hacías todo mal, minando la confianza en ti mismo y creyendo que no eres merecedor de nada.

Hay que reconocer las críticas, pero también los halagos

Hombre con bolsa en la cabeza

Cuando crees que no te mereces recibir un halago, no lo aceptas y, por ende, eso significa que no estás convencido de las virtudes que atesoras.

¿Consideras que no hay nada bueno en ti? ¿Prefieres recibir una crítica a un halago? ¿Por qué rechazas que te digan lo que has hecho bien?

Es natural que, si has recibido un refuerzo negativo en tu infancia, te cueste aceptar que hay cosas buenas en ti. Pero, ¡sí las hay! y hoy es el momento de reconocerlas.

Tendemos a fijarnos mucho en nuestros defectos, aquello que hacemos mal, en lo que tropezamos… No obstante, dejamos de lado lo que nos caracteriza, lo que hacemos bien.

Ser puntuales, organizados y efectivos, ser empáticos y saber escuchar a los demás, estar siempre ahí para nuestros seres queridos, trasmitir confianza, ser buenos estudiantes…

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Hay muchas cosas que pueden ser virtudes en las que jamás nos hemos detenido a pensar. Hoy te animamos a que tomes un papel y empieces a anotar tus virtudes.

Piensa en todo aquello que se te da bien, que te hace feliz y que, sobre todo, te transmite seguridad. Analiza tus cualidades y no las pierdas de vista. Es el momento de empezar a aceptarlas.

Ten presentes tus virtudes al igual que tus limitaciones

Hombre con bolsa en la cabeza

No tires ese papel escrito con todas esas cualidades que te pertenecen, pero que mantenías en un cajón cerrado bajo llave.

Siempre tienes presentes tus limitaciones, aquellas piedras que sabes que vas a encontrar en tu camino y que te costará horrores sortear.

Pues, del mismo modo, es completamente necesario que tengas en mente todas y cada una de tus virtudes. Solo así podrás ser consciente de todo lo que te mereces.

Te mereces más de lo que crees y piensas. Cada halago, cada palmada en la espalda, cada sonrisa de aprobación.

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No siempre tienes que fijarte en los defectos que tienes, pues también cuentas con virtudes maravillosas que los demás admiran y señalan.

Deja de negarlas y empieza a abrazarlas. Acéptalas y deja de quitarte méritos.