Crisis de pareja, ¿necesarias o problemáticas?

Las crisis de pareja nos ayudan a conocer mejor a la otra persona y a fortalecer la relación. En caso contrario, son las que nos terminan de abrir los ojos

En todo tipo de relación humana es normal que surjan momentos de crisis, también en la de pareja. Cualquier persona tiene necesidades y maneras de afrontar los factores de la vida y el entorno, que pueden entrar en conflicto con los de los demás.

En las relaciones de pareja pueden surgir problemas que parecerían insalvables, pues los humanos no somos infalibles.

Lo importante, cuando ocurren estas situaciones, es tener la capacidad de salvar las relaciones. Esto es posible cuando existe la voluntad.

Si realmente se quiere salvar la relación, no será difícil la puesta en práctica de soluciones para reencontrar la empatía perdida. Incluso la relación puede resultar fortalecida al superar la crisis.

Las etapas de la vida en pareja y su relación con las crisis

Según estudios realizados, existen diferentes etapas de la vida en pareja. En cada una de ellas puede haber fuentes de conflicto que exigirán soluciones particulares:

1. Enamoramiento

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Desde el primer mes hasta los 18 o 30 meses. Es la etapa del deslumbramiento por el otro y de la pasión; hay empatía, cooperación y conocimiento.

Son menos probables las crisis debido al temor a la pérdida. Quizá haya celos y surjan problemas por el conflicto entre la dominación y la necesidad de autonomía.

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2. Vinculación y relación

Período de los 18 meses al tercer año. El apasionamiento ha decaído un poco y se hacen notorias algunas diferencias que en la etapa de enamoramiento se ignoraban.

Quizá se comiencen a recuperar las relaciones con amigos y las aspiraciones individuales. Asimismo, es posible que haya tensión, si no se aceptan y toleran esas diferencias.

3. Consolidación de la convivencia

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A partir del segundo año, y debido a la confianza, diversos motivos domésticos y posible injerencia de parientes pueden provocar discusiones.

Esas discusiones deben llevar a acuerdos; debe evitarse el dramatismo que conduzca a un malestar irreversible.

4. Autoafirmación

Del año tercero al cuarto se hacen más visibles las diferencias y necesidades individuales, y se pasa menos tiempo juntos.

Si hay inseguridad o baja autoestima en alguno de los miembros de la pareja, se genera tensión por la mayor dedicación al trabajo o profesión. Si no se supera positivamente esta etapa, la relación podría terminar.

5. Colaboración

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Del año quinto al 15.º. Si hay hijos, existe un proyecto común que vuelve a unir a la pareja. Puede reaparecer el entusiasmo y, si hay apoyos en los proyectos individuales, ambos se fortalecen.

La seguridad y la rutina pueden desembocar en un distanciamiento; por ello es muy importante recuperar la “chispa” con ciertas medidas.

6. Adaptación

Del año 15.º al 25.º. Si los miembros de la pareja han salido airosos de los cambios experimentados, es muy posible que se afiance la relación.

Si los hijos ya se han ido, la pareja vive una nueva oportunidad de intimidad. Quizá se sufran las crisis de la mediana edad y los achaques. Es una etapa de revisión de todo lo vivido, donde se pueden recuperar viejos intereses o adquirir nuevos.

Otras incidencias

Además de los problemas que pueden presentarse en estas etapas, hay muchos otros motivos de conflicto en una relación amorosa. Son de diferente gravedad y aparecen en cualquier fase.

Pueden ser económicos, sexuales, de poder, de intereses, por carácter o costumbres incompatibles, posibles desacuerdos y momentos de mucha tensión en la crianza de los hijos o la administración del hogar.

Más graves son los hechos concretos como la traición o trastornos psicológicos de uno de los dos.

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Aprendizaje resultante de las crisis de pareja

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Las crisis podrían considerarse necesarias si de los conflictos superados se obtienen las enseñanzas adecuadas, que pueden servir ante futuros problemas.

Según el tipo de conflicto, algunos de los aprendizajes resultantes son:

  • La comunicación y sinceridad minimizan la posibilidad de nuevos conflictos.
  • La pareja es “otra persona”: hay que respetar su autonomía y espacio.
  • Los acuerdos son necesarios y deben respetarse. Nada debe darse por sentado o supuesto.
  • El reconocimiento de errores, ceder y disculparse puede sanar las heridas.
  • Todo conflicto es una oportunidad para mejorar.
  • Se debe recuperar el amor de la primera etapa, volver a valorar todo lo que representa el otro.

Aunque estos aprendizajes son posibles, debe reconocerse el momento en que llega el fin, para impedir un grave daño. Los elementos de conflicto deben colocarse en una balanza, compararlos con lo positivo y actuar en consecuencia.

Más que necesarias, las crisis de pareja son inevitables. Así pues, no se trata de evitarlas, sino de saber cómo manejarlas.

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