Cruzar las piernas, un hábito que puede ser perjudicial

Carolina Betancourth·
11 Octubre, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el médico José Gerardo Rosciano Paganelli al
27 Diciembre, 2018
Para prevenir dolores de espalda e incluso posibles trombos en las piernas que podrían comprometer nuestra salud debemos mantener una correcta higiene postural y evitar cruzar las piernas, para favorecer la circulación

El hábito de cruzar las piernas es un gesto automático que proporciona sensación de comodidad. Pero ¿sabías que hacerlo con regularidad puede derivar en algunos problemas de salud?

Aunque es una postura muy común, se trata de un movimiento forzado que altera el funcionamiento de las articulaciones y del complejo sistema circulatorio que se ven implicados.

En la actualidad, gran parte de los diagnósticos de enfermedades de las articulaciones tienen algún tipo de relación con las malas posturas y los llamados “vicios posturales” que son bastante comunes entre las personas.

El cruzar las piernas es uno de ellos y, de hecho, en las mujeres es una de las causas principales de las dolencias que aquejan las piernas al llegar a la edad adulta.

Los peligros de cruzar las piernas

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Al cruzar las piernas la persona experimenta una falsa sensación de bienestar que le puede hacer repetir este movimiento una y otra vez. Sin embargo, al estar sentados, la musculatura de la zona se relaja y el grupo muscular que debería estar contraído para protegerla no actúa en forma adecuada. Por este motivo, puede provocarse una sobrecarga sobre la pelvis.

Esa fuerza que se ejerce sobre la pelvis y la relajación falsa que produce conllevan a formar un espacio entre la cabeza del fémur y el acetábulo. Esto produce a su vez que la articulación salga del eje provocando un leve desplazamiento del muslo.

Pero eso no es todo. Al abadonar esta posición, la musculatura necesita de un tiempo para reactivarse y en pocas ocasiones se lo proporcionamos. Como resultado, pueden aparecer problemas en la cadera y piernas desniveladas, lo cual a largo plazo puede ser motivo de dolor y tensión frecuente.

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1. Problemas de circulación sanguínea

La circulación sanguínea

Uno de los problemas inmediatos que provoca este mal hábito tiene que ver con la circulación sanguínea. Por las piernas pasan algunas de las arterias más importantes del cuerpo, responsables de suministrar el riego sanguíneo a la zona. Con el hábito de cruzar las piernas, se aprietan y se obstruyen los vasos sanguíneos, lo que altera el flujo normal.

De esta forma, se va acumulando la sangre en las venas, dificultando así su retorno al corazón. La deficiencia en la circulación de la sangre puede derivar en otras afecciones del sistema como:

  • Dificultades respiratorias.
  • Dolor de pecho.
  • Pérdida del conocimiento.
  • Formación de coágulos de sangre en el interior de una vena.
  • Inflamación y dolor en las piernas.

Se le debe prestar mucha atención a este tipo de problemas, ya que el trombo que forma podría desprenderse e ir hasta el pulmón, lugar donde la obstrucción puede derivar en consecuencias fatales, como la embolia de pulmón.

Además, según algunos estudios, la presión sanguínea también puede aumentar cuando nos sentamos con las piernas cruzadas.

2. Venas várices

Las várices son una señal de mala circulación sanguínea que, entre otras causas, pueden estar provocadas por tener este hábito todos los días. Para evitarlas se aconseja no pasar mucho tiempo sentados, ejercitar las piernas y evitar tenerlas cruzadas durante largos periodos.

3. Efectos en la espalda

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Al cruzar las piernas, el peso se carga en un solo lado. Esto puede derivar en graves inconvenientes con la higiene postural. La columna se adapta entonces a una nueva distribución de peso, forzándose para aguantar la carga mal distribuida.

A largo plazo, pueden generarse graves problemas en la espalda, como dolor y problemas para adquirir una postura correcta.

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Cómo evitar los efectos negativos de esta postura

Para evitar todos estos efectos negativos es importante ser conscientes del daño que produce este hábito. Al sentarnos, lo ideal es tratar de mantener la espalda erguida para no sobrecargarla ni generarle tensión.

En lo posible se deben mantener ambos pies apoyados en el suelo. De esta manera, el peso se distribuirá en ambas piernas y no generará presión sobre la pelvis.

También cabe recordar que una buena dieta y la práctica de ejercicios es esencial para mantener en forma la musculatura de esta área del cuerpo y, en especial, todo lo que tiene que ver con las arterias y las venas. Si sufres de dolor recurrente, no dudes acudir al médico para que realice su diagnóstico.

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