Cruzar las piernas, un hábito que puede ser perjudicial

Para prevenir dolores de espalda e incluso posibles trombos en las piernas que podrían comprometer nuestra salud debemos mantener una correcta higiene postural y evitar cruzar las piernas, para favorecer la circulación

El hábito de cruzar las piernas es algo que la mayoría de personas hacemos de forma involuntaria al sentarnos pues, al parecer, es un gesto automático que proporciona sensación de comodidad.

Pero, a pesar de parecer algo inofensivo y normal, no saber controlarlo y hacerlo con regularidad puede derivar en algunos problemas para la salud del cuerpo que, por lo general, se manifiestan a mediano y largo plazo.

Por ser un gesto tan común, algunas personas podrían pensar que es algo natural del ser humano. Sin embargo, se trata de un movimiento forzado que altera el funcionamiento de las articulaciones y del complejo sistema circulatorio que atraviesa por allí.

En la actualidad gran parte de los diagnósticos de enfermedades de las articulaciones tienen algún tipo de relación con las malas posturas y los llamados “vicios posturales” que son bastante comunes entre las personas.

El cruzar las piernas es uno de ellos y, de hecho, en las mujeres es una de las causas principales de las dolencias que aquejan sus piernas al llegar a la edad adulta.

Los peligros de cruzar las piernas

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Al cruzar las piernas la persona experimenta una falsa sensación de bienestar que le puede hacer repetir este movimiento una y otra vez.

Sin embargo, al estar sentados, la musculatura de la zona se relaja y el grupo muscular que debería estar contraído para protegerla no actúa en forma adecuada y, por el contrario, provoca una sobrecarga sobre la pelvis.

Esa fuerza que se ejerce sobre la pelvis y la relajación falsa que produce conllevan a formar un espacio entre la cabeza del fémur y el acetábulo, lo que a su vez hace que la articulación salga del eje provocando un leve desplazamiento del muslo.

Pero eso no es todo. Una vez nos hemos levantado y dejamos esta posición, la musculatura necesita de un tiempo para reactivarse y en pocas ocasiones se lo proporcionamos.

El resultado de todo esto son unas piernas desniveladas y problemas en la cadera, lo cual a largo plazo puede ser motivo de dolor y frecuente tensión.

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Problemas de circulación sanguínea

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Uno de los problemas inmediatos que provoca este mal hábito tiene que ver con la circulación sanguínea.

Por las piernas pasan algunas de las arterias más importantes del cuerpo, responsables de suministrar el riego sanguíneo a esta parte del cuerpo.

Con el hábito de cruzar las piernas, se aprietan y se obstruyen los vasos sanguíneos, alterando el flujo que pasa por esta zona inferior.

Al ocurrir esta dificultad, se va acumulando la sangre en las venas, dificultando así su retorno al corazón.

La deficiencia en la circulación de la sangre puede derivar en otras afecciones del sistema como:

  • Dificultades respiratorias.
  • Dolor de pecho.
  • Pérdida del conocimiento.
  • Formación de coágulos de sangre en el interior de una vena.
  • Inflamación y dolor en las piernas.

Se le debe prestar mucha atención a este tipo de problemas, ya que el trombo que forma podría desprenderse e ir hasta el pulmón, lugar donde la obstrucción puede derivar en consecuencias fatales, como la embolia de pulmón.

Venas várices

Las várices son una señal de mala circulación sanguínea, provocada por las dificultades del sistema, que se producen por tener este hábito todos los días.

Si no quieres padecer a causa de este problema, se aconseja ejercitar las piernas todos los días y evitar cruzarlas al máximo.

Efectos en la espalda

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El cruzar las piernas hace que el peso se cargue en un solo lado, lo que deriva en graves inconvenientes con la higiene postural.

La columna se ve en la obligación de adaptarse a una nueva distribución de peso y, con ello, tiene que forzarse para aguantar la carga que está mal distribuida.

A largo plazo lo que esto puede generar son graves problemas en la espalda, incluyendo dolor y problemas para adquirir una postura correcta.

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Recomendaciones

Para evitar todos estos efectos negativos es importante ser conscientes del daño que produce este hábito y, al sentarnos, tratar de mantener la espalda erguida para no sobrecargarla ni generarle tensión.

Así mismo, en lo posible se deben mantener ambos pies apoyados en el suelo, para que el peso se distribuya en ambas piernas y no genere presión sobre la pelvis.

También cabe recordar que una buena dieta y la práctica de ejercicios es esencial para mantener en forma la musculatura de esta área del cuerpo y, en especial, todo lo que tiene que ver con las arterias y las venas.