¿Cuáles son las señales de alerta de la diabetes?

Las principales señales de alerta de la diabetes son la orina frecuente, sed constante, fatiga crónica, visión borrosa, infecciones recurrentes y dificultades de cicatrización, entre otras.

La diabetes puede tardar años en manifestarse. Se estima que hay más de 415 millones de adultos en el mundo que la padecen. Sin embargo, desafortunadamente no todos ellos saben que tienen esta enfermedad. Esto, por supuesto, los pone en condición de riesgo.

La dificultad estriba en que varios de los síntomas de la diabetes pueden pasar desapercibidos. Se asumen como condiciones pasajeras y aisladas. Es lo que ocurre con la fatiga, por ejemplo, que muchas veces no se asocia a una enfermedad.

La diabetes puede dar origen a graves problemas como ceguera, insuficiencia renal, infarto del miocardio, accidentes cerebrovasculares y muchos más. De ahí que sea tan importante estar atentos a las señales de alerta, para que le enfermedad se diagnostique y trate a tiempo.

Las principales señales de alerta de la diabetes son:

Exceso de orina

Cuando una persona tiene diabetes, orina con mayor frecuencia de lo habitual. A esta condición también se le conoce con el nombre de poliuria. Es, por lo general, uno de las primeras señales de alarma que se presenta.

El elevado volumen de orina se debe a que el diabético tiene una alta concentración de glucosa en la sangre. La reacción del cuerpo es eliminar ese exceso, mediante la orina. Esta es la manera que tiene el organismo de recuperar el equilibrio.

Sed constante

La sed constante es una consecuencia directa del exceso de orina. El diabético tiende a deshidratarse, precisamente por la elevada frecuencia con la que orina. Por esa razón, también experimenta sed constantemente.

La sed es una respuesta del organismo al estado de deshidratación. Sin embargo, aunque el paciente beba mucha agua, seguirá orinando constantemente y, por lo tanto, nuevamente sentirá sed. Es un círculo vicioso.

Cansancio, una de las señales de alerta de la diabetes

El paciente diabético experimenta una fatiga crónica. No es un cansancio común y corriente, después de haber realizado alguna actividad exigente. En este caso, la fatiga se siente incluso poco después de haberse levantado de la cama.

El cansancio crónico proviene tanto de la deshidratación, como de la incapacidad de las células para recibir glucosa. Esta última es el combustible del organismo. Como no llega a las células adecuadamente, disminuye la capacidad del cuerpo para producir energía.

Demasiado apetito

El apetito en exceso es otra de las consecuencias de la diabetes. Como las células no obtienen glucosa, el organismo lo experimenta como si la persona no hubiese comido nada. Por eso, aunque el paciente coma constantemente, no sacia su apetito.

En la diabetes tipo 1 lo usual es que al comienzo haya un incremento notorio del hambre a toda hora. Sin embargo, después de un tiempo ocurre todo lo contrario. El paciente se muestra inapetente y esto lo lleva muchas veces a una pérdida de peso significativa.

Pérdida de peso y visión borrosa

Mujer sufriendo visión borrosa

La pérdida de peso es mucho más frecuente en la diabetes tipo 1, pero a veces también tiene lugar en la diabetes tipo 2. Se debe a que la ausencia de insulina impide que el organismo almacene grasa y produzca músculo.

Así mismo, como no hay glucosa para producir energía, el cuerpo termina generando esta última mediante la descomposición de proteínas y la reserva de grasa. En la diabetes tipo 2 es más frecuente el exceso de peso, en todo caso.

De otro lado, el exceso de glucosa da lugar a una inflamación del cristalino. Con el tiempo, esto altera su forma y le resta flexibilidad. La consecuencia de ello es una visión borrosa. La visión se vuelve más difusa cuando la glucosa está muy elevada.

Infecciones recurrentes y cicatrización deficiente

La diabetes lleva a alteraciones en el sistema inmunológico. Esto hace que las células encargadas de la defensa del cuerpo no actúen como deberían. El resultado es un riesgo mucho mayor de contraer infecciones como candidiasis, neumonía, etc.

Otro efecto de lo anterior es la dificultad en la cicatrización de las heridas. Las células encargadas de la reparación de los tejidos actúan de forma deficiente. La proliferación celular y la generación de nuevos vasos sanguíneos están disminuidas en un paciente diabético.

Cetoacidosis

Es una complicación de la diabetes tipo 1, pero muchas veces constituye el primer síntoma de la enfermedad. Como las células no disponen de glucosa suficiente, queman grasa y músculo para obtener energía. Esto también da lugar a una elevada producción de cetoácidos.

A esa producción desproporcionada de cetoácidos se le llama cetoacidosis diabética. Hace que el pH de la sangre caiga a niveles peligrosos y por eso puede ocasionar la muerte. Se considera una urgencia médica y debe ser atendida de inmediato.

Anaya, L. L. (2005). Epidemiología de la diabetes mellitus. Duazary: Revista Internacional de Ciencias de la Salud, 2(2), 143-146.