Cuando digo NO, me siento culpable

Debemos ser capaces de decir que no y hacer valer nuestra voluntad ante los demás. Es importante cultivar esta faceta, ya que a la vez que crece nuestra determinación lo hace nuestra autoestima

Juan iba caminando con su padre en dirección al quiosco donde cada día compraba el periódico. Al llegar, estos saludaron de manera educada al dueño, al que se veía malhumorado como cada día.

Este les respondió con brusquedad y desconsideración.

El padre de Juan, mientras recogía el periódico que el otro había arrojado hacia él de mala manera, sonrió y le deseó al vendedor un buen fin de semana.

Cuando ambos reemprendieron el camino, el niño le preguntó a su padre:

–¿Te trata siempre con tanta descortesía?
–Sí, por desgracia.
–¿Y tú siempre te muestras igual de amable?
–Sí, así es.
¿Y por qué eres tan amable cuando él es tan antipático contigo?
Porque no quiero que sea él quien decida cómo debo actuar yo.

La persona plenamente humana es aquella que consigue ser ella misma. Es un actor de su propia vida, no un re-actor ante lo que dicen o hacen los demás.

Actúa por sus propias convicciones, no por reacción a cómo actúan o lo que esperan de él los demás.

Texto adaptado de Sydney Harris

amables

Vive diciendo lo que sientes

La asertividad es una capacidad que tiene una persona para decir NO, expresar desacuerdos, dar con una opinión contraria para oponerse a situaciones conflictivas y hacerlo no como lo hace el sumiso, que es negociando con sus principios ni como lo hace el agresivo, que es violando los principios de los demás.

El asertivo es una persona que es capaz de expresar sus sentimientos negativos sin violar los derechos ajenos o intentando no violarlos. Y tú … ¿Te consideras asertivo?

Walter Riso

“Cuando digo NO, me siento culpable… Pero si digo SI, voy en mi contra y me hago daño”. Este puede ser un pensamiento común de una persona cualquiera en un momento dado de su vida.

¿Por qué nos sentimos así con tanta frecuencia? Porque vivimos en un mundo que manipula nuestra voluntades, haciendo que seamos incapaces de negarnos a pesar de que las consecuencias para nosotros sean negativas.

Es importante que no andemos diciendo lo que los demás quieren oír, sino lo que nosotros queremos expresar. Hacer lo contrario es beber de la fuente de la eterna infelicidad y de la eterna insatisfacción.

amor propio 2

¿Para qué nos servirá ser asertivos?

Estás haciendo cola para subir al autobús y alguien se te cuela. Te enfadas pero no te atreves a decirle nada.

Un amigo te pregunta si puedes ir a recogerlo al aeropuerto. A pesar de que te va fatal porque tienes mucho trabajo, le dices que sí. No quieres que se enfade contigo.

Llevas tiempo pensando que mereces un aumento de sueldo, pero no se lo planteas a tu jefe. Está claro que no es lo más adecuado tal y como están las cosas.

¿Te has sentido identificado con alguna de estas situaciones? ¿Has recordado alguna otra similar? En ese caso no has actuado de manera asertiva. Deberías haber hecho lo que pensabas en cada momento pero los demás te condicionaron.  

La capacidad de expresar nuestra voluntad sin remordimientos es una habilidad que debemos cultivar y trabajar. A poder ser, esto debe hacerse desde la más tierna infancia.

Lo que ocurre es que, los que ahora somos adultos, hemos crecido en una sociedad que todavía no le daba demasiada importancia a esto.

Como consecuencia, es tan probable que hayamos aprendido a decir NO de manera intuitiva como que no lo hayamos hecho. Sea como sea, es un aprendizaje costoso, pues puede llegar a suponer rechazos indeseados o la pérdida de algo que necesitamos como, por ejemplo, un contrato laboral.

Sin embargo, hacer caso a nuestros deseos y a nuestras necesidades es mucho más gratificante que no hacerlo, sobre todo a largo plazo.

En este sentido, podemos apreciar prontamente los frutos de nuestros “noes”, pues haremos valer nuestras voluntades a la vez que crece nuestra autoestima, nuestra determinación y nuestro amor propio.

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¿Cómo podemos ser más asertivos?

Sustituye tus pensamientos negativos.

No eres un mal amigo por no ir a buscarle al aeropuerto, no eres una persona intolerante por no dejar que se cuelen en la cola del supermercado y estás en tu derecho de pedir un aumento de sueldo.

Tus emociones no son incorrectas, lo inadecuado es cómo piensas sobre ellas. Defiende tus ideas y no te sometas a los deseos de los demás.

Entiende que no siempre nuestro interlocutor sabe de lo que estamos hablando.

A veces es necesario dar explicaciones para no crear malos entendidos. La gente no puede leer nuestra mente. Si quieres que los demás comprendan tus deseos, deberás explicar primero cuáles son.

Defiende “tu verdad”, no “la verdad”

Nadie puede dictar leyes sobre cómo debemos sentirnos y cómo no. Por eso, es bueno hacer ver a los demás que somos conscientes de que estamos en un mundo de grises, no de blancos o negros. Nadie puede discutirte tu vida interior.

Estructura en tu mente el mensaje que quieres transmitir

Una vez hecho esto, exponlo con claridad en el momento y en el lugar adecuados. Habla desde tus sentimientos sin culpabilizar a tu prójimo.

Es radicalmente distinto decir “Me haces sentir fatal” que decir “Cuando alguien hace esto me siento mal”.

O, por poner otro ejemplo, resulta mucho mejor hablar en estos términosMe gustaría ser capaz de acabar mis argumentos sin que se me interrumpiera” que en estos “¡Siempre estás interrumpiendo mis explicaciones!”.

Haz uso de la técnica del “banco de niebla”

Empatiza con la opinión de la otra persona, hazle saber que la entiendes pero que mantienes tu postura.

Utiliza la técnica del “disco rayado” para hacer frente a la insistencia

Recuerda cuál es tu objetivo y, por más tensa que se ponga la conversación, no pares de repetirlo. Ante las insistencias de los demás aplica la regla “sí, pero yo te digo que siento/quiero/pienso esto…”.

Consiste en reafirmar nuestra postura de manera constante sin ser agresivos, solo persistentes.

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