Cuando el estrés infantil es provocado por la prisa de los padres

Thady Carabaño 12 septiembre, 2018
La vida acelerada de los padres, el afán por que superen las distintas etapas de desarrollo más deprisa y las sobreexigencias para que obtengan resultados excelentes hacen que los niños sufran de síntomas de estrés.

Desde que está en el útero, el bebé siente el estrés de su madre. Crecemos y vivimos muy a prisa. Salimos, llegamos, exigimos, no paramos. Y así mismo imponemos ese ritmo acelerado a nuestros hijos, lo que les puede ocasionar el estrés infantil.

Los padres tenemos prisa y exigimos a los niños. Queremos que rápido aprendan a dormir solos, que controlen sus esfínteres y sus emociones, que hablen y caminen, que se adapten asistir a la escuela…

Con la misma prisa exigimos que obtengan excelentes calificaciones, buenas relaciones interpersonales y desempeño brillante en una apretada agenda de actividades extracurriculares. El estrés infantil es la respuesta del organismo ante tantas demandas que no se puede satisfacer.

¿Qué es el estrés infantil?

Niño con un berrinche.

Los niños están sometidos a un nivel de exigencia que, por su intensidad y duración, perturban su equilibrio. Los niños tienen que hacer un esfuerzo extraordinario para adaptarse y afrontar esa presión. Sin embargo, muchos niños no lo logran y entonces sufren de estrés.

El estrés infantil se puede deber a diferentes causas. Algunas ciertamente abrumadoras, como vivir catástrofes naturales, conflictos bélicos o sufrir desgracias personales como la muerte de un progenitor o ser víctima de abuso sexual.

Pero en otros casos, el estrés infantil también se puede originar a partir de tareas rutinarias o etapas evolutivas de la vida cotidiana que generan tensión emocional o malestar. Padres estresados crían a sus hijos con el mismo nivel de estrés.

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¿Cuáles son los síntomas del estrés infantil?

La niñez es una etapa de muchos cambios. Bebés y niños se adaptan a ellos, se desarrollan, van superando un cada etapa de su crecimiento. No obstante, en ocasiones, la presión extra que ejercen los padres los lleva a sentirse estresados.

Síntomas en niños menores de 5 años

  • Irritabilidad constante.
  • Llantos frecuentes.
  • Deseos de estar siempre en brazos de los padres para mitigar el malestar.
  • Dificultades en el habla.
  • Retroceso hacia conductas más infantiles, como orinarse en la cama o succionar el dedo.
  • Miedos exagerados (a la oscuridad, a los animales, al separarse de los padres…).

Síntomas en niños mayores de 5 años

  • Irritabilidad, mal humor y llantos sin motivos.Muestra más agresividad.
  • Bajo rendimiento en las actividades de su rutina diaria y desmotivación.
  • Cansancio, pereza o dejadez. Se queja de dolores y molestias físicas.
  • Pérdida de concentración.
  • Comportamiento apático o de rechazo.
  • Pesadillas y euneresis nocturna.
  • Cambios en sus hábitos de estudio o en los resultados de sus calificaciones.
  • Modificaciones o problemas en su alimentación o sus horarios.

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¿La prisa de los padres genera el estrés infantil?

El ritmo de vida de los padres, con horarios incompatibles para equilibrar la vida personal y familiar con la profesional, impacta de forma importante en la vida y el bienestar de los hijos. Los padre llevan un estilo de vida acelerado que vulnera no solo el ciclo natural que conlleva cada etapa del desarrollo físico, mental y emocional de sus hijos, sino que además no respeta las particularidades de cada niño.

Los padres siguen fórmulas de crianza y presionan a los niños para que se adapten a ellas. Se quiere acelerar el tiempo que necesita el niño para regular sus ciclos de sueño, para dominar el control de sus esfínteres o para gestionar sus emociones.

A ello se suma luego el estrés que se deriva de la vida escolar. Los horarios rígidos, las enormes distancias que recorren los niños entre el hogar y los centros educativos o de cuidado, el miedo al fracaso, el bullying o acoso escolar, los resultados de excelencia que exigen los padres y el volumen de tareas, alimentan el estrés infantil.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos?

Empatía familiar.

La primera recomendación es, por supuesto, bajar el nivel de intensidad. Los padres debemos hacer el esfuerzo de ayudar a los niños a no verse afectados por el estrés de los adultos.

El estrés infantil puede repercutir en la salud general tanto del niño como del adulto que será en el futuro. Algunos adultos con enfermedades cardíacas y diabetes acusan haber sufrido de estrés durante su niñez. Las recomendaciones básicas para prevenir y aliviar el estrés infantil son:

  • En los estados de ansiedad o períodos de estrés, tienes que dar el mejor ejemplo de control. Eres el modelo que seguirá tu hijo para responder antes los factores estresantes que le afecten.
  • Cultiva actitudes como la paciencia, la alegría, la tranquilidad, la calma y la capacidad reflexiva. Ello ayuda al niño a contar con más recursos para evitar estados de estrés.
  • Comparte con tus hijos la solución de problemas cotidianos y familiares. De esta manera promueves una visión realista y optimista ante las dificultades.
  • Escucha y valora las opiniones de tus hijos. Si ya presenta síntomas de estrés es fundamental abrir los canales de comunicación.
  • Conoce qué opiniones tienen sobre las actividades y tareas que realiza en su vida escolar y extraescolar.
  • Respeta las particularidades de cada niño. Evita las comparaciones con sus hermanos y otros niños. Valora sus capacidades y destrezas.

Recomendaciones finales

Tu hijo es valioso por sí mismo. Evita que sienta que es respetado, valorado o amado solo porque tiene un desempeño excelente. Tu amor y respeto responde a otras razones.

Asimismo, evita exigir más de lo que tu hijo es capaz de dar o conseguir. Conoce y respeta a tu hijo tal y como es, no sea tu su fuente de estrés infantil.

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