Cuando el problema es la solución

Para encontrar la solución a nuestros problemas debemos aprender a enfrentarnos a ellos y no huir ya que, de hacerlo, solo estaremos postergando el sufrimiento

¿Alguna vez has pensado en si la solución a tus problemas se encontraba en el mismo problema? Puede que te resulte inaudito, pero así es.

Imagina que estás pasando por una época en la que te han dado múltiples ataques de ansiedad. No sabes su motivo; es más, te encuentras desconcertado.

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El hecho de no poder acceder a lo que puede estar ocasionando esta reacción, impide que consigamos llegar a su resolución. ¿O es que estamos buscando donde no debiéramos?

Cuando un problema como este nos aborda, la solución la intentamos encontrar en el yoga, pastillas, infusiones relajantes y otro tipo de métodos que no nos funcionan.

Eso es porque tu objetivo no es escuchar lo que te tiene que decir la ansiedad, sino huir de ella.

El problema es tu solución

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Estrés, depresión, angustia… Nada de esto te ha creado un malestar porque sí. Este contratiempo surge porque hay cosas en ti que tienes que solucionar. Pongamos un ejemplo.

Imaginemos que desde que tuviste a tu primera pareja, nunca más has estado solo. Todas las relaciones han sido tormentosas y las has terminado de una forma muy dolorosa.

Ahora, te encuentras sumergido en una en la que no sabes bien si es tu pareja o solo una amistad…

Esto te ha generado una cierta obsesión por controlar a la otra persona, lo que te provoca que te sientas mal todo el tiempo, que sufras ansiedad. ¿No ves dónde está la solución?

Para empezar, hay un problema de comunicación, ya que nadie se decide a hablar sobre el tipo de relación que mantenéis. Tampoco has pasado un tiempo solo. ¿Acaso eres un dependiente emocional?

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Tu ansiedad podría estar alertándote sobre uno de los grandes males de nuestro tiempo: el gran miedo a la soledad.

Ahí se encuentra tu solución, justo en el centro del dilema.

Enfrentar los contratiempos, cuesta

Mirar a la cara a todo lo que nos está haciendo encontrarnos horriblemente mal es difícil. No es que no queramos acabar con todo esto, es que tenemos miedo.

Un pánico atroz a descubrirnos, a lidiar con una situación que quizás hayamos desencadenado nosotros mismos. A veces, incluso sentimos miedo del propio miedo.

Escuchar experiencias similares a la tuya puede orientarte, pero no será el mejor remedio. Cada uno de nosotros es diferente y debemos encontrar la solución que mejor vaya con nosotros, la que necesitemos.

¿Quieres un consejo? Jamás reprimas lo que sientes. Esto solo provocará que lo que te afecta se vaya haciendo cada vez más grande.

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Aunque lo peor no es esto. Puede que, llegado el momento, el problema se fosilice hasta formar ya parte de ti.

No podrás ser feliz, tampoco avanzarás. Estarás atrapado en tu propio obstáculo.

Pensamientos, hoy os libero

Al igual que los sentimientos, nuestros pensamientos puede llevarnos por el camino de la amargura. Estos pueden girar como un gran torbellino de ideas en nuestra cabeza que terminará por desesperarnos.

El primer impulso que solemos tener cuando en nuestra mente empiezan a girar reflexiones, juicios y razonamientos sin parar es frenarlos.

Lamentablemente, no es como dejar de caminar. Por mucho que intentemos distraernos u ocupar nuestra mente con otras cosas, no podremos. Nuestro pensamiento es poderoso.

Ignorar este torbellino de ideas provocará que las reforcemos, que la siguiente venga con mucha más fuerza. Ha sido un método contraproducente.

La solución radica en dejarlas libres, no de cualquier manera, sino observándolas.

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Fíjate atentamente en cada una de ellas. Analízalas, permíteles que se expresen con libertad, dales voz si es necesario y acepta las emociones que te provocan.

¿Te das cuenta de que el problema se está haciendo más pequeño? ¿Notas cómo tú te haces más fuerte?

Has intentado controlarlo, reprimirlo, solucionarlo sin éxito… Ahora sabes que, para resolver algo, hay que liberarlo y contemplarlo.

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Esta es una técnica muy recurrente en el mindfulness, que te permite actuar de una manera efectiva ante situaciones como esta.

Los problemas no surgen para atormentarte, sino para que soluciones lo que te está haciendo infeliz, lo que te está obligando a retroceder en vez de avanzar.