Cuando las penas no curadas dañan nuestro cuerpo

Valeria Sabater · 17 diciembre, 2019
Los trastornos psicosomáticos se definen como las dolencias físicas cuya aparición, mantenimiento o agravamiento tpueden asociarse a factores psicológicos.

(Artículo publicado originalmente en La Mente es Maravillosa)

Seguro que te ha pasado alguna vez: la urgencia por ir al baño cuando tenías un examen, ese nudo en el estómago cuando estabas aguardando una noticia… Entumecimiento en el cuerpo o un dolor en el pecho cuando alguien te hace daño con sus palabras o comportamiento…

Todo esto nos viene a demostrar que existe una clara unión entre cuerpo y mente. Si nuestra mente sufre, nuestro cuerpo experimenta también ese padecimiento.

Así puede definirse el trastorno somatomorfo. Se trata de un trastorno psicológico en el que hay un foco importante en los síntomas físicos, como dolor o fatiga, hasta el punto en que causa una gran angustia emocional y problemas para desenvolverse en la vida diaria. Puede o no tenerse otra enfermedad asociada con estos síntomas, pero la reacción a los síntomas no es «la más habitual».

Cuando la mente padece

Los trastornos psicosomáticos suelen tener como base fundamental el hecho de tener que asumir emociones muy intensas, emociones que no podemos llegar a procesar y que las gestionamos de un modo negativo. 

Pongamos un ejemplo: alguien que tiene un mal trabajo con un jefe que desprecia sus esfuerzos. La persona puede llegar a casa abatido, con cefaleas, posiblemente sufra insomnio, y puede que esta situación de estrés derive en una úlcera de estómago o en una depresión nerviosa. Si no se actúa, si no se dice en voz alta lo que uno tiene en mente y expresa aquello que le bloquea y le hiere, seguramente acabará enfermando.

Lo mismo pasa si nos rompen el corazón. Por ejemplo, si dejamos una relación y no afrontamos de modo adecuado ese estado. La tristeza acabará alimentándose día tras día de nuestros pensamientos hasta atraparnos en la habitación oscura de cualquier enfermedad. Dolencias que no tienen una base orgánica objetivada, sino que son síntomas físicos producidos por la mente.

Manifestaciones psicosomáticas

De acuerdo con el DSM V (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition), muchos trastornos relacionados con problemas de medicina psiquiátrica se relacionan con el estrés, tales como los trastornos de dolor (muscular, cefaleas, menstruales, óseos, etc.), gastrointestinales, del sueño, sexuales, psiconeuróticos, ansiedad, depresión; sin embargo, no todos estos malestares se pueden atribuir a enfermedades psiquiátricas, empezando por la manera de abordarlos (American Psychiatric Association, 2014).

La investigación sobre trastornos psicosomáticos está basada en dos principios: uno multifactorial, donde se establece que las manifestaciones psicosomáticas se relacionan con múltiples factores como la personalidad; el género; apoyo social, estilos de afrontamiento y autoestima; autoencacia; ansiedad y depresión o el estrés.

El segundo principio es el multidisciplinar. Los trastornos psicosomáticos se convierten en variables dependientes e independientes; siendo una respuesta del individuo (activación simpática), una respuesta al medio externo (ruido, contaminación) o una respuesta interactiva entre el individuo y su entorno (proceso).

Los trastornos psicosomáticos son las dolencias físicas cuya aparición, mantenimiento o agravamiento tienen alta probabilidad de asociarse a factores psicológicos, es decir, muchas de las veces es imposible obtener un diagnóstico clínico que la explique, suelen ser síntomas aislados y no forman parte de un síndrome que coincida con el cuadro de una enfermedad específica y bien definida.

Abrir puertas: liberar el sufrimiento

Siempre es difícil. A menudo vivimos situaciones donde nos es complicado poder reaccionar: necesitamos un trabajo para poder vivir y los estados de estrés son habituales de vez en cuando. El problema es que no podemos controlar todos los acontecimientos negativos que nos llegan, la vida no es un camino donde todo esté previsto y donde la tranquilidad esté asegurada… Pero podemos aprender a aceptarlos, a superarlos y a vivirlos.

Y para ello, no podemos hacer más que estar preparados. Tener armas, habilidades personales para establecer límites, para decir en voz alta aquello que queremos. Para mantener una autoestima bien reforzada donde no permitir dejarnos caer en el abismo de la indefensión… ¡Tenemos que trabajarnos a nosotros mismos!

Es normal sentir nervios, miedo, angustia… Pero siempre en momentos puntuales y de modo pasajero. Si esas “emociones” persisten durante mucho tiempo nuestro cuerpo al final terminará quejándose y enfermando. Las penas interiores deben curarse, o al menos cicatrizar para poder seguir adelante con una correcta calidad de vida. De nosotros depende abrir esas puertas. En nuestra mano está la propia felicidad. 

Si notas cualquiera de los síntomas que te hemos indicado anteriormente, es recomendable que acudas al especialista. Éste, además de diagnosticarte, podrá determinar si el origen de la enfermedad es o no físico. Si concluye que es psicológico, podrá derivarte al experto y darte pautas para que controles el estrés. Con ello, los síntomas psicosomáticos podrán ir remitiendo poco a poco. Recuerda que es tan necesario cuidar el cuerpo como la mente.