Cuando las penas no curadas dañan nuestro cuerpo

Valeria Sabater · 17 enero, 2019
Debemos curar nuestras penas interiores para poder conseguir una correcta calidad de vida.

(Artículo publicado originalmente en La Mente es Maravillosa)

Seguro que te ha pasado alguna vez: la urgencia por ir al baño cuando tenías un examen, ese nudo en el estómago cuando estabas aguardando una noticia… Entumecimiento en el cuerpo o un dolor en el pecho cuando alguien te hace daño con sus palabras o comportamiento…

Todo esto nos viene a demostrar de modo irrefutable que existe una clara unión entre cuerpo y mente. Si nuestra mente sufre, nuestro cuerpo experimenta también ese padecimiento. Es lo que en psicología llamamos “Transtornos psicosomáticos”; y todos, absolutamente todos lo experimentamos contínuamente en mayor o menor medida. ¿Los conoces?

Trastornos psicosomáticos: cuando la mente padece

Los trastornos psicosomáticos suelen tener como base fundamental el hecho de tener que asumir emociones muy intensas, emociones que no podemos llegar a procesar y que las gestionamos de un modo negativo. 

Pongamos un ejemplo: alguien que tiene un mal trabajo con un jefe que desprecia sus esfuerzos. La persona llegará a casa abatido, con cefaleas, posiblemente sufra insomnio, y puede que esta situación de estrés derive en una úlcera de estómago o en una depresión nerviosa. Si no se actúa, si no se dice en voz alta lo que uno tiene en mente y expresa aquello que le bloquea y le hiere, seguramente acabará enfermando.

Lo mismo pasa si nos rompen el corazón. Por ejemplo, si dejamos una relación y no afrontamos de modo adecuado ese estado. La tristeza acabará alimentándose día tras día de nuestros pensamientos hasta atraparnos en la habitación oscura de cualquier enfermedad. Dolencias que no tienen una base orgánica objetivada, sino que son síntomas físicos producidos por la mente.

Pero veamos qué manifestaciones clínicas pueden producir los trastornos psicosomáticos:

  • Cardiopatías isquémicas: son asintomáticas y está causada principalmente por la arteroesclerosis. La tensión o el estrés pueden contribuir a padecer esta enfermedad.
  • Cefaleas tensionales: es la más frecuente entre la población general cuando tenemos un problema. ¿Nunca has llegado a casa después de un día duro de trabajo y comienza a dolerte mucho la cabeza? Es fruto de la tensión que has sufrido durante la jornada.
  • Asma bronquial: el estrés, en general, y ciertos estados emocionales pueden desencadenar crisis de asma.
  • Lumbalgiasel dolor de espalda a nivel lumbar es una de las principales causas de baja laboral, y, en una gran cantidad de casos está asociado a problemas emocionales y tensionales.
  • Eczemas: consiste en la formación en la piel de vesículas y costras, con gran picor, y muchas veces asociado al estrés. Puede surgir a consecuencia de situaciones vitales muy estresantes.

Abrir puertas: liberar el sufrimiento

Siempre es difícil. A menudo vivimos situaciones donde nos es complicado poder reaccionar: necesitamos un trabajo para poder vivir y los estados de estrés son habituales de vez en cuando. El problema es que no podemos controlar todos los acontecimientos negativos que nos llegan, la vida no es un camino donde todo esté previsto y donde la tranquilidad esté asegurada… Pero podemos aprender a aceptarlos, a superarlos y a vivirlos.

Y para ello, no podemos hacer más que estar preparados. Tener armas, habilidades personales para establecer límites, para decir en voz alta aquello que queremos. Para mantener una autoestima bien reforzada donde no permitir dejarnos caer en el abismo de la indefensión… ¡Tenemos que trabajarnos a nosotros mismos!

Es normal sentir nervios, miedo, angustia… Pero siempre en momentos puntuales y de modo pasajero. Si esas “emociones” persisten durante mucho tiempo nuestro cuerpo al final terminará quejándose y enfermando. Las penas interiores deben curarse, o al menos cicatrizar para poder seguir adelante con una correcta calidad de vida. De nosotros depende abrir esas puertas. En nuestra mano está la propia felicidad. 

Si notas cualquiera de los síntomas que te hemos indicado anteriormente, es recomendable que acudas al especialista. Éste, además de diagnosticarte, podrá determinar si el origen de la enfermedad es o no físico. Si concluye que es psicológico, podrá derivarte al experto y darte pautas para que controles el estrés. Con ello, los síntomas psicosomáticos podrán ir remitiendo poco a poco. Recuerda que es tan necesario cuidar el cuerpo como la mente.