Cuando le das la libertad a los demás recuperas la tuya

Para conseguir esa libertad tan ansiada debemos dejar de obsesionarnos con el pasado y el futuro y disfrutar del momento presente y de las personas que ahora están a nuestro lado, sin ataduras

La libertad es algo que ansiamos, pero… ¿Cuántas veces has controlado a tu pareja porque es lo que ves que se hace? ¿En cuántas ocasiones has juzgado a un amigo por su forma de pensar?

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Muchas de las cosas que hacemos en nuestro día a día, sin ser conscientes de ellas, arrebatan la libertad que tienen los demás.

Asimismo, esto también provoca que nosotros perdamos la nuestra.

El miedo a perder

pareja

En el momento en el que deseamos que nuestra pareja solo nos dedique tiempo a nosotros, en ese instante en el que creemos que nuestra mejor amiga no va a hacer nada contrario a lo que pensamos, estamos mostrando un gran miedo.

El temor a perder a las personas que tenemos a nuestro lado y que son importantes en nuestra vida. Sin embargo, todo esto nos lleva a tener expectativas para las cuales necesitamos una reafirmación constante.

Por ese motivo, revisamos el móvil de nuestra pareja para quedarnos tranquilos con que no nos está engañando, por ejemplo.

Todo esto evita que los demás gocen de su propia libertad y que, de alguna manera, nosotros desconfiemos constantemente de las personas que tenemos a nuestro alrededor.

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Ese miedo que provoca que nuestra mente se vea desbordada por pensamientos llenos de preocupación, ansiedad por que nos dejen o rabia por que nos decepcionen. No es sano.

Tener este tipo de relaciones puede provocar que terminemos volviéndonos tóxicos y que los vínculos también se envenenen.

Todo por un temor infundado.

Poseer a los demás

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A través de diversas películas, o por la propia realidad que hemos visto, nuestra concepción de querer a alguien se basa en poseerlo.

Porque poseer es control, seguridad, alivio, confianza y, sobre todo, amor. Pero… Qué equivocados estamos.

El amor no puede fluir si no hay libertad, si la confianza de la que hablamos se basa en pruebas y en reafirmaciones de que no va a pasar lo que tanto tememos.

Cuando comemos un pastel, por ejemplo, no nos machacamos constantemente deseando que por favor no sepa mal, sino que dejamos que todo surja como tiene que ser.

Disfrutamos del momento, nos centramos en el presente y abandonamos esos pasados y futuros que no vienen al caso ahora.

¿Por qué no adoptamos la misma actitud con respecto a los demás? ¿Por qué consideramos que las personas nos pertenecen?

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Todo aquel que se suba en tu tren puede bajarse por propia voluntad así se denomine pareja, amigo, hijo, hermano, etc.

Intentar retener a alguien implica que pongamos en práctica técnicas de manipulación, mentiras, victimismos y otras conductas desagradables que intentan cortarles las alas a quienes amamos.

En la libertad reside todo y la carga de la que nos libraremos nos permitirá respirar de nuevo y sufrir menos en nuestras relaciones.

La libertad que recuperas

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En el momento en el que dejas de atar a los demás con cuerdas, tú también recuperas tu libertad.

La libertad de poder vivir sin preocuparte por un posible futuro que no sabes cómo será, la de no entristecerse por pensamientos abrumadores que intentan evitar que confíes ciegamente en aquellos a los que quieres.

Es cierto que estar ciego no es positivo, pero tampoco dejarse llevar por esas ideas que transitan en círculo sin final aparente.

¿Por qué no empiezas a ver la realidad tal cual es? ¿Por qué no comenzar hoy mismo a comportarnos como cuando comemos un trozo de pastel?

Deja que las cosas fluyan a su manera. De nada sirve preocuparse por lo que aún no ha sucedido.

Los miedos frenan la vida hasta el punto de consumirla mucho más rápido. No busques el sufrimiento que no hay.

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Las personas no te pertenecen. Nadie te posee ni tú posees a nadie. Controlar a alguien no te hará sentir mejor…

Libera a todo aquel que se encuentre a tu alrededor. A medida que sueltes esas cuerdas que antes los ataban a ti, te darás cuenta de que tú mismo estás empezando a fluir.

Porque la libertad empieza cuando permites que los demás vuelen libres.

 

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