Cuando menos lo esperas… Todo sale bien

Debemos dejar de levantar muros y poner obstáculos a nuestro crecimiento personal, ser conscientes de nuestra realidad y nuestras limitaciones y permitirnos ser felices con ellas

Y cuando menos lo esperas… Todo sale bien. ¿Es una frase hecha? ¿Es quizá una expresión sacada de un manual cualquiera de autoayuda para despertar el ánimo sin mayor pretensión o certeza?

En absoluto. Pensar que las cosas pueden salir bien es, en realidad, una idea y una necesidad que debemos instalar cada mañana en nuestra mente, del mismo modo que nos tomamos el café o recurrimos a esa vitamina con la cual sentirnos mejor.

Es más que ser positivas, se trata de un modo de vida en el cual permitirnos la oportunidad de conseguir lo que merecemos. De abrir la puerta a esas esperanzas que no son solo humo, sino cosas tangibles que de vez en cuando ocurren, y no solo por la casualidad.

Sino porque tú te has esforzado también en que las cosas salgan bien. En que lo bueno de la vida también te llegue, porque de verdad lo mereces.

Tu pensamiento es una forma de cambiar tu realidad

Seguro que también a ti te habrá ocurrido lo siguiente: tienes una amiga que cada día recurre a ti para explicarte lo mal que le van las cosas. Y, si bien es cierto que ha tenido la mala suerte de que le hayan ocurrido ciertos sucesos, también te das cuenta de que su actitud no es la adecuada.

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Son personas que aumentan sus dramas de una forma poco útil. Todos hemos vivido pérdidas, todos sabemos lo que es la frustración, el que nos hayan abandonado o traicionado y, sin embargo, no es algo que nos guste revivir cada día.

  • Los dramas de la vida deben asumirse, comprenderse, aceptarlos y, a continuación, superarlos.
  • Focalizar nuestras emociones y pensamientos de forma exclusiva en esos hechos negativos,es como meternos en un túnel. No podemos ver nada de lo que no rodea y, seguramente, lo que venga ante nosotros si seguimos con esta actitud no será el final del propio túnel, sino la luz de un tren. No lo permitas.
  • Quien acepta, asume y deja ir, libera cargas y avanza de modo más libre. Una mente más abierta acumula menos negativismos, es más receptiva y sensible a los aspectos positivos en el día a día.

Un pensamiento flexible, abierto y positivo que no se victimiza de sus fracasos o sus pérdidas es reflejo de una mente capaz de crear su propia realidad. Cuando menos lo esperas sale todo bien porque así te lo permites, porque eres artífice de tu día a día y no te pones muros en tu crecimiento personal.

La capacidad de aceptar “lo imprevisto”

felicidad

En ocasiones nos cuesta mucho dejarnos llevar. Asumir y aceptar que pueden llegar cosas imprevistas supone, a su vez, aceptar que muchas de las cosas que nos rodean escapan a nuestro control.

No podemos controlar o dominar a las otras personas para que nunca nos hagan daño, para que nunca nos decepcionen. En ocasiones, una decepción supone también darnos cuenta de que esa persona no merecía nuestro aprecio o nuestra confianza.

  • Otro error en el que solemos caer a veces es en practicar el llamado “positivismo extremo”. Hay quien tiene una expectativas demasiado altas, o que focaliza su futuro en la idea de que va a tener un éxito absoluto. Esto no es adecuado.
  • Se trata de “dejarnos llevar” con los pies en el suelo y la esperanza abierta, pero siendo siempre muy conscientes de nuestras capacidades y limitaciones. Hay que practicar el realismo con una mente abierta, ahí donde nos permitamos la llegada de lo imprevisto.
  • En ocasiones salen las cosas mal y es inevitable, pero un fracaso no determina el futuro ni te determina a ti misma. Tú no eres tus errores. Tú eres alguien que debe aprender y superarse cada día, con coraje e ilusión.

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Aceptar lo imprevisto es confiar, confiar en que las cosas buenas pueden llegar y que somos meritorios de todo aspecto positivo que nos traiga la vida.

En ocasiones todo sale bien sin que sepamos muy bien por qué pero, si lo analizamos un poco, nos daremos cuenta de que somos nosotros quienes lo hemos propiciado.

mujer feliz

  • Las cosas buenas ocurren en ocasiones haciendo pequeños cambios en nuestra rutina. Es más, todo depende de nuestra propia situación: es posible que, en tu caso, lo que necesites sea “un cambio mayor”.

Nuevas situaciones, nuevas oportunidades.

  • Todo sale bien si tú misma te lo permites. Quien se dice a sí mismo que lo bueno solo les ocurre a los demás levanta muros constantes a su propio crecimiento personal y a su propia felicidad. No merece la pena.
  • No importa tu edad, ni tu situación, ni mucho menos lo ocurrido en el pasado. Las nuevas oportunidades no saben de juventud o madurez, ni tampoco de dinero. Las segundas oportunidades se alimentan solo de tu ilusión y tu determinación como persona.

Porque cuando menos te lo esperas… ¡Todo sale bien!

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