¿Cuándo no debo consumir alimentos ricos en fibra? - Mejor con Salud

¿Cuándo no debo consumir alimentos ricos en fibra?

Un consumo excesivo de fibra puede tener el efecto contrario al deseado y, en lugar de regular nuestro tránsito intestinal, bloquearlo, por lo que debemos consumirla con mesura
alimentos ricos en fibras

Algunos alimentos que creemos son benéficos para la salud terminan siendo perjudiciales.

Uno de esos nutrientes “sobrevalorados” es la fibra, ya que en algunas personas puede ocasionar diferentes problemas.

En este artículo te contamos cuándo no es aconsejable consumir alimentos ricos en fibra.

¿Es la fibra el villano de la historia?

Las fibras son los villanos de la historia

Uno de los compuestos digeridos por el tracto gastrointestinal y fermentado por las bacterias colónicas es la fibra alimentaria.

Esta tiene la capacidad de favorecer el funcionamiento del intestino y de reducir la absorción de ciertas sustancias entre ellas los lípidos (colesterol incluido).

Las ventajas de las fibras son muchas como para desperdiciarlas, pero una ingesta incorrecta de este nutriente puede mostrarnos su “lado negativo”. Por ello es fundamental moderar la cantidad que consumimos.

La fibra, por ejemplo, no permite a la glucosa pasar rápido al torrente sanguíneo y, al absorber los lípidos, disminuye la capacidad de tomar el calcio, el zinc, el hierro o el cobre de los alimentos.

Por otra parte, en las personas que siguen dietas vegetarianas las fibras reduce la disponibilidad de minerales en el organismo (sobre todo calcio e hierro) y aumenta la posibilidad de padecer osteoporosis o anemia.

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Además, la ingesta excesiva de este nutriente contribuye a una menor digestibilidad. Esto se traduce en pérdida de peso, retraso del vaciamiento gástrico y mayor saciedad, pero también más flatulencia y distensión abdominal.

Por lo tanto, se desaconseja en personas que padezcan gastritis o trastornos estomacales.

Consumir más de 30 gramos diarios de fibras inhibe la actividad de las enzimas del páncreas. Esto puede alterar la digestión de los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas y causar varios problemas digestivos e intestinales.

¿Las fibras engordan o adelgazan?

Las fibras engordan o adelgazan

Si eres de aquellas personas que se lo pasa haciendo dieta (y cambiando de un régimen a otro) quizás te preguntes cuál es el efecto de las fibras en nuestro organismo y, más precisamente, si tienen la capacidad de hacernos engordar o perder peso.

  • Por un lado, es preciso saber que se trata de un componente de difícil absorción y este es el motivo por el cual muchas dietas la recomiendan para alimentarnos sin subir de peso.

Sin embargo por cada gramos de fibra aumentamos 2 Kcal. Lo que sí debemos destacar es un efecto saciante mayor que otros nutrientes.

  • Es probable que, cuando comemos alimentos que tengan fibras, por algunas horas no deseemos probar otras comidas. El hecho de mantenerte un tiempo considerable sin ingerir alimentos puede ser bueno o malo para tu salud.

Si bien no estarás añadiendo comidas que puedan aportar calorías, el cuerpo compensará esta falta de alimento al metabolizar las grasas (algo que no es benéfico).

Aunque no sea un limpiador eficaz al 100% para el colon, la fibra arrastra los lípidos y permite una mejor evacuación.

Ahora bien: si te has comido una hamburguesa con patatas fritas y luego consumes cereales o arroz integral no esperes que toda la grasa de la comida chatarra se vaya por el sanitario aunque tengan propiedades laxantes.

¿Qué sucede si consumo mucha fibra?

Fibra

Como creemos que comer fibra nos servirá para ir al baño y perder peso la consumimos por demás, y eso puede traer muchas consecuencias graves para el organismo.

El exceso de este componente no permite al cuerpo absorber las vitaminas y minerales de los alimentos (o, al menos, no en su totalidad) ya que automáticamente pasan por el intestino y se eliminan.

A su vez, puede ocasionar diarrea e incluso estreñimiento. Y es que consumir mucha fibra en pocas horas hace el efecto contrario al que esperamos: evita las evacuaciones intestinales.

  • Si tu vientre se ve muy hinchado a lo largo del día y te sientes satisfecho aunque casi no hayas probado bocado, entonces puede que estés comiendo demasiada fibra.
  • Lo mismo si sientes calambres abdominales intensos (entre la ingle y el pecho).
  • En el caso de que sigas un tratamiento con fármacos como, por ejemplo, medicamentos para la diabetes, la fibra puede disminuir los efectos de los mismos.

Entonces, ¿quiénes deben evitar el consumo excesivo de fibras?

Como ya hemos indicado, la ingestión de fibra en dosis elevadas puede ocasionar problemas de salud.

Para reducir estos efectos es preciso beber mucha agua en las comidas y durante el día, para que se ablande y pueda pasar fácilmente por los intestinos.

A su vez, es fundamental analizar los efectos en el organismo (hinchazón del estómago, gases, diarrea, etc.) para no comer en demasía.

Las personas que deberían reducir la ingesta de fibras son:

1. Celiacos

Aquellos con intolerancia o alergia al gluten pueden presentar problemas importantes si comen fibra sobre todo en la avena (a menos que indique que es apto).

En su caso, como suplemento se recomiendan las semillas de chía o de linaza.

2. Con enfermedades intestinales

calmar intestino irritado

El salvado de avena, por ejemplo, está desaconsejado para las personas que sufren colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn.

Y es que cuando una dieta es alta en fibras desencadena mayores trastornos gastrointestinales. En el caso de sufrir diverticulitis también se debe reducir la ingesta de este nutriente.

3. Con diarrea

Las gastroenteritis o gastroenterocolitis severas son incompatibles con el consumo de fibras. Se deberá suspender su ingesta hasta que las deposiciones sean normales.

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4. Anémicos

análisis de anemia

Los fitatos del salvado y la avena impiden la absorción eficiente del hierro y empeora los síntomas de la anemia.

5. Con osteoporosis

Al igual que sucede con el hierro, las fibras no permiten una óptima absorción del calcio, lo que puede derivar en problemas en los huesos (fragilidad ósea, caída de dientes, etc.).