Cuando te permites lo que mereces, atraes lo que necesitas

A veces olvidamos que somos las personas más importantes de nuestras vidas. Aprender a decir "no" cuando algo no te convence no te hace ser egoísta. Debes empezar a priorizarte

Estamos seguros de que sabes lo que necesitan los tuyos. Atiendes las necesidades de tu pareja, de tus padres y de tus hijos cada día, porque los quieres y porque te preocupas por ellos.

Ahora bien, ¿te preocupas cada día también por lo que tú necesitas? En ocasiones es complicado. De hecho muchas personas suelen pensar aquello de “si los demás están bien, yo estoy bien”.

Está claro que ofrecer felicidad a los demás, a la vez que seguridad, cubriendo todas sus necesidades, es algo primordial. No obstante, nunca hemos de olvidar que también nosotras merecemos permitirnos cosas, cuidarnos, atendernos…

Disfrutar de nuestra identidad, de nuestros espacios y tiempo cultivando una buena autoestima es algo primordial, y hoy te invitamos a que reflexiones sobre ello con nosotros.

Mis necesidades, tus necesidades

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No hace mucho te hablamos del “Síndrome de Wendy“. Dentro de la psicología popular se etiqueta como “Wendy” a toda persona que se caracteriza por los siguientes comportamientos:

  • Atender a los demás en todo momento, priorizando a la pareja o la familia antes que a una misma.
  • El hecho de cuidar, de atender y de satisfacer toda necesidad de los demás, hace feliz a la persona caracterizada por el “síndrome de Wendy”. Es útil, y esa es además su forma de ofrecer amor.
  • Siempre llega un momento en que la persona se da cuenta que está ofreciendo todo su ser, sin recibir nada a cambio. Su autoestima es frágil y, a la vez, teme ser abandonada y dejar de ser “útil” para los demás.

Es posible que en tu caso no hayas llegado a estos extremos. No obstante, lo más habitual que podemos sentir en nuestro día a día es lo siguiente:

  • La sensación de “estar atrapadas”. Dispones de tu trabajo pero, a la vez, cumples con tus obligaciones en casa, con tus hijos, y puede incluso que con tus padres o algún anciano.
  • Cada día se espera de ti que hagas lo mismo, que tus esfuerces de igual manera y que tu disposición física y emocional nunca cambie. Eres esa mujer que atiende a los demás con cariño y total apertura.
  • Los demás no parecen darse cuenta de que no tienes “tiempo para ti misma“. Dan casi por sentado que eres feliz haciendo cada tarea, quitando tiempo de una parte para invertirlo en aquellos que te lo piden.
  • Cuando llega la noche te lamentas de no haber tenido ni un instante para ti misma, y cierras los ojos con cansancio pensando que al día siguiente te aguardan las mismas obligaciones.
  • De alargar mucho en el tiempo este tipo de comportamientos corres el riesgo de caer en un estado de ansiedad. Puede que tu mente se programe cada día todas esas tareas, pero tu cuerpo no podrá responder.
  • El nerviosismo, el cansancio, y el nivel de cortisol en sangre empezarán a hacer mella en tu salud física. Y, en cuanto a tu equilibrio emocional, te darás cuenta poco a poco de que has construido una especie de cárcel de la que no sabes cómo salir.

Te invitamos a poner en práctica las siguientes estrategias.

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Lo que mereces, lo que necesitas

“Cuando te permites lo que mereces, atraes lo que necesitas”. Piensa bien en esta frase y aplícala en tu día a día. Te explicamos cómo hacerlo.

Darte lo que mereces no es ser egoísta

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  • Hay quien mantiene la idea errónea de que disponer de una alta autoestima, es rozar el egoísmo al priorizarse a uno mismo. Nada más lejos de la realidad.
  • Lo primero que debes tener claro es que mereces ser feliz. Si tu vida está dominada por el estrés y la ansiedad, por priorizar a los demás antes que a ti, al final, caerás enferma.

¿De qué le vas a servir a los tuyos de este modo? De nada. Así que ten claro que ofrecerte lo que mereces es actuar de un modo íntegro.

  • A lo largo del día deberás dedicarte, al menos, dos horas para ti misma. Inviértelas en aquello que te haga feliz, que te permita desconectar y desarrollar tu crecimiento personal.
  • Aprende a decir no. Y por hacerlo, por poner en voz alta tu opinión y tus necesidades, tampoco eres egoísta. Eres realista. Si no deseas hacer esa tarea que te ha pedido tu hermana o una amiga, dilo. Si no deseas en un momento dado cumplir lo que te pide tu pareja, dilo. La sinceridad te hará descargar mucho peso.

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Disfrutar de lo que de verdad mereces te hace libre

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  • En el momento en que empieces a disfrutar de aquello que tú misma te has permitido, las cosas empezarán a cambiar. ¿Por qué razón? Porque te reconocerás a ti misma, porque te valorarás, porque se elevará tu autoestima y te darás cuenta de que lo que vales. De lo que mereces.
  • Si los demás no se dan cuenta de lo que vales, demuéstralo. No solo eres capaz de cuidarlos, atenderlos y amarlos. También eres capaz de quererte a ti misma y de facilitar tu propio crecimiento personal.

Empieza desde hoy mismo a priorizarte un poco más. Busca tus espacios de relax, practica tus aficiones, enriquécete de tus relaciones sociales y piensa siempre que eres importante en la historia de tu vida. Eres la protagonista.