Cuando te sientas exhausto, suelta

Tenemos a pensar que somos mejores que aquel que suelta y deja ir lo que le hace daño. ¿Sabes qué? Solo te estás perjudicando a ti mismo, y puede que ni siquiera lo valoren

¿Alguna vez has notado como si algo te sobrepasara? Una necesidad de liberación que, no sabes por qué, pero necesitas.

Quizás has practicado demasiado el apego o te has atado a diversas personas o situaciones. Suelta. Verás cómo dejarás de sentirte tan cansado.

Piensa en tu propia respiración. Si intentas retenerla, controlarla y aguantarla, al final terminarás exhausto.

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Soltar es una acción natural del ser humano. Aunque no solo física, también mental.

Nos atamos a personas, a circunstancias, a cosas, a formas de actuar que no nos benefician sino que, más bien, nos oprimen y constriñen hasta que consumen toda nuestra energía.

Los monjes y el río

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Este es el relato de dos monjes que nos ilustran sobre cómo, a veces, cargamos con cosas innecesarias de las que no somos conscientes.

Dos monjes budistas iban viajando juntos y tenían que atravesar un río caudaloso. En la orilla estaba una mujer que les pidió por favor que le ayudaran a cruzar, pues ella no podía por sí sola.

Uno de los monjes, obedeciendo las reglas de su Orden, que prohibía a los monjes hablar o tocar a cualquier mujer, la ignoró y atravesó el río.

El otro monje se compadeció de la mujer, la cargó en brazos y la llevó al otro lado del río donde se despidió de ella. Luego, los dos monjes continuaron su viaje.

Durante el camino, el monje que cumplió las reglas iba enfadado, recordando lo que había hecho su compañero.

Tras muchas horas de viaje y muchos kilómetros recorridos, el primer monje seguía pensando en lo ocurrido.

Cuando no aguantó más su enojo, le reclamó a su compañero por haber desobedecido las reglas, por arriesgarse a ser expulsado, por haber deshonrado a su congregación.

El segundo monje le respondió:

“Yo dejé a esa mujer a la orilla del río. ¿Tú por qué sigues cargando con ella?”.

soltar la cuerda

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Suelta lo que no te pertenece

El cuento anterior revela cómo nos echamos a la espalda responsabilidades que no nos competen. Esto nos mina el carácter, nos inunda de emociones y sentimientos negativos.

Poco a poco, iremos acumulando malos pensamientos hasta que no podamos más y necesitemos desahogarnos. Pero, ¿era esto necesario?

Cuántas veces has cargado tú con problemas ajenos que, curiosamente, te han afectado mucho más que los tuyos propios.

¿Sabes cómo las vacas rumian la comida que ingieren? Así con algunas personas. Mastican y mastican, negándose a soltar lo que ya está más que triturado.

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Esta forma de ver la vida provoca que la tensión que acumulamos tenga que salir por algún lado.

Es entonces cuando hacen acto de presencia la ansiedad, el estrés y la depresión.

Suelta las cuerdas que tú mismo has atado

Nadie te ha obligado a llevar ese peso que no te incumbe encima. Tú te lo has puesto voluntariamente, ¿quieres saber por qué?

  • Tu necesidad de perfeccionismo provoca que te responsabilices de todo. Si algo sale mal, será tu culpa. En tu cabeza no hay posibilidad de error. No seas tan duro. De las equivocaciones también se aprende.
  • Te has convertido en una persona altruista, aquella que se da a los demás, aunque esto provoque que te olvides de ti.

No obstante, hay un secreto que tienes que saber. Primero eres tú y, después, el resto.

  • Gozas de una gran empatía, lo que te lleva a sentir en tus carnes el dolor de otros. Esto no siempre es positivo. No solo los comprendes y te pones en su lugar.

A veces, te haces responsable y te echas a tus espaldas sus propios problemas en un intento de ayudar.

No es negativo tenderle nuestra mano a quien lo necesita. Sin embargo, sí lo es no saber soltarla.

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En ocasiones, damos demasiado o empezamos a depender emocionalmente de una persona. Creemos que esto es lo correcto, que nos hace buenas personas que saben amar.

Lamentablemente, esto puede ir en tu contra. Dar demasiado puede ocasionar que te utilicen, que te manipulen.

Depender emocionalmente, por el contrario, hará que no puedas ser feliz sin otra persona a tu lado.

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Suelta, deja ir, sé libre… Nos han enseñado a poseer, a cuidar, a proteger. Pero, muchas veces, debemos desatar las cuerdas.

Esas correas que no te hacen feliz, que te fatigan.