Cuidados de la piel en bebés

La delicada piel del bebé necesita algunos cuidados extra que la piel de los adultos no requiere. Ello se debe a que aunque cumple con su función de barrera, todavía no ha madurado del todo.

La piel de los bebés es sensible y delicada. Como todo en su organismo al nacer, todavía le falta alcanzar una maduración total. Los cuidados de la piel en bebés son muy sencillos. Solo exigirán un trato suave y el uso privilegiado de productos naturales.

Los cuidados de la piel en bebés no solo garantizan que esté limpia y saludable, sino que además contribuyen con el desarrollo psicomotor del bebé. Es un beneficio indirecto, pero tan o más importante que la higiene.

Recorrer la suave piel del bebé es una delicia para sus padres, pero también para los bebés. Desde que nacen y hasta el primer año de vida, el tacto del bebé está muy desarrollado. Cada contacto con la piel de la madre ayuda a establecer conexiones neuronales, con lo que se desarrolla el cerebro del bebé.

Principales cuidados de la piel en bebés

Madre en la cama sostiene a sus bebé sentado tocando la piel en el bebé.
La piel de los bebés es más sensible que la de los adultos, por lo que se irrita con facilidad.

La piel del bebé que ha nacido es una barrera eficaz contra las agresiones del exterior, pero todavía falta que madure para ser como la piel del adulto. Las capas internas de la piel, la dermis y la hipodermis, son más delgadas que la piel del adulto.

Igual ocurre con el estrato córneo, responsable de la función de barrera de la piel, que aún le falta por madurar. De ahí que sea una piel delicada que necesita ciertos cuidados especiales mientras alcanza el estado de maduración completo.

Sin embargo, los cuidados que necesita el bebé son muy fáciles de aplicar y seguir. Tanto para cuidar que la piel no se vea alterada por los elementos abrasivos del entorno como para resguardar su salud.

Leer más: Los cuidados en los primeros meses del bebé.

A la hora del baño

El bebé viene de un medio acuoso por lo que sumergirse nuevamente en el agua suele ser una experiencia muy grata. Lo ideal es que la temperatura no supere los 37 grados, que es la temperatura del cuerpo del bebé. El uso del jabón puede esperar a que pasen los primeros días.

El primer baño del bebé debería ser por lo menos unos 3 días después del nacimiento. Ello con el fin de que se haya completado naturalmente el proceso de adaptación del medio acuoso intrauteriro al ambiente seco extrauterino.

Sin embargo, no tienes que apurarte con dar ese primer baño. La vérnix caseosa con la que nace el bebé y que lo protegió dentro del útero no tiene porqué ser retirada del bebé hasta 24 o 48 horas después de su nacimiento.

Después, la rutina del baño será uno de los momentos más agradables en el día a día del bebé. No solo disfrutará del contacto con el agua y la movilidad que le permite. También disfrutará del contacto con las manos que lo bañan. Es mejor evitar el uso de esponjas, ya que suelen acumular hongos y bacterias.

El baño del bebé será para retirar restos de orina y heces, así como restos de leche que se puedan ir hacia los pliegues del cuello cuando es amamantado o toma su biberón. Sobre lo demás, es muy poco probable que el bebé se ensucie.

Después del baño

Bebé tumbado boca abajo envuelto en una toalla azul con gorro en forma de oso.
Los productos de baño pueden ser irritantes para la piel de un bebé.

Aunque no lo parezca, bañar al bebé solo con agua igualmente altera el pH natural de la piel. De ahí que sea importante ser prudentes con la cantidad de baños que se da a la semana. Cuando se introduzca el uso del jabón, debe tener un pH neutro.

Una vez fuera del agua, hay que secar bien con una toalla suave de algodón. Hay que evitar el uso de telas con materiales sintéticos. La piel en bebés presenta pliegues donde se puede quedar atrapada la humedad del agua, lo que puede ser fuente de irritaciones o, incluso, infecciones. Después del baño es bueno cortar las uñas.

En la piel de bebés no se deberían usar productos cosméticos. Suelen tener elementos químicos que puedes sensibilizar la piel y aumentar las probabilidades de desarrollar alergias. Por mucho que estos productos sean comercializados como “de uso exclusivos para bebés”, lo mejor es evitarlos.

Las glándulas sudoríparas del bebé todavía no cumplen su función reguladora de la temperatura, así que es muy poco probable que el bebé sude o pueda tener mal olor. Todavía faltan años para percibir algún mal olor relativo al sudor.

La ropa del bebé

Bebé dormido plácidamente.
Hay que observar la etiqueta de la ropa para que esta sea adecuada para la piel en bebés.

Lo ideal es que el bebé use ropa de tejidos naturales y colores claros. La piel en bebés puede reaccionar ante tejidos sintéticos o colorantes artificiales. Para ello, es muy buena idea mirar la etiqueta de la ropa antes de comprarla.

Antes de usar cualquier ropa nueva o regalada, hay que lavarla. De nuevo, hay que recurrir a jabones naturales o diseñados especialmente para la ropa del bebé, pues suelen dejar menos residuos químicos sobre los tejidos. No son necesarios los suavizantes. Las etiquetas deben ser eliminadas para evitar rozaduras sobre la piel en bebés.

La ropa del bebé se debe lavar separada de la ropa de los adultos de la familia durante los primeros 6 meses de vida. Después de ese tiempo se puede lavar junto con la ropa del resto de la familia. Solo hay que cuidar de no usar detergentes abrasivos ni suavizantes.

Sobre los productos cosméticos

Un bebé recién nacido no necesita ni colonias ni talcos. Ese delicioso olor que desprende el bebé proviene de restos de líquido amniótico y de vérnix caseosa. ¿Quién no se ha extasiado oliendo el suave olor de la piel de un bebé? No hay producto químico que pueda superarlo.

El uso de lociones, pomadas o cremas hidratantes es más por razones culturales que médicas. No hay estudios concluyentes sobre esto. Sin embargo, es un hecho que el agua y el jabón del baño pueden resecar la piel en bebés y es mejor utilizarlas para evitar la dermatitis del pañal, que causa irritaciones muy molestas para el bebé.

La solución puede ser la glicerina al 10%. Esta mantiene el nivel de hidratación o la cantidad de agua en el estrato córneo de la piel más tiempo. El mismo beneficio es posible encontrarlo en aceites naturales como el aceite de coco o el aceite de almendras.

El uso de toallas húmedas o toallitas para eliminar restos de alimento en la cara, el cuello o en la zona genital está contraindicado. Suelen llevar productos químicos que provocan una mayor sensibilidad en la piel hacia posibles agentes alérgenos. Se puede recurrir a ellas solo cuando haya que limpiar al bebé fuera del hogar o no haya más opción que utilizarlas.

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El sol, el viento y el frío

Factores atmosféricos como el sol, el viento y el frío pueden ser beneficiosos o perjudiciales para la piel sensible del bebé. Todo dependerá del tiempo de exposición que tengan los bebés hacia estos elementos de la naturaleza.

La luz solar en necesaria para fijar la vitamina D y sus beneficios. A muchos bebés recién nacidos les pautan tomar 10 minutos de luz solar al día. Sin embargo, hay que protegerlos de la radiación ultravioleta excesiva con ropa fresca y no exponerlos a las horas de más calor. El uso de protectores solares está aconsejado a partir de los 6 meses de vida del bebé.

Los paseos al aire libre son beneficiosos para el bebé. Solo hay que protegerlos del viento y del frío durante el invierno. La protección es física. Un bebé necesita solo una capa más de ropa que la que utilizan los adultos. No obstante, ten cuidado con abrigar en exceso al bebé.

Reflexión final

Evita las exageraciones para cuidar la piel de tu bebé. Mantenerlos limpios no se puede convertir en fuente de preocupaciones. Los bebés tienen una piel sensible que debemos cuidar y proteger para garantizar su bienestar.

  • Magaña, M. "Guía de dermatología pediátrica." México: Editorial Médica Panamericana/UNAM (1998): 27-39.
  • Menéndez Tuñón, S., et al. "Consultas dermatológicas en pediatría de atención primaria." Pediatría Atención Primaria12.45 (2010): 41-52.
  • Ruiz-Maldonado, Ramón, Lawrence Charles Parish, and J. Martin Beare. Tratado de dermatología pediátrica. Interamericana. McGraw-Hill, 1992.