Dar ejemplo es la mejor manera de educar

No podemos olvidar que nuestros hijos son como esponjas que repiten todo lo que ven. Por eso, para educarlos de la mejor manera, debemos dar ejemplo con nuestros actos

¿Cuántas veces hemos querido que nuestros hijos hagan las cosas de una determinada manera, pero nosotros no predicamos con el ejemplo?

Si no hacemos aquello que pedimos o exigimos, es muy probable que las enseñanzas no lleguen a buen término.

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Todo esto es fruto de algo que sucede siempre en todas las familias: los niños prestan atención y se fijan en todo lo que hacen sus padres.

Por eso, dar ejemplo es muy importante para evitar enfrentamientos, discusiones y una serie de problemas que se manifiestan fruto de esa incoherencia paterna.

Las palabras se las lleva el viento

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Decir “no pongas los pies encima de la mesa” o “tira los papeles en la basura, no en el suelo” es fácil; sin embargo, lo difícil es dar ejemplo.

Si alguno de los progenitores pone los pies encima de la mesa, el niño no entenderá por qué a él se le dice una cosa cuando el que la ordena hace exactamente lo contrario.

Es entonces cuando el niño se rebelará, hará lo mismo que ese progenitor. Como consecuencia, habrá una serie de enfados, discusiones, pataletas y algunas frases que son bastante curiosas.

  • Por ejemplo, cuando el niño le recrimine a sus padres “¿por qué no puedo poner mis pies encima de la mesa si tú lo estás haciendo?”, alguno de los progenitores dirá la famosa frase “porque lo digo yo y punto”.

¿De verdad creemos que esto va a funcionar? Un enunciado tan dictatorial, tan injusto y tan incoherente jamás tendrá los resultados que deseamos ver.

Sin darnos cuenta, somos nosotros mismos los que provocamos peleas en nuestro hogar que podrían ser evitadas sin ninguna duda.

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No obstante, las responsabilidades y la cantidad de tareas que tenemos en la cabeza nos impiden ser conscientes de lo sencillas que pueden ser las cosas.

De alguna forma tiene que salir el enfado con el jefe o la frustración con la pareja. ¿Quién lo paga? El más pequeño del hogar, que no tiene culpa ninguna.

La incoherencia: una bomba en la adolescencia

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Si ya los pequeños pueden empezar a rebelarse ante estas muestras de incoherencia presentes en el entorno familiar, todo se complica en la etapa de la adolescencia.

Es aquí donde la paciencia debe de ser un indispensable y donde los “porque lo digo yo” tendrán una repercusión mucho más fuerte en los hijos.

No podemos exigir aquello que no hacemos. Dar ejemplo es la mejor manera de educar, no mandando, ordenando, pidiendo, reclamando y todo ello porque somos padres.

Los padres son personas, los hijos también. Claro que los primeros tienen una autoridad, pero deben aprender a ponerla sobre la mesa de la manera adecuada.

Si dar ejemplo no es algo que se considera una prioridad, estaremos perdiendo esa autoridad que queremos reclamar a base de gritos, amenazas y enfados que hacen que la casa sea un caos.

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En una etapa como la adolescencia, se requiere una estabilidad, grandes dosis de amor y comprensión, y no gritos ni palabras absurdas.

Así solo estaremos fomentando el odio, las emociones negativas y la falta total de respeto de los hijos hacia nosotros mismos.

No nos pongamos a su mismo nivel

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Cuando un progenitor grita, se altera y empieza a discutir con su hijo como si tuviera su misma edad pierde toda su autoridad.

Dar ejemplo no es dejarse llevar por esas emociones que te instan a hacer lo más fácil: alzar la voz, mandar y exigir, y decir “porque soy tu padre y tienes que obedecerme”.

Ponerse al mismo nivel que los hijos provocará que las situaciones empeoren. Pero, claro, para evitar esto, hay que empezar por dar ejemplo.

Hay muchas responsabilidades, problemas de dinero, preocupación por el futuro de los hijos. Sin embargo, nunca se debería dejar de lado algo muy importante: demostrarles el amor que les tenemos.

Porque, a veces, el día a día es un compendio de gritos y discusiones que en realidad no tienen sentido. ¿Dónde queda el amor entonces? ¿Y la comprensión?

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Si no esforzamos por ser mejores cada día y por aprender de esos errores que podemos visualizar gracias a nuestros propios hijos, entonces estaremos yendo por un buen camino.

Trabajar para ser la mejor versión de nosotros mismos hará que los más pequeños sigan esta enseñanza sin apenas esfuerzo.