¿Cómo dejar de gritarles a los niños? - Mejor con Salud

¿Cómo dejar de gritarles a los niños?

Gritarles a los niños puede influir en su autoestima y su seguridad, por lo que debemos pararnos y respirar hondo antes de descargar nuestras frustraciones contra ellos, que no tienen culpa ninguna
gritarles a los niños

¿No puedes dejar de gritarles a los niños? A veces, debido a nuestras responsabilidades y ocupaciones, terminamos perdiendo el control con los más pequeños del hogar.

Sin embargo, ellos no tienen la culpa de nuestras frustraciones.

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Gritarles a los niños puede provocarles una baja autoestima o, por el contrario, que terminen siempre poniéndose a la defensiva.

Ellos aprenderán a actuar de la misma manera, lo que derivará en una enseñanza negativa: que no sepan escuchar.

Pero, ¿cómo podemos dejar de gritarles?

Descubre las situaciones en las que pierdes el control

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Lo primero que debes hacer para evitar gritarles a los niños es reconocer que tienes un problema de control. Si no asumimos esto desde un primer momento, no podremos solucionar nada.

A veces, no queremos ver la realidad de las cosas; sin embargo, las consecuencias de nuestros actos no impactan en nosotros, sino en esas pequeñas personitas que no tienen culpa de que las situaciones se nos vayan de las manos.

El primer paso es analizar todas aquellas ocasiones en las que hemos perdido el control y les hemos gritado a nuestros hijos.

Esto nos permitirá ver cuál es el patrón que se cumple. Por ejemplo, puede que siempre les grites cuando acabas de venir de trabajar o tras una discusión con tu pareja.

Ser conscientes de esto no solo nos ayudará a controlarnos más, sino también a resolver esa situación que provoca en nosotros tal estado de irascibilidad.

Así podremos beneficiarnos nosotros también de este aprendizaje.

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Ante todo, no te culpes, ya que es algo normal perder los estribos tras una sesión intensa de trabajo estresante o después de una discusión donde las emociones están a flor de piel.

Estás a tiempo de resolver esto y de actuar mejor, así que… ¡Vamos allá!

Cuidado con las expectativas

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Las expectativas siempre nos juegan una mala pasada, sobre todo cuando esperamos que los demás actúen tal y como nosotros pensamos que deberían actuar.

Esta es una situación habitual que sucede con los hijos. Para empezar, porque damos por supuesto que hay muchas cosas que deberían de saber. Sin embargo, no es así.

Por ejemplo, si nuestro hijo tira un vaso al suelo porque quería experimentar qué pasaría y no sabía que eso era malo, nosotros podemos gritarle echándole la bronca por algo que él solo desconocía.

Los niños aún no saben muchas de las normas por las que se rige este mundo y, muchas veces, las aprenden a base de gritos.

Esto en ocasiones puede provocar un efecto devastador como que se repriman: que tengan inseguridades y mucho miedo.

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Pensemos antes de actuar. Es necesario que nos tomemos un tiempo antes de saltar a la mínima. Debemos traer más calma, paz y serenidad a nuestra vida.

Nuestras expectativas nos impiden ver la verdadera realidad de lo que ocurre y provoca que seamos injustos con los más pequeños del hogar.

Pensar antes de actuar, ¡tómate un respiro!

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Como ya mencionábamos, es necesario no actuar así de golpe ante una situación que nos está provocando sensaciones que nos instan a explotar y saltar de forma inesperada y agresiva.

Es mejor tomarse un momento. Salir de la habitación donde esté el niño, si es necesario, tomar un poco de aire, respirar, calmarse y observar la situación desde otra perspectiva.

Cuando las emociones nos invaden no razonamos ni pensamos. Tan solo sentimos, vociferamos y nos expresamos sin control alguno sobre lo que estamos haciendo o diciendo.

Si te das un tiempo, descubrirás muchas cosas de las que no eras consciente.

Por ejemplo, que tenías expectativas elevadas, que tu hijo no sabía que no podía hacer esto o aquello o que tu enfado no lo ha provocado esta situación, sino otra que se ha dado previamente.

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Gritarles a los niños es una forma bastante negativa de dar ejemplo y que, si nos proponemos, podemos solucionar sin ningún problema.

Tan solo necesitamos fuerza de voluntad y ganas de cambiar esta actitud que puede ocasionar graves consecuencias para los más pequeños.

Ellos no tienen culpa alguna de todos los problemas que nos abordan en nuestro día a día.