Delírium: síntomas y tratamiento

Daniela Castro · 31 julio, 2018
El delírium es un síndrome que se caracteriza por un descontrol agudo y transitorio de las capacidades cognitivas y la conciencia. A menudo afecta a la población de adultos mayores.

Delírium, también llamado síndrome confusional agudo, es el término que se emplea para definir los trastornos orgánicos de las funciones mentales superiores. Su principal característica es una alteración aguda y transitoria de la conciencia y las capacidades cognitivas. No se debe confundir con el delirio, ya que son condiciones distintas.

La mayoría de los casos se presentan durante la tercera edad; sin embargo, cualquier persona lo puede desarrollar como consecuencia del alcoholismo, abuso de sustancias, enfermedades crónicas o cambios en el equilibrio metabólico.

Aunque es un trastorno de carácter reversible, su falta de diagnóstico y tratamiento oportuno puede conducir a graves consecuencias. Por lo tanto, es primordial aprender a reconocer sus síntomas e informarse sobre los tratamientos disponibles.

Causas del delírium o síndrome confusional agudo

El delírium puede ser una alteración cerebral primaria, pero también se puede originar como síntoma o complicación de otras enfermedades graves. Su aparición depende de la interacción de múltiples factores de riesgo. No obstante, no se puede establecer cuántos de estos factores deben estar presentes para que se desarrolle. Los más comunes son:

  • Enfermedades metabólicas
  • Trastornos cardiovasculares y circulatorios
  • Infecciones que afectan al sistema nervioso
  • Patologías neurológicas o neurodegenerativas
  • Síndrome de abstinencia
  • Intoxicación o exposición a sustancias como el metanol, plomo o monóxido de carbono
  • Traumatismos craneoencefálicos
  • Tumores cerebrales
  • Esclerosis múltiple
  • Abuso de drogas o fármacos que producen dependencia

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Síntomas del delírium

El delírium es un síndrome que puede aparecer de manera repentina o gradual. Algunos casos se dan en cuestión de horas, mientras que otros se van notando con los días. En general, los síntomas son intermitentes durante el día; en algunos pacientes empeoran al caer la noche. Para ser más específicos, sus principales manifestaciones clínicas incluyen:

  • Incapacidad para mantener la concentración o falta de atención.
  • Pérdida parcial de la memoria, sobre todo de cosas que han ocurrido recientemente.
  • Incapacidad para recordar quiénes son o dónde se encuentran.
  • Hipersensibilidad a los estímulos visuales y auditivos.
  • Incapacidad para comprender y procesar información.
  • Dificultades para leer o escribir.
  • Alteraciones del sueño.
  • Ver cosas que no existen (alucinaciones).
  • Ideas delirantes.
  • Hablar sin sentido.
  • Fenómeno de sundowning, es decir, calma en el día y agitación en la noche.
  • Alteraciones emocionales.

Diagnóstico

Cuando se sospecha que un paciente tiene delírium, el profesional de salud comienza con una exploración física y un análisis de los síntomas. También tiene en cuenta el historial médico, pues puede haber antecedentes de desorientación, comunicación confusa, entre otros.

Parte del diagnóstico se debe hacer de la mano de familiares o acompañantes, ya que estos pueden proporcionar datos importantes sobre los comportamientos de la persona afectada. También se recomienda una prueba cognitiva a la primera entrevista y un test de atención.

De ser necesario, el médico puede sugerir pruebas complementarias para conocer el origen del delírium. Estas incluyen:

  • Tomografía Axial Computarizada (TAC)
  • Imagen por Resonancia Magnética (IRM)
  • Tomografía por Emisión de Positrones (TEP)
  • Electroencefalograma (EEG)

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Tratamiento para el delírium

Para hacer un tratamiento adecuado contra el delírium es primordial identificar su causa subyacente. Por obvias razones, tanto los medicamentos como las terapias deben estar dirigidas al control de la enfermedad y del deterioro cerebral.

Cuando se detona por una condición leve, como por ejemplo la falta de descanso o fiebre, solo es necesario reposar y utilizar la mediación recomendada. El paciente debe recibir abundantes líquidos y un nivel óptimo de nutrientes.

En caso de alguna señal de complicación, la atención debe ser inmediata. Debido a su complejidad, es primordial recibir continuas revisiones profesionales para usar otras opciones de tratamiento si es necesario. En todos los casos el objetivo es sanar el cuerpo y calmar el cerebro para revertir el problema.

Por ello, también es fundamental identificar y evitar algunos fármacos o drogas que indicen en su desarrollo. Si los medicamentos son imprescindibles para tratar otra enfermedad, lo mejor será buscar sustitutos con mecanismos de acción similares.

El tratamiento de soporte incluye una serie de actividades personalizadas cuyo propósito es entrenar las capacidades cognitivas más vulneradas. En estas se trabaja la atención, memoria, psicomotricidad, orientación, hábitos diarios, entre otros.

En estas terapias ayuda mucho contar con un entorno tranquilo y armonioso, alejado de estímulos excesivos como ruidos fuertes o luces brillantes. Es bueno tener a la mano objetos conocidos como fotos familiares, reloj o calendarios.

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