Desanimarse es normal, ser pesimista no

Raquel Lemos Rodríguez · 2 abril, 2020
El pesimismo puede llegar a afectar a todas las esferas de tu vida y paralizarte. Cuando se presenta, es importante que busques apoyo y te dejes ayudar.

¿Quién no se ha sentido desanimado alguna vez? Es algo totalmente normal que puede ocurrir a cualquier persona, aún sin razón aparente. Aun así, es muy diferente desanimarse que ser pesimista.

El pesimismo puede afectarnos más de lo que imaginamos, y puede llegar a complicarnos la vida. Es posible que no seamos conscientes de ello hasta que sea demasiado tarde. Además, el pesimismo es algo de lo que, una vez dentro, cuesta salir.

De desanimado a pesimista

En lo que respecta a cierto tipo de personas, del desánimo al pesimismo hay tan solo un paso. ¿Qué ocurre entonces? ¿Por qué aparece el pesimismo? Es más probable que este aparezca cuando se prolonga ese estado de desánimo en el cual nos encontramos.

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Joven triste en la ventana.

Desanimarse no es malo. Es algo en lo que todos caemos alguna vez y nos puede ayudar a reunir fuerzas y desarrollar resiliencia para enfrentarnos a lo que nos está esperando mucho más preparados.

El problema es que salir de este estado de desánimo, a veces, cuesta. Ya sea porque las circunstancias de la vida no nos lo están poniendo fácil, o porque no logramos ver esa luz de esperanza entre tanta oscuridad…

La única verdad es que acabaremos bajo las garras del pesimismo. ¿Quieres saber cómo puede cambiarnos?

1. Cambia tu visión

El pesimismo cambia tu visión sobre la vida y sobre todo lo que te rodea. De repente lo ves todo negro. También puedes tener la impresión de convertirte en alguien muy pesimista. Este círculo vicioso puede hacer que no logres encontrar la puerta de salida.

Cuando te hallas sumido en el pesimismo cuesta más apreciar una nueva oportunidad, o una nueva experiencia que se te presente. Todo esto tiene un motivo: el miedo.

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2. Cambia tu manera de escuchar

Cuando te encuentres en este estado, todo lo que escuches será magnificado por tus oídos. Basta que alguien te diga algo negativo o que te contesten mal para que tú lo magnifiques de tal forma que te aborde una gran sensación de malestar.

Las frases que asoman por tu cabeza en estos momentos pueden ser algunas como: «Nadie te valora, tarde o temprano te iba a pasar, nadie te ayuda, el mundo está en tu contra». Estas palabras pueden llegar a desanimarte todavía más, si cabe, y perseguirte en ese estado de pesimismo en el que te ves envuelto.

3. Cambia tu manera de hablar

Igual que empiezas a escuchar cosas negativas y modificas tu visión sobre las cosas, también tu forma de hablar va a transformarse en algo muy diferente de lo que solía ser.

En estos momentos, de tu boca saldrán palabras en su mayoría tristes, llenas de dolor y que reflejen ese sentimiento de pesimismo absoluto en el que te encuentras.

¿La solución? «Forzar la salida» de expresiones no tan extremas, sino realistas. Un ejemplo de expresiones extremas que solemos utilizar en un estado de ánimo bajo puede ser: «todo me sale mal». Puede ser una buena idea hacerte consciente de cuándo utilizas estas expresiones, para modificarlas y utilizar un lenguaje más realista.

4. Ser pesimista puede afectar a tus relaciones personales

Desde luego, todo este pesimismo afectará a tus relaciones personales, pues quizás ya no salgas tanto o contagies a tus compañeros del pesimismo en el que tú te ves envuelto.

Esto podría provocar un alejamiento que te suma en una soledad nada positiva para ti. El mejor consejo es que intentes hablar de tu problema con tus amistades, que intentes pasarlo bien y que, sobretodo, no te apartes. Ellos serán tus mejores aliados contra ese pesimismo.

Mujer pesimista, agobiada.

5. Pone en peligro tu futuro

El pesimismo, el desánimo y el hecho de ser pesimista a menudo pueden hacer que te paralices y que veas con tristeza (y sin ganas de luchar) cómo las cosas se escapan de tus manos, lo cual te puede hacer sentir peor.

Cuando te sientas así, pide apoyo. No te guardes el malestar ni te aísles. Por otra parte, solicita ayuda profesional para que puedas empezar una terapia acorde a lo que necesitas para salir adelante.

No es ninguna vergüenza pedir ayuda para estar mejor. Todos –en algún momento– podemos pasar por malas épocas y sentirnos mal por ello, pero lo importante es recordar siempre que es posible salir adelante y, además, fortalecidos, resilientes.

Aprende a comunicarle a los demás tus problemas, a sacar lo que llevas dentro. Tu visión pesimista no es la única y, en este momento, no es la más acertada. Permítele a los demás que te abran los ojos. Y, por supuesto, no dudes en consultar con psicólogo si tu desánimo perdura.

Nota: lo que se ha expuesto aquí son orientaciones. Si consideras que no aplican para tu caso, te recomendamos consultar con un psicólogo para que puedas encontrar la mejor estrategia para ti.

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