Desapego no es que tú no debas poseer nada, es que nada te posea a ti

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
· 20 febrero, 2019
Se podría decir que el desapego consiste en no necesitar nada. No estamos diciendo que no nos hagan falta cosas, basta con no obsesionarse y ser felices con aquello que ya tenemos

La palabra desapego está muy de actualidad en contextos como el de la autoayuda, el crecimiento personal y la espiritualidad. Algo que está ocurriendo muy a menudo es que tendemos a confundir algunos términos y enfoques.

Desapego no es, en absoluto, “no poseer nada”. Ni tampoco es construir relaciones afectivas donde evitar, precisamente, ese apego afectivo que nos aporta seguridad y bienestar.

El desapego es algo más íntimo, a la vez que esencial para nuestro equilibro psicológico y emocional. Se trata de evitar que las cosas –y las personas– nos posean a nosotros.

De esta manera, hemos de ser capaces de darnos a los demás en libertad para construir relaciones más armónicas y respetuosas. Relaciones sin dependencias, sin victimismos ni las recurridas frases de “sin ti yo no soy nada”. Te invitamos a reflexionar sobre ello.

El apego y el desapego

El término del desapego hunde sus raíces en el budismo. No obstante, en el campo de la psicología y la pedagogía tenemos, por ejemplo, la crianza con apego y las relaciones basadas en un apego saludable.

Son dos conceptos distintos que es necesario comprender para beneficiarnos de ellos, para construir así relaciones mucho más íntegras donde respetar y, a la vez, ser respetados.

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El apego saludable

Mujer con mariposas en la mano simbolizando desapego

Para el budismo, uno de los mayores focos de sufrimiento es el apego. No obstante, la connotación que tiene aquí no está relacionada con el apego en el campo de la crianza o las relaciones afectivas.

El ser humano, cuando nace, necesita de sus semejantes para sobrevivir y sentirse seguro para entender el mundo. En la crianza con apego saludable los padres atienden las necesidades del niño. Le permiten estar cerca para sentirse seguro. Las caricias, los abrazos y un vínculo nutrido por el amor son clave para su desarrollo.

Por su parte, las relaciones afectivas basadas en un apego maduro son esas donde dos personas se dan la una a la otra en libertad para construir una relación respetuosa y feliz.

Las personas necesitamos afianzar el vínculo con las personas que amamos. Ello implica desarrollar un tipo de apego con el que sentirnos seguros, con el que sentirnos unidos a alguien que nos quiere y al que queremos.

Si en algún momento aparece la dependencia, el chantaje y la necesidad de control, ese apego ya no es saludable y se convierte en tóxico.

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El desapego como forma de integridad personal

Profundicemos ahora en el desapego para matizar aspectos importantes. Este término no quiere decir, en absoluto, que debamos renunciar a cuanto poseamos. El desprendimiento absoluto de todas las cosas no es sinónimo de felicidad.

Mujer con una mariposa simbolizando el desapego

La carencia es precisamente uno de los mayores focos de incertidumbre, de miedo y de tristeza. Ahora bien, el exceso de dependencias, de actitudes que nos aferran a cosas, a personas y a escenarios, sí son focos de sufrimiento.

  • Si construimos nuestra vida alrededor de una sola persona hasta el punto de que nuestra felicidad dependa de su estado de ánimo, caprichos y actitudes, entonces “hay algo que estamos haciendo mal”.
  • Si estamos “apegados” a nuestra familia de tal modo que no nos atrevemos a hacer vida propia lejos de los muros paternos, también “hay algo que estamos haciendo mal”.
  • Cuando nos aferramos al trabajo, a la necesidad exclusiva de ascender, de ganar más dinero para poseer más cosas y tener más estatus social, “hay algo que estamos haciendo mal”: nos estamos olvidando de ser felices.

El desapego es una forma de integridad personal, porque nos recuerda que la felicidad no está en el bolsillo de los demás o en acumular cosas. La felicidad nace primero en nuestro interior para sentirnos personas completas, libres y maduras.

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Cómo aplicar el “desapego” en nuestra cotidianidad

Acepta la incertidumbre. Cuando te pongas una meta o un objetivo, no concentres toda tu esperanza y felicidad en el resultado. Aprender del proceso y aceptar la incertidumbre también es fundamental.

No centres tu bienestar y felicidad en función de lo que los demás hagan o dejen de hacer. Es una fuente de sufrimiento que debemos controlar. Intenta depender de tus propias acciones y sé receptivo a lo que las personas hagan de modo espontáneo y sin que tú lo esperes.

Si te obsesionas con que hagan determinadas cosas por ti cada día y en cada momento, vivirás en la infelicidad. Las personas inseguras son las que más necesitan aferrarse a quienes les rodean, quienes más precisan de tener cosas o de conseguirlas, porque así sacian sus carencias emocionales.

No confundas deseo con necesidad. No es lo mismo, por ejemplo, “desear” que me toque la lotería, a “necesitar” ser agraciado con el premio porque solo así se solucionarán mis problemas.

Cuida de tu autoestima, llena tus carencias con certezas, con la seguridad de que eres una persona completa, capaz no solo de ser feliz, sino de hacer felices a los demás.