Desayunos y cenas: 5 claves efectivas y fáciles que te ayudarán a perder peso

Valeria Sabater 10 diciembre, 2016
¿Sabías que evitar el desayuno o la cena puede llevarte a desarrollar ansiedad e incluso influir en la ralentización de tu metabolismo? La clave está no es comer menos, sino comer bien

Los desayunos y cenas son momentos clave en tu alimentación. Si te los saltas, los descuidas o si incluyes en ellos alimentos poco adecuados, tu cuerpo y tu peso lo van a notar.

No podemos olvidar que la mejor dieta es aquella que mantiene el metabolismo activo.

Por tanto, saltarnos una cena o un desayuno provoca, por ejemplo, que nuestro páncreas se vea obligado a generar más insulina. 

El problema es que así puede colapsar su funcionamiento hasta el punto de que no llegue bastante glucosa a la sangre.

Estamos pues ante dos instantes muy importantes en la rutina de nuestra alimentación de los cuales podemos y debemos sacar partido.

Te explicamos cómo hacerlo para conseguir bajar unos kilos sin perder en ningún momento la salud.

Anímate a cuidar un poco más de tus desayunos y cenas hoy mismo.

1. No existe ningún estudio que demuestre que no cenar o no desayunar nos ayude a bajar de peso

Todos conocemos a alguien que lo ha hecho: dejar de cenar para perder peso.

Aún más, puede que incluso nosotros mismos lo hayamos llevado a cabo alguna vez con la típica excusa de “me tomo un zumo o un vaso de leche y así acostumbro mi cuerpo a comer menos”.

Es un error. Nuestro cuerpo no necesita comer menos, necesita comer bien.

  • Los desayunos y las cenas son las comidas más importantes del día, porque entre ellas se extiende un largo intervalo de horas en las que nuestro organismo no recibe ningún alimento.
  • No desayunar supone empezar el día sin apenas nutrientes y energía para poner en marcha nuestro metabolismo.
  • Asimismo, el ayuno continuado nos puede llevar al síndrome metabólico. Corremos riesgo de desarrollar diabetes o de elevar nuestro nivel de triglicéridos en sangre.
  • No cuidarlos como merecen o evitar los desayunos y cenas supone también elevar nuestra carga de ansiedad.
  • A mayor ansiedad, más necesidad de ingerir alimentos ricos en grasas para elevar nuestras dopaminas, para saciar a un cerebro que ha pasado demasiadas horas sin comer y que necesita glucosa, nutrientes.
  • Saltarnos la cena o el desayuno deriva, poco a poco, en conformar un metabolismo lento que tiene mayor dificultad para procesar las grasas.

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2. Desayunos y cenas ricos en antioxidantes

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Si deseas perder peso, cuidar de tu salud cardiovascular y fortalecer tu sistema inmunitario, hazlo: incluye en ellos alimentos ricos en antioxidantes.

  • Tanto en tu desayuno como en tu cena tu organismo va a estar más receptivo a este tipo de elementos.
  • La primera y la última comida del día necesitan de un aporte elevado en antioxidantes para cuidar del hígado, para favorecer la desintoxicación y la correcta asimilación de los nutrientes.

Los antioxidantes benefician a nuestro organismo por muy diversas razones:

  • Favorecen el metabolismo.
  • Combaten los radicales libres que afectan nuestras células.
  • En nuestros desayunos y cenas debemos consumir alimentos que contengan antioxidantes como la alicina, las antocianinas, catequinas o capsaicina.

Toma nota de los alimentos que no deberían faltar en tus desayunos o cenas:

  • Desayunos:
    • Fruta (uvas, manzanas, ciruelas, plátanos, arándanos, mangos, papayas)
    • Limón
    • Ajo
    • Té verde
    • Té blanco
    • Café.
  • Cenas:
    • Verduras (pimientos, coles de Bruselas, zanahorias, tomates, alcachofas, berenjenas)
    • Un vasito de vino tinto

3. Desayunos con más fibra, cenas con proteína magra

La fibra siempre mejor por la mañana: nos ayudará a regular el tránsito intestinal, nos permitirá eliminar mejor las grasas y cuidará de nuestro corazón.

  • Las cenas deben ser variadas, poco abundantes y muy equilibradas. Si eres de los que cena un bol de cereales y una fruta, debes saber que esa opción en más recomendable en el desayuno que en la cena.
  • Tu desayuno agradece alimentos con fécula como, por ejemplo, el pan de centeno, las tostadas, o cualquier cereal como puede ser la avena.
  • Tus cenas, por su parte, deben incluir algo de proteína magra, como puede ser una pechuga a la plancha.
  • Ten en cuenta que a la hora de perder peso queremos también que nuestros músculos estén firmes y no flácidos y, en este caso, las proteínas nos ayudan a ello.

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4. La clave también está en la hora

reloj

¿A qué hora desayunas? ¿A qué hora cenas? Queda claro, sin duda, que la mayoría de las veces no podemos elegir a qué hora desayunar o cuándo cenar.

  • El trabajo y nuestras responsabilidades nos impiden a veces llevar una vida más armónica con nuestro organismo y sus necesidades.

Ahora bien, en la medida que nos sea posible, sería aconsejable seguir estas pautas con las cuales cuidar de nuestra salud y de nuestro peso:

  • No es adecuado desayunar nada más levantarnos.
  • Lo ideal es beber un vaso de agua tibia nada más salir de la cama y aguardar entre media hora y tres cuartos para iniciar el desayuno.

De este modo, tu cuerpo, durante ese instante, metaboliza mejor las grasas almacenadas para poder quemarlas.

  • Cena dos horas antes de ir a dormir.
  • Si cometes el error de prepararte una cena copiosa y quedarte al instante dormido en el sofá, estarás consiguiendo todo lo contrario: aumentar de peso.

¿Qué tal si procuramos ajustar nuestros horarios para seguir estas pautas? Vale la pena intentarlo.

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5. Ni mucho ni poco: cuidado con los estereotipos

Desayunos y cenas

Lo de desayunar como un rey y cenar como un mendigo tiene matices. Una vez más, hemos de hacer caso del sentido común y de las bases de una alimentación consciente y sabia.

  • Desayunar como un rey no quiere decir que debamos incluir en nuestra mesa absolutamente de todo: bollería, frutas, zumos, café, proteína, un bol de avena, tostadas…
  • Significa comer varias cosas en pocas cantidades, pero de forma equilibrada. Por ejemplo, a nuestro bol (mediano) de avena le podemos añadir media manzana y unas nueces.
  • Asimismo, a tu tostada le puedes añadir un poco de aceite y una loncha de jamón york. Si lo acompañas de un café, tendrás el desayuno ideal.
  • La cena del mendigo no es poner una patata en el plato. Es una sopa, es un poco de salmón y alguna tostada con tomate, por ejemplo.

La clave está, sin duda, en saber comer, en escuchar a nuestro cuerpo y no a nuestras emociones. Te invitamos a ponerlo en práctica.

 

 

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