Deshabituación tabáquica: etapas y cambios en el cuerpo

Andrea Flores 11 abril, 2018
La deshabituación tabáquica es un largo y en muchos casos tedioso proceso que requiere de la total implicación del sujeto.

El consumo de tabaco, una sustancia química tóxica produce unos efectos muy dañinos sobre el sujeto en cuestión. Además de crear una fuerte dependencia psicológica (por la nicotina), aumenta en gran medida el riesgo a padecer ciertas enfermedades.

Por ejemplo, cáncer de pulmón o las Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC). En estas patologías elementos constituyentes del cigarrillo como el alquitrán se acumulan progresivamente en nuestros pulmones. Poco a poco se acumula una fina capa sobre los alvéolos, las ramificaciones finales del aparato respiratorio que impide la correcta respiración.

Otras alteraciones asociadas a este hábito insalubre son:

  • Cambios en la piel, aparecen manchas y se acelera su envejecimiento.
  • Alteraciones bucales. Por norma general los componentes de los cigarrillos (en especial el alquitrán) provocan manchas y la caída de los dientes.
  • Osteoporosis o el debilitamiento de los huesos. Afecta en mayor medida a las mujeres mayores de cincuenta años.
  • Impotencia sexual.
  • Problemas en el desarrollo del embarazo. Por norma general, el tabaquismo puede provocar alteraciones genéticas en el bebé, un parto prematuro e incluso un aborto espontáneo. También puede desencadenar problemas de fertilidad o infertilidad.
  • Úlceras gástricas y complicaciones en la digestión. La nicotina contenida en los cigarrillos aumenta la acidez estomacal, produciendo molestias en el paciente.
  • Accidentes cerebrovasculares e infarto de miocardio.
  • Otro tipo de cáncer como el de boca, de laringe, esófago o estómago.

Deshabituación tabáquica

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Se trata de un proceso durante el cual el sujeto decide renunciar al consumo de tabaco para superar su adicción. Además, se evitan las alteraciones y el riesgo a padecer ciertos trastornos citados previamente.

Lee también: La búsqueda del momento ideal para dejar el tabaco

Etapas de la deshabituación tabáquica

Por norma general se puede diferenciar el desarrollo en diferentes etapas:

Fase contemplativa

También podemos distinguir dos subtipos en función de la intencionalidad que presente ese sujeto:

  • El paciente no quiere dejar de fumar. Se encuentra satisfecho, le gusta fumar y defiende que ese consumo no supone problemas para la salud.
  • El paciente quiere dejar de fumar. Es consciente de los peligros asociados al tabaquismo, sin embargo, no sabe cómo puede afrontar la situación.

Fase de preparación

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Existe un alto grado de motivación y se reduce el consumo diario de tabaco. Asimismo, los pacientes realizan el test de Richmond para determinar una posible fecha en la que ya no se realice el consumo.

Fase de acción

Se ha reducido a cero el consumo y el paciente comienza a sentir los primeros síntomas del Síndrome de Abstinencia. Para combatirlos, el equipo médico correspondiente puede recomendar ciertos medicamentos o compuestos junto con ayuda psicológica.

  • Dificultad para dormir o insomnio.
  • Aumento de peso en un periodo corto de tiempo sin proponérselo.
  • Sensación ocasional de tristeza o desánimo.
  • Mal humor o irritabilidad fácil.
  • Ansiedad o nerviosismo.
  • Falta de concentración y para pensar con claridad.
  • Disminución del número de pulsaciones por minuto (ppm).

Efectos sobre el organismo de la deshabituación tabáquica

Por otra parte, renunciar a este hábito insalubre regenerará su cuerpo de manera progresiva hasta el estado inicial. Podemos diferenciar dos tipos de efectos según el periodo de tiempo en los que se lleven a cabo:

Ver también: Los efectos nocivos del tabaco en la salud

Recompensas a corto plazo

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Por norma general, se producen los siguientes efectos:

  • A los pocos minutos tras haber consumido un cigarrillo nuestro organismo comienza a recuperarse. Asimismo, disminuye la presión arterial y el número de pulsaciones por minuto (ppm).
  • En las horas siguientes se normaliza el nivel de los gases en sangre. Los valores de dióxido de carbono (CO2) disminuyen y los de oxígeno (O2) aumentan.
  • Dos o tres días después se recupera la percepción de ciertos sentidos (el gusto y el olfato).
  • Desaparición del mal aliento (halitosis) y del olor a tabaco en la piel y el cabello.

Recompensas a largo plazo

Normalmente el paciente experimenta las siguientes mejoras:

  • A los pocos meses se normaliza la función pulmonar y la circulación sanguínea. Por tanto, el paciente toserá con menos frecuencia y respirará de forma más cómoda.
  • Un año después el riesgo a padecer una enfermedad cardíaca coronaria se reduce hasta la mitad.
  • Cinco años más tarde, el riesgo a padecer varios tipos de cáncer disminuye considerablemente. Sobre todo cáncer de boca, de garganta, de esófago o de vejiga.
  • Tras diez años, se reduce considerablemente el riesgo a desarrollar cáncer de pulmón, laringe o páncreas.
  • A los quince años, los pacientes poseen las mismas probabilidades de padecer una enfermedad coronaria que el resto de la población.
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